Coincidirán
conmigo mis fieles clientes en que no todos los días se inaugura un faro de señales
marítimas; ni siquiera cada siglo. Si a ello se le añade que este maestro
vidriero tiene vocación marinera, el motivo justifica el hecho de que la noticia
origine un nuevo cristalito en La Vidriera.
Así pues
deben conocer que el pasado 22 de septiembre, en la ladera norte del cerro del
Moro Manco, término municipal de Mojácar, quedó inaugurado el nuevo faro de
señalización marítima que jubila el de Garrucha, tras 140 años de servicios, y
que había quedado definitivamente obsoleto.
-El sustituido faro de Garrucha, engullido por la civilización.
El nuevo
faro, encaramado donde anidan las águilas, es un edificio con cúpula de color
blanco y aspecto mediterráneo. Su corazón, o lo que es lo mismo… su linterna,
está constituida por un faro giratorio MBR 900 que permite un alcance de luz de
hasta 24 millas náuticas.
Está dotado
además, por si los apagones, de una baliza destelladora de emergencia que,
dixit doña Concha, alcanza lo traspuesto.
Desde la
plataforma acondicionada por el ayuntamiento mojaquero para la instalación del
faro, se disfruta además de una vista espléndida de la costa del levante
almeriense, desde Águilas hasta Carboneras.
El nuevo
faro de Mojácar es responsabilidad también de mi amigo Mario Sanz, que no es
que sea farero, sino multifarero, pues cuida de todos los faros del levante
almeriense.
-Vista de la Urbanización Marina de la Torre, desde el mirador del nuevo faro.
Mi amigo y
compañero de armas Berengueli, que es el sheriff de Zafra y su comarca, me
lo tenía dicho repetidas veces:
-Juanito, si
te da la vida, vete un día al Museo Naval de San Fernando y apúntate a una
visita guiada. Me lo agradecerás de por vida.
Y tenía esta
consigna, como un deber por hacer, desde hace ya unos cuantos años.
Y la vida
dándome largas y uno buscándole las vueltas a la vida. Hasta el pasado sábado 9
de octubre, en que a la hora del ángelus estaba el tío, más bonico que un San
Luis y con la cámara al hombro, a las puertas del antiguo edificio de la
Capitanía General de la Zona Marítima del Estrecho, donde en un anexo se ubica
el Museo Naval en cuestión.
-
-
Y como me
tenía anunciado mi amigo, de la mano de un guía que lo vive, me sumergí –nunca
mejor dicho- durante un par de horas en la Historia Naval de España.
El Museo,
fundado en 1992, fue acondicionado y reinaugurado por el Rey Felipe VI en el
año 2016, como consta en la firma plasmada en el Libro de Honor situado a la
entrada del recinto.
No les voy a
cansar con lo mucho y de calidad que albergan las cuatro paredes del moderno
edificio que acoge el museo. Sólo, y a modo de aperitivo, como un esbozo de
pincel, les citaré el primer mascarón de proa del buque escuela Juan Sebastián
Elcano, de cabeza apócrifa y realizada por un imaginero malagueño que hacía la
mili en San Fernando.
-
La Manolita,
conocida así familiarmente el vehículo oficial del antiguo Comandante del
Cuartel de Instrucción de Marinería.
-
… o el
Último Combate de El Glorioso, de Ferrer-Dalmau, que nos recuerda que un navío español
de 70 cañones se enfrentó por tres veces a los británicos, puso a salvo el
tesoro que traía de las Américas a España y volvió a la batalla hasta ser
finalmente desarbolado, hasta el punto de que el Comodoro Walker, al mando del
Russell, el último navío que enfrentó el Glorioso escribiera: Y de nuevo
comenzó la persecución y la conquista de su audaz y escurridizo enemigo; porque
nunca los españoles, y nadie en realidad, ha luchado mejor con un barco que lo
hicieron ellos.
-
Hay que
estar ahí, frente al cuadro, en el silencio y soledad del museo, para sentir en
la piel el frío que produce la derrota con honra.
Y si la
visita ya me tenía lleno de satisfacción y orgullo patrio, rendido a los héroes
anónimos que un día defendieron nuestra bandera hasta el final, el postre lo
supuso el encuentro con un ilustre navegante internauta que conocedor de mis
pasos se personó en el Museo para que tuviéramos la ocasión de conocernos
personalmente, detalle que agradezco en lo que vale.
Para el
final dejo el lema con que se abre este hilo. El dicho marinero de que en el
mar y en la vida, lo mejor y más conveniente es no cortar la proa, no cruzar
por delante del que se supone tiene la preferencia, sino cruzar por su popa y
con la suficiente precaución y mesura.
Este curso, mi nieto Sergio juega al fútbol en un equipo
federado de juveniles. Él tiene 15 años y la categoría agrupa chicos de 15 a 18
años, con lo que las diferencias de envergadura pueden ser notables.
Pero no es a eso a lo que voy a referirme. Voy a que el
ambiente del fútbol es absolutamente nefasto, deprimente, asqueroso.
No hay partido en el que no encuentre un energúmeno al que,
por decreto-ley, habría que impedirle su entrada a los estadios. Esta clase de
sujetos… y sujetas… se retratan ellos mismos. Llevan a la grada lo que son en
su casa, en su trabajo, en su entorno; y no son otra cosa que personas muy
deficientes en lo emocional.
Siempre encontrarán el blanco de su ira, de su desprecio;
preferentemente el árbitro. No entiende la criaturita que, sin el árbitro, no
se daría el espectáculo. Pero también están los jugadores contrarios, los
espectadores como él o sus propios jugadores cuando las cosas vienen
rematadamente mal.
Y además no callan. Este fin de semana, una señora que se
sentaba a mi lado, harta ya de escuchar la perorata de uno de estos energúmenos
le pidió, por favor, que se contuviera un poquito. Para que le dijo nada… lo
más suave que le contestó es que él no se callaba ni en su casa y no se iba a
callar allí. Ya podemos imaginar cómo será la vida de este elemento en su casa.
Los aborrecibles no entienden de género. Se da en ellos, en
ellas y en elles.
Por propia experiencia conozco que no se vive lo mismo desde
dentro, que él jugador sólo quiere jugar y vive ajeno a estas movidas. Tan
cierto como que he practicado/seguido unos cuantos deportes, pero a ninguno le rodea
un ambiente tan insano como al fútbol.
Y miran que se organizan movidas para anularlos. No hay
manera; es un cáncer con metástasis.Son aborrecibles con muy mala sombra.
Lucía ha
cumplido este verano 11 años. Así que este curso escolar termina la primaria y
el próximo año comenzará en el instituto los estudios de ESO.
Lucía, por
sus especiales circunstancias, siempre ha gozado de un punto especial de protección
de su abuelo, que soy yo. Al otro abuelo, Casto, un buen hombre, poco pudo
conocerlo.
Y desde que
comenzó su etapa escolar, cada jueves de cada semana, su abuelo… o sea yo, ha
entregado a Lucía un huevo Kinder antes de que entrara en el colegio. Si, un
huevo de esos de chocolate que traen dentro una sorpresa. Si de invierno en invierno, si de verano en verano. Cosa que sigue
sucediendo a día de hoy.
Era una
forma, mi forma, de hacerle ver a Lucía que ahí estaba su abuelo por si venían
mal dadas… o peor dadas, que todo se puede esperar. Luego resultó que la vida
me sorprendió haciéndome ver que Lucía era un estiloso camaleón que se adaptaba, sin
estridencias, a los vaivenes que la vida le iba presentando.
El caso es
que este año, cuando comenzaba el curso, y así en una conversación
abuelo/nieta, le espeté:
-Lucía, el
año que viene comienzas en el instituto. Tendré que seguir trayéndote huevo
Kinder cadajueves?
Y Lucía, con
esa voz pausada y tenue que a veces ni se oye, contestó:
Esta vez a mi amigo el Sherpa se le quedó corto lo de "la
charca de las extranjeras", que era nuestra meta habitual en estos parajes. Así
que superada la cuesta de Atanasio –menudo bicho tenía que ser el Atanasio-, la
cuesta Mojones, y otras veinte cuestas más en la mitad de las cuales tuve que
descabalgar para recoger el corazón de la cuneta, llegamos a lo más intrincado
de la Sierra Bermeja, allá cerquita de donde nace el río Padrón.
A este nuevo conjunto de pozas, las bautizamos como La
Marmolina, porque de mármol parecen las paredes que forman el vaso de la
piscina.
Cuatrocientos cincuenta metros de desnivel positivo sobre el
lugar en que iniciamos la andadura, cuando llegas aquí te bañas sí o sí, porque
el capricho se ha convertido, desde kilómetros atrás, en pura necesidad.
Bien es verdad que el esfuerzo queda compensado por la
belleza del paisaje y la paz que allí se respira, medicinas ambas que no vas a
encontrar en ninguna farmacia.
Para regresar, como aún se le hacía escaso lo de triscar
montes a golpe de pedal, nos desviamos hasta el club de tenis donde esta vez
finalizamos como es tradición y de reglamento; con un par de cervezas en la
mano.
Les dejo un resumen de lo vivido en una calurosa mañana de julio cuando el "terral" de poniente amenazaba con secarnos…
Esta vez tocaba visitar el Acueducto de los 20 Ojos… ahí es na.
Los acueductos de la rambla o barranco de Carcauz son un sistema de acueductos y acequias de origen romano, que se encuentran situados en el límite municipal entre los municipios de Felix y Vícar, en la provincia de Almería, y que transcurren a lo largo de la rambla de Carcauz, en las faldas de la Sierra de Gádor.
Lo forman tres acueductos de piedra de diferente tipología y las acequias que los comunican. De ellos el más importante, y el primero que te encuentras, es el conocido por de los 20 ojos o, directamente, Acueducto de Carcauz, obviando los otros dos. Estos, de menor prestancia, se conocen por los motes de “el inacabado” y el “de un solo ojo” y se encuentran situados más al interior del barranco.
Así que documentados debidamente y someramente estudiados los mapas de la zona, nos arrojamos a la aventura cual Indiana and Jones cualquieras.
Nosotros iniciamos la aproximación atacando el objetivo desde la parte baja del barranco, entrado por la Ciudad del Transporte, salida 420 de la autovía A-7, pasando por la zona de Las Cantinas y estacionando el coche en el último grupo de casas que encuentras, donde finaliza el camino asfaltado y comienza el de tierra. Desde allí, en el de San Fernando.
Imprescindible llevar calzado adecuado y pantalones largos, lo que nos evitará el ataque de la maleza a nuestras pantorrillas, como le pasó al incauto que les relata.
Lo primero que deberíamos indicar al intrépido explorador es que desde cualquier lugar en el que se sitúe siempre se verá observado por el impresionante Peñón de Bernal, famoso desde que John Milius lo eligió para rodar escenas de Conan el Barbaro.
El itinerario hasta el acueducto carece en absoluto de señalización –ni un mal cartel- por lo que os aconsejamos estudiar concienzudamente el google maps antes de meterse en harina.
Ya bajo la sombra de nuestro acueducto podemos comprobar de primera mano lo que ya sabíamos, que su estado de conservación es lamentable. El agua, que antes discurría entre ellos por una interminable acequia, ahora se conduce por modernas tuberías de plástico o pvc. Eso sí, en algunos tramos, la tubería es conducida por el cauce de la acequia romana.
Al igual que nos pasó en nuestra excursión a la Caldera Volcánica de Majada Redonda, también aquí encontramos un coche abandonado, aunque este con origen más conocido; se despeñó por el barranco. Aquí no cabe duda que se trata de un Peugeot y que no lleva mucho tiempo en el lugar.
Una vez alcanzamos la cota del acueducto y tonteamos un poco entre sus ojos, continuamos la ascensión hasta un camino que conduce a la cortijada El Cañuelo y por el mismo, otra vez hacia el mar, llegamos al lugar donde habíamos dejado estacionado el coche.
No quiero terminar este cristalito sin hacerles saber que el Acueducto de Carcauz es el cuarto en importancia de la península ibérica, a pesar de lo cual aún no está declarado como Bien de Interés Cultural… y lo que te rondaré, morena.
-El Peñón de Bernal, desde uno de los ojos de nuestro amigo.
Esta vez rematamos la faena, el tercer tiempo que decimos nosotros, en la Venta El Cortijo Blanco, donde degustamos una carrillera que estaba pa morirse. Hasta la próxima.
Otrosí:
Fue declarado Bien de Interés Cultural, en la tipología de Monumento, en diciembre de 2023.
Una de las cosas que más fastidia a los jugadores de tenis
–mis colegas podrán confirmar lo que digo- no es que te hagan el punto, es que te
lo hagas tu mismo.
Es lo que se llama “errores no forzados”. Partiendo de la
base de que dominas todos los golpes, fallas el punto cuando el golpe del
rival, al que contestas, no te está exigiendo. Es lo que en fútbol sería
rematar fuera o al palo estando la puerta vacía.
Y es algo, eso de los errores no forzados, que te mina tanto
la moral como sube la del contrario. Mandar la bola a la red, o dos metros
fuera, cuando nada te impide hacerlo bien, es tan deprimente como cierto.
Esta mañana –ya saben que los miércoles toca tenis-, me he
entretenido en contabilizar mis errores no forzados, o cagadas, que también se
les llama en mi pueblo. Cada vez que hacía el cambio de lado, dejaba sobre el
raquetero tantas hojitas como errores cometidos. Al final de un partido al
mejor de tres sets, hora y medio de juego, este ha sido el resultado: Nueve
meteduras de pata, por la jeta.
Les advierto que no es un mal índice. Es bueno tirando a
sobresaliente. En un día malo, uno de esos en que ya puedes pintar angelitos
que te saldrán diablos, puede no haber bastantes hojas en el árbol para
contabilizarlos.
Que porqué les cuento esta pamplina? Es mi forma de darle las
buenas tardes.