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DIOS TOLERA LO INTOLERABLE; ES IRRESPONSABLE E INCONSECUENTE. NO ES UN CABALLERO. (Don Jaime de Astarloa.- El Maestro de Esgrima)
ESCRIBIR ES METERSE EN CHARCOS. (Juan de Mairena.- Maestro Vidriero)

8/5/26

Trepando por el Árbol Genealógico

Este quiere ser un cristal-acasitos para mis nietos. Que hay más nietos, pero ahora nos ocupamos de los que cuelgan de las ramas de este árbol. De modo que, al tirar del hilo, al seguir la hilera, tengan una idea somera al menos de por dónde vienen los muñecajos que componen su adn.

En el primer escalón situaríamos pues a los mencionados nietos; de mayor a menor.


Sergio - Alicia - Lucía


La primera rama con la se encuentran serían sus padres, los hijos de este Maestro Vidriero, David y Victor, sobre los que no hace falta incidir pues los tienen muy conocidos.

Y tras de ellos sus abuelos, nosotros…

Juan Bosco y Toñi. Les pongo foto? Vale… les pongo foto.



En este hilo vamos a seguir la rama del abuelo Juan Bosco, y se van a encontrar con sus bisabuelos; Andrés Domínguez Vélez y Mariana Moreno Ocaña… de los cuales ya hemos hablado en otros hilos de este mismo blog.




... de jóvenes, se entiende. 


La bisabuela Mariana es a su vez hija de Bartolomé Moreno Téllez y Concepción Ocaña Moriel, de los que también hemos hablado ya en este lugar. Bartolomé y Concepción serían los tatarabuelos de mis nietos. Esta es una foto de ambos…



Y esta otra de los mismos, pero más jóvenes.



La tatarabuela Concepción nació el 30-06-1903 en Teba (en su DNI 25493095 figura como fecha de nacimiento el 31-05-1902).

Falleció el 19-02-1986 en Almería y sus cenizas reposan en el cementerio de Ronda.

Por su parte el tatarabuelo Bartolomé, ferroviario como luego lo serían todos sus hijos, nació el 21-12-1896 en Jimera de Libar, un pueblecito malagueño cercano a Ronda. Falleció el 18-03-1983 en Ronda y sus cenizas reposan junto a las de la tatarabuela.


La siguiente rama a trepar en este árbol genealógico es la de los padres del tatarabuelo Bartolomé y la tatarabuela Concepción. O sea, vuestros trasbisabuelos.

Los padres de la tatarabuela Concepción, vuestros trasbisabuelos, eran Antonio Ocaña Berdugo y Mariana Moriel Camarena.


-Pendiente de foto.


El trasbisabuelo Antonio nació el 6 de octubre de 1873 en Teba (Málaga), hijo de Francisco y Josefa, y falleció el 20 de noviembre de 1954, un año después de que el que les cuenta naciera.

El trisabuelo Antonio Ocaña no era ferroviario, se dedicaba a los temas del campo. Vendía productos de huerta, por los pueblos de la zona, con una burra que él tenía. Era el padre de la abuela Concepción, murió en la casa de los abuelos en la estación de Setenil. Éste es el motivo por el que se enterraron en Setenil de las Bodegas.

La trasbisabuela Mariana nació el 29-12-1877 en Teba, hija de José Moriel López y Concepción Camarena Guerrero.

Falleció el 2-07-1953. Están enterrados en el cementerio –osario- de Setenil de las Bodegas.- Son los padres de la abuela Concepción.




Por su parte, los padres del tatarabuelo Bartolomé, también vuestros trisabuelos, fueron Juan Moreno Rubio e Isabel Téllez Vega.



El trisabuelo Juan Moreno, padre del tatarabuelo Bartolomé, era ferroviario. Murió siendo Capataz de Vía y Obras en Teba (Málaga). Sus restos reposan en el cementerio de Jimera de Libar (Málaga), donde había nacido.

La trisabuela Isabel, era conocida por “la bonita”, por lo guapa que era al decir de sus paisanos. Falleció el 23 de abril de 1955 en Bobadilla (Málaga), en casa de su hija Isabel. Está enterrada en la misma localidad.


Por los más viejos de la familia conocemos que estando en casa de los tatarabuelos, en la estación de Setenil, se rompió el tendón de Aquiles. Salió fuera de la casa a coger un poco de leña para el fuego y se escurrió con una placa de hielo que se formaba frecuentemente a la entrada de la casa.

Pasó sus últimos años impedida, casi sin poder caminar,  pero hasta esa caída dicen que era una persona muy ágil.


El trisabuelo Juan le decía que se fuera con él a Setenil pero ella le decía que en Bobadilla estaba bien y que no podían coincidir tres ancianos en la misma casa. Recordamos que allí estaban también los trisabuelos por parte de la tatarabuela Concepción.


Y hasta vuestros trisabuelos hemos podido llegar… por ahora… pero vamos… que seguimos en la tarea.

1/5/26

una batallita.

Corría el año 1977 y uno dio con sus huesos en Algeciras por imperativos del destino; uno más para mi viajada maleta. Aquel año un kilo de boquerones valía en el mercado 80 pesetas y el Betis le ganó la Copa del Rey -la primera del Rey- al Atlético de Bilbao en un agónica tanda de penaltis. Con los leones jugaban gente como Iribar, Alexanco, Dani o Txetxu Rojo. Con los béticos jugaban Esnaola, Biosca, Alabanda y Cardeñosa. El penalty definitivo, el que decidió la contienda, lo tiró Iribar y lo paró Esnaola. Aquello fue la polla… imposible olvidarlo.

Pues fue también aquel año cuando me matriculé en la Escuela de Artes para empezar a  pulir mis conocimientos fotográficos. Cincuenta años después, aún sigo aprendiendo.

Aquel centro de enseñanza, recién inaugurado, tenía una arquitectura muy singular, que aún conserva en la actualidad. Imposible olvidar a mi maestro, Carlos Patón. Se pirraba por gastar a sus nuevos alumnos una broma de la que ninguno se libraba; por supuesto yo mismo la padecí. Te encargaba un trabajo fotográfico que tu debías entregarle, una vez revelado -estábamos en la era analógica y del blanco/negro- para recibir la correspondiente nota. Él tomaba la foto que tú le habías entregado y la examinaba en silencio detenidamente. Entonces te preguntaba:

-Esto lo has hecho tú?

Asentías, claro.

-Pero tú sin ayuda de nadie?

Una sonrisa beatífica se apoderaba de tu cara mientras volvías a asentir.

Entonces el rasgaba la fotografía en cuatro pedazos, la arrugaba ferozmente y la tiraba a la papelera al tiempo que te decía: Pues no te queda nada que aprender.

En ello sigo, está claro. 

Es mi vida, cristalitos en mi Vidriera. 





27/4/26

Cocinero... un Gatofrito.

Este cristalito, sin duda alguna, va a ser un panegírico a la amistad. Una llamada telefónica de mi amigo el Sherpa, allí por donde el río Padrón se junta con el Mediterráneo, ha hecho sonar la alarma de mi ciclo vital para cumplir una promesa caída en olvido y que no debería alargar ni un minuto más. 

Si algo tengo claro, desde el púlpito que me otorgan los años, los muchos años… es que los amigos son uno de los mayores dones que te puede regalar la vida. Y no importa aquí la cantidad, aunque mi padre decía que había que tenerlos hasta en el infierno, sino la calidad. Mis amigos… unos pocos… tienen pegada la etiqueta de la bonhomía, lo que les mantiene a salvo pese al tiempo y al espacio, esto es… pese a la distancia que nos separe o las fechas que tardemos en vernos.

Estos días atrás me fui a Córdoba con el principal propósito de reeditar una de esas amistades en la persona del Séneca, sabio por edad y conocimiento, y de quien siempre digo que desde su ventana se ve Medina Azahara y se huele el Guadalquivir. Y cultivando esa amistad, que protejo como un tesoro, compartiendo mesa y mantel en el Moriles Pata Negra, asomados a la carta del tragabuches, me vino a decir que a él lo que le apetecía eran un par de huevos fritos, con patatas y chorizo, y que nos dejáramos de historias raras o exquisiteces que no vinieran a cuento. La amistad, ya lo ven, se maneja mejor en las distancias cortas. 

Pues dicho y hecho… y miren sus mercedes que hermosura…


En las amistades sanas, de las que yo les cuento, no hay ni trampa ni cartón. Como no las hay en estos platos compartidos que en ese preciso momento bautice como “Gatofrito”, en honor y homenaje a la saga andaluza de raíces islámicas de la que tanto mi amigo el Séneca como yo mismo procedemos. Permitan los dioses, en cualquier parte que habiten, que compartamos más ratos como este. 






20/2/26

... totem's a mí ¡

Quiero comenzar este cristalito agradeciéndo a mi amigo Enrique que su respuesta, siempre que de mí recibe una propuesta arriesgada, sea la misma: Adónde vamos? Y no crean que no es de agradecer, lo es. Tanto como su amistad.

Porque los antecedentes que teníamos no es que fueran malos, eran peores. En octubre de 2022 atacamos el reto de subir al Totem del 13, que el grupo de senderismo Pies Negros había tenido a bien colocar donde pocos pudieran visitarlo. Pueden leer aquello en este mismo Blog… ya saben, octubre de 2022. 
Poco preparados, desinformados, Enrique convaleciente de un covid, un tanto inconscientes, aquello fue, cuando menos, un mal trago. Pero de las derrotas se aprende; y nosotros aprendimos.

Así que esta vez, en manos de una señora interesantísima que responde a las iniciales IA, nuestra meta era llegar -con el menor daño posible- a otro totem, el de La Bestia, situado por la Legión en los confines del mundo conocido. Tanto en los confines está que casi se salen del mapa por el norte. 





Pero si la vez del Totem del 13 el destino y nuestra poca previsión nos “la metió doblá”, como dicen en mi pueblo, esta vez fuímos de sobrados desde el comienzo hasta que nos sentamos ante las cervezas de rigor con las que siempre acabamos nuestras aventuras.

Y ante unas Alhambra 1925, y unas tostas de jamón que no se las saltaba un gitano, nos reímos a gusto de lo bien que aprendido lo aprendido, convertimos una escalada infame en un paseito agradable, una calor sofocante en un día de primavera, y una brisa suave en un viento huracanado. Y no soltamos una palabra más si no es en presencia de nuestro abogado. 




Chin… chin… y… totem’s a mí ¡¡

11/12/25

el Castillo de La Calahorra

Anduvimos de castillos la semana pasada. Visitamos el de Guardias Viejas, a pie de costa, el de Vélez-Blanco… a pie de sierra, y finalizamos visita en el de La Calahorra del que ya habíamos explorado los exteriores pero nos faltaba husmear murallas adentro. Es en este último en el que nos vamos a detener; me acompañó en la singladura mi fiel amigo Enrique, que como respuesta a cualquier propuesta de este tipo suele contestar de forma rápida: A dónde vamos?

El castillo de La Calahorra ocupa una colina amesetada a 1250 metros sobre el nivel del mar, desde la cual se domina visualmente el Marquesado del Zenete.
Sobria mole de carácter militar al exterior, cuidado estilo renacentista en su interior. 

Debió de construirse sobre el año 1500 aprovechando la cantería de una fortaleza árabe que se asentaba en el cerro. Su propietario, don Rodrigo de Mendoza, era un personaje de noble linaje, abundantes recursos y enemistad reconocida con los Reyes Católicos que en aquella época eran quienes repartían el bacalao.

El castillo origen de este cristalito jugó un papel importante en la rebelión de las Alpujarras, luego estuvo abandonado durante siglos, fue refugio republicano en la Guerra Incivil, pasó a propiedad particular y a punto estuvo de ser vendido y trasladado, piedra a piedra, a los Estados Unidos de América, como ocurrió desgraciadamente con el patio noble del castillo de Vélez-Blanco. 

Lo salvó de este desgraciado fin el que la Diputación de Granada lo adquiriese en abril del año 2025. Con ello se consiguieron dos objetivos principales: El primero que se acabara el expolio al que la construcción estaba siendo sometida, el segundo que se encendiera la llama de una esperanzadora y esperemos que no muy tardía reconstrucción.

Entre sus murallas se han rodado infinidad de películas y documentales, entre las que te puedo citar el Doctor Zhivago, Hasta que llegó su hora, El Viento y el León, Inés del Alma Mía o Juego de Tronos.

Sólo se puede visitar los fines de semana y previa cita online. En cualquier caso, una excursión muy recomendable. 


Vista general de su emplazamiento. La altitud y estar situado en las estribaciones de Sierra Nevada, le aseguran la frecuente visita de la nieve.


El vestíbulo de entrada al castillo nos ofrece una idea de lo espartana que debía resultar la vida en la Edad Media.


Patio Noble, en el que se sitúa el pozo que abastecía de agua potable a sus habitantes.


Escalera, construida con mármol de Carrara y por la que se accede desde el patio a las dependencias de la nobleza.


Misión cumplida. Ahora sólo falta un buen beber y un mejor yantar. Sea. 

6/9/25

Roberta, hasta siempre

Decir que yo no tenía perro sería como decir que no tengo nietos. Porque Roberta, nuestra querida Rovi, era una nieta más. Hasta ayer, en que nos pintó de luto el ánimo a toda la familia. Tras dieciséis años de felicidad su pequeño cuerpo ya no pudo más y hubo que dormirla, en brazos de mi hijo… que vaya trago.

Celebro y quedará para siempre en mi memoria cada rato compartido, cada juego, cada caricia. Espero que estuviéramos a la altura, que se lo pasara bien con nosotros, que fuera feliz. 

Descansa en paz, Roberta. Corre libre donde ya no hay dolor. Hasta siempre; esto es en tu memoria. 





4/9/25

el tobogán, otra vez

Dice un refrán que el gato escaldado del agua fría huye. Eso es así en todos sitios menos en mi pueblo, mi otro pueblo. 

Ya en julio de 2019 les conté en este mismo espacio sobre la instalación de un mega-tobogán que fue la envidia, y la chufla, de medio país y parte del extranjero. Pueden ir a ver aquello, que tuvo su miga.
Pues bien, han repetido, pero esta vez parece que con más tino y más mesura. 

Es raro, pero a veces, en algún lugar, a algún munícipe se le ocurre algo sino brillante, al menos divertido. Y encuentra el suficiente tiempo y los medios para hacerlo realidad, aunque los de la oposición lo pongan a caer de un burro; es la costumbre.

A este le debió parecer que bajar escaleras no debería ser tan aburrido. Y se inventó un ascensor minimalista. Ahora los vecinos tienen dos opciones; bajar con la dignidad que se les presupone o deslizarse con estilo y vértigo por el tubo plateado.

Los niños felices, los adultos tentados, y los abuelos mirando con cara de “ni se te ocurra”. A mí se me ocurrió, pero no estaba nadie para afearmelo. Miserias de pasear solo. 

Resultado esta vez: Una calle donde las sonrisas pesan más que la gravedad y las posibles preocupaciones se “deslizan” mejor.
Siempre, claro está, que no se te haya pasado la edad de jugar… y esa no tiene nada que ver, absolutamente nada, con lo que ponga en tu DNI. 

Pongamos que hablo de Estepona, claro.