Ayer 2 de septiembre, cuando el sol se ponía, fue el momento para apoyar a los ceutíes en la invasión sufrida, para formar ruido, para que no se sintieran solos. Y de paso para mostrar, de una vez, nuestro hartazgo con la gente que nos desgobierna.
La Plaza Vieja, corazón de la ciudad, se quedó pequeña para acoger a tanta gente. Me consta que el ayuntamiento de mi ciudad trasladó al de Ceuta documento gráfico de como se vivió aquello.
Uno, como supondrán, anduvo en misa y repicando. Y les he preparado un documento gráfico de qué y cómo fue. Porque si no lo ves, algún desahogado dirá que no ha pasado.
Quede un cristalito para dar fe.
Quede un cristalito para dar fe.



