Buscar este blog

DIOS TOLERA LO INTOLERABLE; ES IRRESPONSABLE E INCONSECUENTE. NO ES UN CABALLERO. (Don Jaime de Astarloa.- El Maestro de Esgrima)
ESCRIBIR ES METERSE EN CHARCOS. (Juan de Mairena.- Maestro Vidriero)

8/4/11

alergias

Mi santa madre, que dios conserve muchos años, en vez de legarme como herencia un cortijo con olivar, me transmitió una tensión rayana en el disparate, un cierto sentido catastrofista y una capacidad asombrosa para sentir alergia ante la presencia de cualquier clase de polen, visible o invisible, que se encuentre a menos de 30 kilómetros a mi alrededor.

Ello es la causa, acentuada en ciertas épocas del año, que mis amaneceres –y algún ratito más- sean un sinvivir. Aún recuerdo, de criajo, pasar mañanas enteras tumbado en cualquier sitio, con un paño empapado en agua sobre los ojos, ante la imposibilidad de poder abrirlos y enfrentar la luz del sol.
Ya de mayor, son archiconocidas mis sesiones de estornudos durante el afeitado; tan desesperantes que si no han terminado en el suicidio ha sido por el poco calado de las cuchillas de afeitar.
Con todo, la comunidad de vecinos de mi lugar ha convocado varias reuniones de carácter urgente en las que se trató, como único punto del día, mi salida de la misma. En la última, algún chistoso sugirió que mi lugar en el mundo era la central de Fukusima, cuyo reactor sería enfriado sin ningún género de dudas por la potencia de mis estornudos.

Naturalmente, durante todo este tiempo, hemos tratado afanosamente de buscar remedio a tanta convulsión. Pero la ciencia dictaminó, finalmente aburrida, que encontrar una vacuna para mis alergias sería tanto como encontrar una vacuna para la vida. Como medida paliativa, suelo tomar los antihistamínicos en tortilla y, cuando la cosa se va definitivamente de madre, se me inyectan dosis de caballo del muy conocido Trigon Depot.

Les podría contar, para que terminaran de espatarrarse, como se combate una crisis alérgica cuando te pilla conduciendo, en el epicentro de un meneo amoroso, cuando el sacerdote levanta el cáliz o la batuta del director dirige, in crescendo, la Sinfonía Patética de Tchaikosvki a su apoteosis final.


Podría, pero voy a terminar antes si les aseguro que un inoportuno estornudo acaba de echarme sobre la camisa la mitad del capuchino.
Voy a cambiarme.

amapolas

Amapolas. Figuran en el blasón de mi escudo heráldico. Cuando estas aparecen...

1/4/11

las tetas de la sirena, circuito ciclista.

Estamos de celebración.
Acaban de inaugurar un nuevo circuito ciclista en mi ciudad. Lo he dado en llamar la ruta de las tetas de la sirena, y esto es así porque en la misma fecha, prácticamente a sus puertas, han colocado igualmente el busto del que doy a sus mercedes oportuno testimonio gráfico.

El nuevo circuito discurre por el perímetro exterior e interior del llamado Parque Periurbano del Andarax. Tiene una longitud de 6 kilómetros, trazado circular, es prácticamente llano y el tiempo que se tarda en ciclearlo, a ritmo de paseo o trote cochinero, esto es… sin prisa pero sin pausas, es de veinte minutos mal contaos.

Luego podrás decidir entre seguir dando vueltas, internarte por los vericuetos cicleros del interior del parque, o tomar el ya conocido Paseo de Ribera, rumbo al Cabo, donde podrá desfogar el intrépido ciclista cuanto precise.

Acompáñeme su merced por el nuevo trazado, pase... pase...

circu-20

circu-17

circu-7

circu-1

circu-2

circu-4

circu11

... y finalmente,

sirena7


¡por dios, cuanto poderío!

7/3/11

muerte por suicidio.

En el lugar, no se habla de otra cosa. Ocurrió la noche del 4 al 5 de marzo del año de desgracia de 2011. Los periódicos locales se hacen hoy eco de la noticia en portada pero, muy probablemente, lo contarán con menos gracia que yo lo contaré a su merced.

Una tenebrosa tormenta, con abundante aparato eléctrico, se abatió sobre el levante almeriense.
Quizás como presagio de los duros tiempos que nos quedan por vivir, un rayo tremebundo descargó sobre la estatua del Sagrado Corazón de Jesús, en la localidad de Vera.
Los profesionales de la medicina lo llamarían autolisis, el forense muerte por decapitación, pero en el pueblo lo que dicen es que al Cristo lo ha partio un rayo.
Allí yace la cabeza, a sus pies, mudo testimonio del precio pagado por cuantos y lo gordos que son nuestros pecados.

Los profetas dirán lo que se avecina. Cagaos por las patas abajo están en la comarca.

Así las cosas, los creyentes habrán de convenir conmigo en uno de estos dos supuestos:
a) O aquello que nos contaban sobre el sometimiento de los fenómenos naturales a la voluntad del Sumo Hacedor es más cuento que el de Calleja, o
b) A falta de cruz, esta vez optó por el suicidio.

No cabe otra.

A mí, descreído viejo, este episodio me trae a la memoria aquel otro del gitano que seguía un día lluvioso la estación de penitencia de su Cristo favorito. A nada que el cielo amenazaba lluvia, los cofrades se apuraban en desplegar sobre la imagen una gran sábana de plástico para que esta no se mojara. Al poco, cuando la lluvia cesaba, retiraban el plástico. Unos metros más allá, tenían que volver presurosos a proteger el santo.
El gitano, harto ya de tanto quita y pon, pero con más fe que todos los cofrades juntos por más que no pusiera en su vida los pies en la iglesia, les gritó convencido.

-Dejadle al muchacho, que se moje si quiere.

Desde el profundo respeto que me inspira cualquier tipo de creencia, de sentimiento o devoción, aunque no sean los míos, no tomen esta crónica como una falta de respeto; nada más lejos de la realidad. Sólo pretendí dejar testimonio de un sucedido. Y esta es mi forma de contarlo.

Uno, a su manera, también cree en dios. Pero mi dios, desde luego, no pasa las noches al sereno encima de un cerro. La verdad es que no sé dónde coño pasa las noches.

Así me va.


cristo-1


cristo-2


Edito para añadir:
A la semana siguiente, el caso fue tratado en el programa televisivo "El Cuarto Milenio", de Iker Jiménez. Un poco así de pasada y sin ahondar en el asunto. Podrá su merced recuperarlo en el Youtube tecleando cosas como "espíritu santo" o "vera".El descabezamiento duró hasta el siete de abril, en que operarios del ayuntamiento, tras colocar el oportuno andamiaje, restituyeron la cabeza a su sitio. Sin más ceremonia y sin más nada de nada.
Desde entonces, el Cristo luce su nueva cabeza... y a esperar otro rayo.

Almería, julio de 2013

He de retomar este cristalito en la convicción de la bondad de ver los asuntos desde prismas distintos. Y es que, según de donde sople el viento, lo que puede variar la misma situación.

Ha caído en mis manos el libro La Almería Extraña, de Alberto Cerezuela. La impresión general es que, independientemente del cariño que el autor puso en la obra –que trasluce-, pretendió llenar un granero inmenso con unos cuantos sacos de trigo; el resultado es que sobra paja.

Una noche tormentosa un rayo viene a caer sobre el lugar más alto del pueblo sobre el que, por añadidura, se levanta una figura con armazón metálico. Blanco y en botella… leche.

Dije, y me reafirmo en ello, que todas las creencias –por ilusorias que parezcan- merecen un profundo respeto. Y desde ese respeto contrapongo, a un simple fenómeno de la naturaleza tan frecuente como casual, la interpretación tan original que nos traslada el señor Cerezuela del suceso que tratamos y de la que no me resisto a transcribir algunos párrafos:

“Enclave –refiriéndose al cerro del Espíritu Santo- marcado por lo insólito y por una serie de fenomenología que roza lo sobrenatural”.

“La figura, haciendo honor a su alma de salvador, libró de una tragedia a las casas que hay al pie del monte, pues el rayo tenía como terrible objetivo el impacto en ese vecindario”.
¿Desde cuándo los rayos tienen objetivos?, me sigo preguntando yo.

M.A.M., concejal de educación del ayuntamiento, fue una de las primeras personas que acudió al lugar del suceso: “Me acerqué con la policía para ver los daños, y se me metió un miedo en el cuerpo cuando llegué a la altura del cerro y vi que le faltaba la cabeza. Pero lo más sorprendente es la cabeza, pues estaba partida por la mitad, con la parte trasera destruida, pero el rostro intacto. Aquello me dio mucho miedo, pues los ojos del Cristo estaban clavados en mí”.

Desde luego no hay nada mejor para ser sugestionado que ser sugestionable.

En fin, no les quiero sugestionar. Les remito al libro, editorial Circulo Rojo, cosa que el autor me agradecerá.

Por lo demás… ustedes mismos; saquen sus propias conclusiones.

3/3/11

La ruta de los dos ríos, Castellar y las tagarninas de don Florentino.

A riesgo de convertir La Vidriera en una guía especializada de rutas para ciclistas piltrafillas, es preferible este mal a la ausencia absoluta de movimiento. Así, y ya que el patio no está para otras líricas, vamos a sumar uno más a la lista de los itinerarios cicleros que se recogen en este blog.

Esta vez se conforman en un pack de dos, ambas situadas en el Campo de Gibraltar y a escasos kilómetros de distancia sus puntos de partida. Como en otras ocasiones, les dejaré una buena muestra gráfica de los itinerarios, lo cual les hará bastante más agradable el viaje.

Día 1 / ruta de los dos ríos / 30 kms. aproximadamente / dificultad baja.

Fijamos el punto de partida en la barriada del Secadero, junto a San Martín del Tesorillo y cauce del río Guadiaro, que seguiremos hacía arriba. Aquí se sitúa una farmacia y un cartel explicativo que nos cuenta discurriremos por las fértiles vegas del Genal y el Guadiaro, así como que pasaremos junto a la finca Los Nogales y ermita del Rosario del Campo, donde la gente del lugar celebra la romería de la Virgen del Rosario del Campo. Ahí es ná.

rios-1

Ahora seguiremos por su margen izquierda el cauce del río Guadiaro, hacia la confluencia con el Genal, todo el recorrido es prácticamente llano.


rios-3

A la derecha nos quedará la cumbre de Sierra Crestellina, a cuyas faldas duerme Casares, parajes que ya fueron tratados en este mismo blog. Vea el lector abril de 2009 / Casares.


rios-5

Panorámica del trazado. A la derecha Sierra Crestellina (1) a la izquierda (2) la finca Los Nogales. Esta finca, casi como todo lo de por aquí, pertenece o esta gestionado por sociedades de don Florentino Pérez, presidente del Madrid pa más señas. Seguro que le conocen.


rios-4

Finca o Venta los Nogales, que dejaremos a nuestra izquierda. Ahora está deshabitada. En sus tiempos albergó una escuela y una iglesia para dar servicio a los colonos que trabajan estas tierras. Eran otros tiempos, claro. Aún conserva el vestigio de su señorío y, naturalmente, está pintada de blanco.


rios-11

A poco de rebasar la confluencia de los ríos, al otro lado del cauce del Genal, advertimos el tejado de la ermita de la Virgen del Rosario. Necesariamente hay que mojarse para llegar a sus puertas.


rios-6

Punto de confluencia de los ríos Genal y Guadiaro.- El cartel indicativo, reza:
“Está usted en un punto de encuentro. Aquí han confluido las culturas a lo largo de la historia.

En esta zona se situó un embarcadero hasta el que llegaban los barcos fenicios, desde el mediterráneo y río arriba, para comerciar con los habitantes de la zona. En aquellos tiempos el río era navegable. Un poco más al norte, siguiendo el curso del río, los romanos construyeron una ciudad, fortaleza militar, llamada Lacipo, para dominar este importante punto estratégico, que era una de las entradas a la Bética Romana. Años más tarde y justo aquí también hubo una venta de caminos, lugar de paso de viajeros y contrabandistas procedentes de Gibraltar, que llegó a albergar un pequeño destacamento estable de carabineros”.


rios-7

El intrépido viajero entre el Genal (2) y el Guadiaro (1).


rios-8

Epatante contraluz del viajero reponiendo líquidos, bajo la presencia de los innumerables molinos eólicos situados en la zona.


rios-2

Pasada la confluencia de los ríos, el camino asfáltico se vuelve de tierra compactada.


rios-9

Final del trayecto. Un puente derruido nos indica que “non plus ultra”. Con todo, aún tuvimos ganas y fuerzas para hombrear las bicicletas, salvar río y terraplén y continuar por el camino que se adivina en …

rios-10

… pero este muere apenas doscientos metros más allá. Fue, definitivamente, el punto de retorno.


rios-12

Allí quedaron los hinojos, las tagarninas, los palmitos, los cítricos y las reses bravas de don Florentino.
Desde luego, por siempre, ¡Hala Madrid!.

Día 2 / ruta de Castellar / 30 kms. aproximadamente / dificultad media.

Establecimos el punto de salida en el aparcamiento del “Guerrero & Blount – Real Estate SL”, donde dejamos el vehículo y cabalgamos las bicicletas. Para acceder a este recinto hay que dejar la autovía E-15 en la salida 130, Guadiaro-Castellar-Sotogrande.


caste-1

Este itinerario tiene poco misterio; casi ocho kilómetros de subida -la suficiente para que el poco preparado eche el bofe- y otros tanto de bajada hasta llegar a Castellar de la Frontera (el nuevo), con la misma partitura en la vuelta. Todo ello en un carril bici estupendamente acondicionado y seguro, que discurre paralelo junto a la carretera A-2100.

Yo les dejo las fotos y ustedes se hacen su composición de lugar. Siempre se ha dicho que una imagen vale más que mil palabras y… esta vez… además había poco que contar.

caste-2

El viajero se sorprenderá con la presencia de numerosos pastos de reses bravas.


caste-3

caste-4

Detalles del camino, absolutamente separado de la carretera y en optimas condiciones de seguridad.


caste-5

Prueba superada; estamos en Castellar.


caste-6

Original campanario de la iglesia de Castellar de la Frontera.


caste-7

Un respiro; monumento al agricultor. El agricultor es el que está detrás… advierto.

9/2/11

de caballos, borricos y otros rucios.

Hoy toca, arrastrado por la fotografía, hablar de caballos. Si, esos bichos con cuatro patas, grandes, pesados y que huelen… a caballo. El domingo pasado salí de guacabaud con Lagartija y encontré la imagen que les traigo. No la podía guardar sin más; así que la expongo aquí a la consideración pública.

No es un tema por el que yo sienta especial predilección. Los caballos y yo nunca nos hemos llevado bien. Siempre he preferido el caballo mecánico, aquel que funciona en base a primera, segunda, tercera y cuarta, y que corre según le aprietas la oreja derecha. Ese caballo, el mecánico, no tiene más pensamiento que el tuyo. Dos seres, un solo pensamiento.

El otro, el natural, el que huele a caballo, es bastante más jodido. Estos bichos piensan, deciden, y a veces –las más de las veces- sus pensamientos y decisiones no tienen que ver nada con los tuyos. El resultado, absolutamente previsible, es que tú terminas en el suelo.

Mi primer contacto con los equinos se remonta a la niñez. Mi tío Emilio, allá por Zalamea la Real, aún conservaba un pollino que le ayudaba en las tareas del campo. Con ocasión de una visita veraniega, me invitó a dar un paseo en el asno. Uno, ya muy machito, declinó el ofrecimiento para subir sobre el animal. Mi tío Emilio, prudente, me explicó el mecanismo. Tomas impulso y… gracilmente… arriba. Tanto impulso tomé, tan gracilmente quise hacerlo, que terminé espatarrao al otro lado del borrico; el animal lo dejé atrás.

Luego vendría mi formación profesional. Recuerdo, con amargura, mis pasos obligados por las escuelas de equitación. Los bichos esos enseguida me calaban y me las hacían pasar cainita. Siempre me costó un triunfo superar esos periodos.
En mi memoria, de por vida, Macarrón, un rucho de 1’80 de alzada, con pelos en las patas y más mili que la bandera (en el infierno de los caballos estará ardiendo). ¡La de veces que Macarrón me pudo enviar al albero sin miramiento ni consideración alguna!.
En una de esas, desmontado yo sin el más mínimo respeto por el que debía ser mi amigo y compañero, se acercó el instructor y me dijo, con mucha malaje y suficiencia, que estaba arrestado el fin de semana por desmontar sin permiso. Hideputas, Macarrón, el instructor y la madre que los parió a todos.

Tan mal me iba en aquellos tiempos que opté, para no ser descabalgado, por asir las riendas con la mano izquierda y aguantar sobre el lomo del equino sujetándome en la silla de montar con la derecha. Resultado de tan ingeniosa maniobra fue una distensión en ese brazo que me impidió levantarlo durante quince días. Hasta de comer hube con la mano izquierda.
Pero lo peor era cuando me tenía que limpiar el culo.
¿Han probado ustedes a limpiarse el culo con la mano izquierda?
¡Ah… cuan ingratos eran aquellos ratos! Además de apestando a caballo, casi siempre terminaba rebozado en la arena.

Así que en cuanto pude cambié el caballo por la moto. Alguna vez me la he pegado, pero al menos podré aducir que la culpa ha sido mía.

Con todo, ya ven que no soy rencoroso, aún soy capaz de detener mi paso para retener en el objetivo una imagen como esta. Ahí lo tienen al señor, con su gorra y sus posturas; el rey del mambo.


d-2

Definitivamente, me siento como el hombre al que no querían los caballos.

7/2/11

La Vía Sosa

Esto no puede pasar de aquí. Mi intento de coronar los taitantos ochomiles que componen las Vías Verdes, se ha visto atascado por la presentación de la Vía Verde del Almanzora hasta el punto que van a llegar otras cuando esta aún no vio la luz.

Y es que, de las que hasta ahora llevamos cicleadas, ha sido la más aburrida. La Vía Sosa la bautizamos. Algo más de once kilómetros, veintitantos ida y vuelta, de una suave y tediosa subidita que dieron poco que llevarse a los ojos y menos que llevarse a las manos.
Pero la hicimos la divina Providencia, el Bosco Chico y el que les cuenta y debemos dar testimonio de ello, sirviendo de guía a los aventureros que un día quieran seguir nuestros pasos.

Sepan, a modo documental, que la línea férrea sobre cuyo trazado discurre esta Vía Verde tuvo su época de esplendor entre 1903 y 1970. Hasta siete trenes diarios trasladaban el mineral de hierro desde las minas ubicadas en esta comarca hasta el vecino puerto de Aguilas (Murcia), donde en un embarcadero denominado El Hornillo, era acomodado en los barcos que luego lo trasladarían a distintas siderurgias para ser tratado.

El trazado por nosotros recorrido se extiende desde el cargadero de los Canos, a 2’5 kilómetros de Serón, hasta el límite con el término de Alcontar… y vuelta, claro, hasta la estación de Serón, donde habíamos dejado estacionados los vehículos.

Quizás sea mejor que el lector se vaya asomando a las imágenes que nosotros hicimos para él en su día. Pase, pase y vea.

s43
Desde las almenas del Castillo de Serón la tiesa torre vigilará nuestro recorrido. A falta de otros atractivos turísticos, que también los tiene, aquí podrá el viajero catar un jamón que nada tiene que envidiar al de Jabugo.

s69
Cargadero de los Canos, o lo que es lo mismo, inicio del trayecto.

A través de él se embarcaba el mineral procedente del Cable de Cabarga San Miguel. El Cargadero es una excelente muestra de funcionalidad. Se trata de un gran depósito superior con capacidad para 40.000 toneladas, sobre el que vertía la estación terminal del cable. Por debajo del mismo, dos túneles paralelos permitían la descarga por gravedad sobre los vagones. Su estado de conservación es excelente (extraído de la web del patrimonio andaluz).

s71
Despacito y buena letra, que decían los antiguos. Rumbo al viento; y nunca mejor dicho.

s230
Andén de la estación de Serón. Memoria de abuelos ferroviarios y patio de juegos de una chiquillería tan lejana como perdida.

s9
Aparcamiento en la estación de Serón. Aquí dejamos los coches y tomamos las bicicletas. El lugar está acondicionado de forma ideal. Sólo echamos de menos una cafetería en las cercanias.

s6
Es el momento de preparar debidamente las cabalgaduras. Todo tiene su ceremonia y protocolo. Aquí se disfruta desde un pinchazo a la hora del bocadillo.

s-300
La bici-tren. O lo que es lo mismo, casi lo más curioso que encontramos en todo el recorrido. Un detalle amable que pone la nota de color en el entorno. Así eran las bicicletas de los guardagujas que recorrían, una y otra vez, el trayecto entre el edificio de la estación y las agujas de entrada y salida de la misma.

s12
Salimos de la estación de Serón y tomamos dirección a Alcontar. Suave y tediosa subida, pero el firme está bien acondicionado y la vía, en general, cuidada con esmero.

s14
Generalización del paisaje que encuentra el ciclista. Poquito, como veis, para contar. Y eso que nosotros ya le echamos imaginación. De cuando en cuando, molinos de viento.

s15
Conforme subimos nos encontramos a la derecha con la barriada de Fuencaliente, presidida por su iglesia con mirador. Un buen lugar para tomarse la merienda.

s17
Sin comentarios. La única razón para que casi siempre aparezca el del maillot amarillo es que era yo el que llevaba la cámara.

s37
Estadio Los Donatos… ¡ahí es ná!. Ven?... adivinan?... las porterias al fondo. Casi todo, pero todo no, es proporcional.

s19
Cargadero del Tesorero. Es el que peor ha resistido el paso del tiempo; una pura ruina.

s34
Restos de lo que antes fue el antiguo trazado ferroviario. Esta señal vertical, ya en desuso, era parada o vía libre, según la viera el maquinista orientada de una forma u otra.

s21
Puente sobre la rambla del Ramil; fin del trayecto. A partir de aquí, aunque sigue el trazado, el firme es impracticable.

s24
A falta de honrado y dispuesto peregrino que nos hiciera la foto, hubimos de apañar como buenamente se pudo. Así resultó lo que resultó. Pero… bueno, en la próxima te esperamos.

trico

Y esta la dejamos para demostrar al personal que no sólo sabemos dar pedales. Es mar, dar pedales es de lo que peor nos sale.
Ahora, a modo de postre, os dejamos las fotografías originales con una miajilla de música para mejor trasegar.

11/1/11

la leyenda de Aisa, o la ruta de Al-Yaman

Tengo pendiente, lo sé, la crónica de la Vía Verde de Serón; la Vía Sosa la llamaré.
Pero va quedando atrás por aburrida, por sosita… ya digo. Y otras de más enjundia se atropellan por salir al escaparate de La Vidriera.
Tal es el caso.

Cuenta la leyenda, digo bien… la leyenda, que corría el año 826 cuando el califa pechinero Urs Al-Yaman conoció los encantos de Aisa (no confundir con la mora Ascia, de Tras los pasos de Edurne), una doncella cristiana que tenía su morada en lo que hoy conocemos como Los Baños de Sierra Alhamilla. Cuenta también la leyenda que cada noche, mientras Aisa peinaba sus cabellos junto al pozo, los reflejos del agua termal le devolvían la hermosura perdida, por lo que esta permanecía siempre intacta.

El caso es que, habiendo bajado Aisa al mercado de Pechina, enamoró y se enamoró del califa pechinero, que ya no pensó en otra cosa que hacerla parte de su harén. En esas estaba cuando una buena mañana, ahíto ya de ausencia el pechinero, decidió ponerse en camino y presentarse ante los padres de la doncella. Como no encontró caballo en sus cuadras, y el deseo le urgía, inició la marcha a pie. El pedirla, o raptarla, sería cosa que se vería según se sucedieran los hechos.

Pero lo que sucedió fue que el califa, delicado de salud y –como hombre de letras- poco entrenado en el ejercicio físico, no pudo con la pronunciada cuesta que separa Pechina de Los Baños, teniendo que desistir a mitad de la subida. Así, llegado al lugar que hoy ocupa un antiguo transformador eléctrico y entonces la fragua de un fabricante de alfanjes, el pechinero abandonó la escalada y se encaminó a un frondoso oasis dormido a la falda de la sierra, lugar más acomodado para esperar a su princesa… si es que su princesa llegaba.

Pasaron días en que el califa sólo se alimentó de los dátiles de las palmeras y la leche de las cabras que por allí pastaban en estado salvaje. Aisa nunca acudió. Las lenguas de doble filo cuentan que, entre dátil y dátil, sucumbió a los encantos de un cristiano de Cantoria que le hizo olvidar a sus padres, las aguas termales y al califa pechinero.
Este, repleto de aburrimiento, incapaz ya de volver sobre sus pasos subiendo la cuesta a la fragua del alfanjero, puso rumbo al sur, alcanzando la rambla de San Indalecio, el barranco Espinaza y finalmente el camino del Llano de la Salvaora -llamado así desde entonces-, que le regresó a Pechina más muerto que vivo.

Esta es la ruta de Al-Yaman, la que siguió el califa en su periplo tras los encantos de Aisa. Cual un windown’s para torpes, pretende mostrar al ciclista piltrafilla el itinerario que siguió el moro. Son quince kilómetros para disfrutar de la leyenda… y del paisaje.
Espero que les aproveche.


c-304
km. 0
Que situamos en el estacionamiento del club de tenis Indalo. Siga la flecha amarilla y tome el camino de La Norieta en dirección a Pechina.


c-307
km. 0’300
Camino de La Norieta. Si continuas todo recto llegarás a la plaza del pueblo. Algún tramo hay de dirección prohibida; queda a elección de tu espíritu transgresor el dar un rodeito para llegar al mismo sitio. Yo no aconsejo, yo informo.


c-309
km. 1’320
Plaza del Ayuntamiento de Pechina. De obligado paso para imbuirse del espíritu califal. Deberá tomar, para salir del pueblo, la calle del obispo Casanova, señalada con la flecha.


c-310
km. 1’640
Acceso a la carretera AL-3117
Acceda por la izquierda y una vez en la carretera tome a la derecha, dirección Rioja.


c-312
km. 2’460
Abandone la AL-3117 y tome el desvío a la derecha para acceder a la AL-3100. Hasta el antiguo transformador eléctrico, ya todo será subida, una rampa del copón, un martirio. Plato pequeño, piñón grande, grandes dotes de músculo y paciencia… y p’arriba.
Si no puedes con la bici, te bajas y continuas andando. No te sientas avergonzado; si no pudo el califa… y era califa, porqué vas a poder tú.
En cualquier caso… ¡a mí qué me cuentas!


c-313
km. 3’450
Rotonda sobre la autovía. Todo tieso. La flecha señala el lugar por donde debes continuar subiendo. A ser posible con la bicicleta debajo del culo.


c-315
imagen 315
Tu esfuerzo será recompensado con paisajes como este.


c-316
km. 6`580
Ya tienes a la vista el transformador (1). Deberás dejar la carretera –aquí fue donde lo hizo Al-Yaman- y tomar el camino de tierra que sale a la derecha (2).


c-317
imagen 317
Vista del transformador, antigua fragua del alfanjero.


c-319
imagen 319
Donde se te muestra una panorámica del lugar a donde te diriges. (1) es el camino que debes seguir, (2) el oasis y (3) humo de una hoguera que han encendido los indios alhamillos. Si están de buenas, no tendrás nada que temer.


c-328
c-330
imagen 328 y 330
Idílicas tomas del oasis-palmeral


c-327
c-324
imagen 324 y 327
¡Es la guerra!
Cuando yo hice el recorrido, al llegar al oasis, me vi sorprendido por una legión –que no LA legión- de indocumentaos que jugaban a la guerra… que ya tiene mandanga la cosa; tan grandes y jugando con pistolitas.

Ahí los tenéis, como prueba documental, todos ellos disfrazados de Rambo, pegándose tiritos como si fuesen chiquillos.
Se me ocurrió sacar una bandera blanca y colocarla sobre Lagartija, pasando entre las líneas enemigas sin lesión ni deterioro físico.


c-331
imagen 331
A mi espaldas el oasis palmeral, toca fijar rumbo sur, hacia la rambla de San Indalecio.


c-333
km. 9’490
Barranco de La Espinaza. Aquí también suelen jugar a las guerras; quede advertido el intrépido viajero.


c-335
imagen 335
Rebasado el barranco La Espinaza, rambla pura y dura. Desierto tabernario en su más genuina expresión.


c-338
km. 11’320
Se abandona la rambla de San Indalecio y se toma el camino de la derecha. La presencia de Lagartija, independientemente de que es coqueta y le gusta posar, es el testimonio gráfico de la autoría de este panfleto.


c-339
km. 11’700
Acceso al camino de Llano de la Salvaora, que se toma a la izquierda, sentido descendente.


c-340
km. 12’330
Volvemos a la rambla de San Indalecio, a la altura del viaducto bajo la autovía, que debemos rebasar por el ojo más a la izquierda –marcado con la flecha-.
Haciéndolo así accederemos a Pechina por el llamado Camino Alto, que nos llevará hasta la misma Plaza de Buenavista.


c-341
km. 13’040
Plaza Buenavista. Aquí deberemos tomar la calle el Turco –a la izquierda- que nos llevará otra vez al Camino de la Norieta y por él a nuestro punto de partida.

Supongo que su merced lo habrá pasado bien. ¿Le duelen las piernas?. Si ello es así, no habrá hecho más que verificar, en sus propias carnes, el refrán popular de... amores duelen.