La Vidriera del Mairena


-Dios tolera lo intolerable; es irresponsable e inconsecuente.
No es un caballero.
(Don Jaime de Astarloa. El maestro de esgrima.)

-Escribir es meterse en charcos.
(Juan de Mairena.- Maestro Vidriero).


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7/3/11

muerte por suicidio.

En el lugar, no se habla de otra cosa. Ocurrió la noche del 4 al 5 de marzo del año de desgracia de 2011. Los periódicos locales se hacen hoy eco de la noticia en portada pero, muy probablemente, lo contarán con menos gracia que yo lo contaré a su merced.

Una tenebrosa tormenta, con abundante aparato eléctrico, se abatió sobre el levante almeriense.
Quizás como presagio de los duros tiempos que nos quedan por vivir, un rayo tremebundo descargó sobre la estatua del Sagrado Corazón de Jesús, en la localidad de Vera.
Los profesionales de la medicina lo llamarían autolisis, el forense muerte por decapitación, pero en el pueblo lo que dicen es que al Cristo lo ha partio un rayo.
Allí yace la cabeza, a sus pies, mudo testimonio del precio pagado por cuantos y lo gordos que son nuestros pecados.

Los profetas dirán lo que se avecina. Cagaos por las patas abajo están en la comarca.

Así las cosas, los creyentes habrán de convenir conmigo en uno de estos dos supuestos:
a) O aquello que nos contaban sobre el sometimiento de los fenómenos naturales a la voluntad del Sumo Hacedor es más cuento que el de Calleja, o
b) A falta de cruz, esta vez optó por el suicidio.

No cabe otra.

A mí, descreído viejo, este episodio me trae a la memoria aquel otro del gitano que seguía un día lluvioso la estación de penitencia de su Cristo favorito. A nada que el cielo amenazaba lluvia, los cofrades se apuraban en desplegar sobre la imagen una gran sábana de plástico para que esta no se mojara. Al poco, cuando la lluvia cesaba, retiraban el plástico. Unos metros más allá, tenían que volver presurosos a proteger el santo.
El gitano, harto ya de tanto quita y pon, pero con más fe que todos los cofrades juntos por más que no pusiera en su vida los pies en la iglesia, les gritó convencido.

-Dejadle al muchacho, que se moje si quiere.

Desde el profundo respeto que me inspira cualquier tipo de creencia, de sentimiento o devoción, aunque no sean los míos, no tomen esta crónica como una falta de respeto; nada más lejos de la realidad. Sólo pretendí dejar testimonio de un sucedido. Y esta es mi forma de contarlo.

Uno, a su manera, también cree en dios. Pero mi dios, desde luego, no pasa las noches al sereno encima de un cerro. La verdad es que no sé dónde coño pasa las noches.

Así me va.


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Edito para añadir:
A la semana siguiente, el caso fue tratado en el programa televisivo "El Cuarto Milenio", de Iker Jiménez. Un poco así de pasada y sin ahondar en el asunto. Podrá su merced recuperarlo en el Youtube tecleando cosas como "espíritu santo" o "vera".El descabezamiento duró hasta el siete de abril, en que operarios del ayuntamiento, tras colocar el oportuno andamiaje, restituyeron la cabeza a su sitio. Sin más ceremonia y sin más nada de nada.
Desde entonces, el Cristo luce su nueva cabeza... y a esperar otro rayo.

Almería, julio de 2013

He de retomar este cristalito en la convicción de la bondad de ver los asuntos desde prismas distintos. Y es que, según de donde sople el viento, lo que puede variar la misma situación.

Ha caído en mis manos el libro La Almería Extraña, de Alberto Cerezuela. La impresión general es que, independientemente del cariño que el autor puso en la obra –que trasluce-, pretendió llenar un granero inmenso con unos cuantos sacos de trigo; el resultado es que sobra paja.

Una noche tormentosa un rayo viene a caer sobre el lugar más alto del pueblo sobre el que, por añadidura, se levanta una figura con armazón metálico. Blanco y en botella… leche.

Dije, y me reafirmo en ello, que todas las creencias –por ilusorias que parezcan- merecen un profundo respeto. Y desde ese respeto contrapongo, a un simple fenómeno de la naturaleza tan frecuente como casual, la interpretación tan original que nos traslada el señor Cerezuela del suceso que tratamos y de la que no me resisto a transcribir algunos párrafos:

“Enclave –refiriéndose al cerro del Espíritu Santo- marcado por lo insólito y por una serie de fenomenología que roza lo sobrenatural”.

“La figura, haciendo honor a su alma de salvador, libró de una tragedia a las casas que hay al pie del monte, pues el rayo tenía como terrible objetivo el impacto en ese vecindario”.
¿Desde cuándo los rayos tienen objetivos?, me sigo preguntando yo.

M.A.M., concejal de educación del ayuntamiento, fue una de las primeras personas que acudió al lugar del suceso: “Me acerqué con la policía para ver los daños, y se me metió un miedo en el cuerpo cuando llegué a la altura del cerro y vi que le faltaba la cabeza. Pero lo más sorprendente es la cabeza, pues estaba partida por la mitad, con la parte trasera destruida, pero el rostro intacto. Aquello me dio mucho miedo, pues los ojos del Cristo estaban clavados en mí”.

Desde luego no hay nada mejor para ser sugestionado que ser sugestionable.

En fin, no les quiero sugestionar. Les remito al libro, editorial Circulo Rojo, cosa que el autor me agradecerá.

Por lo demás… ustedes mismos; saquen sus propias conclusiones.

1 comentario:

Unknown dijo...

Verdaderamente es im - presionante lo que la naturaleza es capaz de hacer sin seguir ninguna norma, razón, sino su propia ley.