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DIOS TOLERA LO INTOLERABLE; ES IRRESPONSABLE E INCONSECUENTE. NO ES UN CABALLERO. (Don Jaime de Astarloa.- El Maestro de Esgrima)
ESCRIBIR ES METERSE EN CHARCOS. (Juan de Mairena.- Maestro Vidriero)

21/4/25

Peones Camineros

 


De siempre he sentido una especial atracción hacia ellas. Al borde del camino, constituían, al tiempo, una referencia y un lugar de apoyo. Me estoy refiriendo, ya lo han adivinado, a las casillas de Peones Camineros.

Un Real Decreto de 25 de junio de 1.852 ordenó el inicio de su construcción. Muchas de ellas, al tiempo que lo hacían las carreteras de la que luego formarían parte. Generalmente eran dos viviendas que compartían un vestíbulo central y un huerto/patio trasero. Condición imprescindible era que tuvieran agua cercana, bien por algún río/arroyo o por un pozo productivo.

La idea original era que en ella residiera, de forma permanente, personal que se encargara tanto del mantenimiento y vigilancia de la carretera como del auxilio de viajeros, teniendo en cuenta las enormes distancias -y el incipiente parque móvil- que a veces existían entre las poblaciones.
La picaresca debió de surgir pronto y en varios reglamentos se prohibió a los camineros despachar comidas y bebidas o comerciar de algún modo con los viajeros.

Todos recordamos que sobre las fachadas de estas edificaciones solían dibujarse carteles con las distancias a que se encontraban las poblaciones próximas.

Durante la Guerra Incivil española se destruyeron muchas de ellas. Solamente en la provincia de Teruel, por poner un ejemplo, acabaron derruidas 63 de esas casetas.
Finalmente se ordenó la demolición de todas las que pertenecían a la red de carreteras del Estado. Las que se salvaron fue a instancias de Diputaciones Provinciales que las utilizaron como almacén, o fueron enajenadas a terceros para otros usos ajenos a la conservación de las carreteras.

En las proximidades de Luco de Jiloca, provincia de Teruel, alguien con una sensibilidad especial acondicionó una de esas casetas -construida en 1861- en una especie de museo visitable que ofrece al viajero una idea sobre los muebles, herramientas y austeridad del hogar de los sufridos peones camineros.

En la provincia de Almería también se conservan de modo milagroso alguna de estas casetas. Una se encuentra a la entrada de Laujar de Andarax, y otra -foto que les adjunto- en el km. 21’5 de la carretera local A-391 que cruza la sierra de Gádor entre Alhama de Almería y la población de Aguadulce. 

!Cuánta vida se esconde tras esos muros¡
!Cuantas vivencias a pie de camino¡
!Cuántas historias por contar¡

Hoy ya sólo sirven como lugar de parada y reposo para moteros nostálgicos como este que les cuenta.


7/4/25

la rebelión de los moriscos -parte 2-

Corría el verano del año 1569 cuando las Alpujarras fueron el escenario de un baño de sangre. Los moriscos irritados de Aben Humeya, hartos ya de estar hartos contra los desmanes de la Corona de Castilla, se levantaron en armas y fueron reprimidos, a espada y fuego, por las tropas del Marqués de los Vélez. Ellos, por su parte, tampoco se quedaron cortos. 

Aconsejo al lector se de una vuelta por “la rebelión de los moriscos” un cristalito que puede encontrar en noviembre de 2014 y que le pondrá en antecedentes.
De aquello ya no queda más que el recuerdo. Un recuerdo muy difuminado e idealizado, por cierto.

El caso es que, a día de hoy, son muchos los ayuntamientos que recrean aquel triste episodio de nuestra historia convirtiéndolo, por mor del auge comercial, en algo lúdico y festivo. El paso del tiempo, del mucho tiempo, puede difuminar casi todas las tragedias.

Y en ello estamos. En la localidad de Berja, se nos convocó el pasado fin de semana para hacer memoria de aquellas escaramuzas. 

No faltó de nada… recreación de la batalla, desfile de tropas, bailes de la época, zoco y mercado medieval, degustación de platos típicos pagados con fajardillos -moneda de la época-, juegos para niños y exposición de productos artesanales, todo ello -dicho sea de paso- recreado decentemente y con buen gusto por una compañía especializada.

Si les dejo unas fotografías, mis queridos clientes, ustedes se formarán una mejor idea de como pasamos una agradable y soleada mañana de domingo.









31/3/25

la Jura

Aplazada por el diluvio aquel de la DANA en Valencia, fuimos convocados nuevamente el sábado 22 de marzo de 2025, en la localidad de Vera. 

Les estoy contando de una Jura de Bandera para personal civil organizada por la Brigada Rey Alfonso XIII, II de la Legión, y el Ayuntamiento de Vera. Y aunque uno ya juró en un lluvioso día de diciembre de 1972 en el Santuario de la Virgen de la Cabeza, en tierras iliturgitanas, me pareció oportuno renovar el juramento una vez asomado definitivamente a la senectud. Esta vez me acompañaron, y yo encantado, mi compañera de vida y mi hijo Victor.

El llamamiento no fue hecho en vano. Casi 400 personas nos reunimos en una mañana, que comenzó amenazante y terminó siendo soleada, para cumplimentar uno de los símbolos de aquello en que creemos.

Recibí la educación que recibí y no voy a renegar de ella a estas alturas. Así pues tengo asumidos los conceptos de Patria, pertenencia, y valores como la lealtad y la decencia.
Quizás por todo eso me llamó poderosamente la atención la ausencia de gente joven, gente con menos de 40 años, y si alguna había, eran mujeres. 

Sembramos lo que recogemos. Hace mucho tiempo que en las aulas no se toca el tema de la Patria, de la Bandera, del compromiso con la tierra que te vio nacer; hacerlo sería asumir la etiqueta de facha que una parte de la sociedad hipócrita que vivimos enseguida te coloca. El nuestro debe ser uno de los pocos países del mundo en que buena parte de sus habitantes se avergüence de su bandera, de su nacionalidad. Esta es la cosecha.

Un aciago día ya lejano se suprimió el servicio militar. Flaco favor le hizo a nuestra juventud esa disposición. Yo lo volvería a implantar; para hombres y para mujeres. Quizás con otro tipo de desarrollo; pero estoy convencido que ese período era una buena vacuna para cumplir con el resto de la vida que a un joven le queda por transitar.

En resumen, y por no extendernos en demasía, que me afirmo y ratifico en lo ya contado de 1972. Con la liturgia y la solemnidad debida. Porque soy español, sin complejos, y la rojigualda es mi bandera. 







29/3/25

la Vuelta al Cole

Pocas cosas hay, si hay alguna, que un abuelo no hiciera por una nieta. En mi caso particular las podría contar con los dedos de una mano. 

Por eso la propuesta para que volviera a las aulas, la tenía ganada por la mano. Y esta vez no fue para abrir el libro, sino para abrir el corazón, que viene a ser un tanto más complicado.
Una iniciativa del IES El Palmeral, en Vera, recoge en una serie de podcast, las vivencias de personal ajeno al centro que pueda ser aprovechada tanto por los que las cuentan como por lo que las oyen. Ana María y Lucía, de 4º de la ESO y la profe Eva, timonel en esta singladura y a quien desde aquí doy las gracias, se encerraron conmigo en un pequeño e improvisado estudio de sonido para intentar arañar en las emociones de alguien que roza la senectud, si no ha caído ya en ella irremediablemente. 

La vuelta a las aulas, el verme rodeado de una turba de gente insultantemente joven, produjo en mi una reacción tan extraña como estimulante. Todo eso se borró al encontrar la sonrisa de Alicia entre sus compañeros para confirmar que era por ella por quien estaba allí.

Una vez ante las dos "entrevistadoras" mis recuerdos viajaron 55 años atrás para contemplarme como estudiante de Preuniversitario, el último Preu que se cursó en España, y como intrépido redactor de un informativo que distribuíamos semanalmente en el instituto -aún conservo algún ejemplar- y que en su cabecera lucía el AULA 6 con que lo habíamos bautizado. A partir de ese "yo también fui como ellos" la cosa fluyo como río en su cauce. 


La historia fue bien. Razonablemente bien. Me lo pusieron muy fácil. Sólo espero que algunas de las vivencias que dejó en sus micrófonos este abuelo titulado, y más por viejo que por sabio, les sirva siquiera como opinión de referencia; dicho sea sin ánimo de adoctrinar a nadie, pues cada maestrillo tiene su librillo y es libre de escoger el camino que más conveniente le parezca.

Y aunque dice el refrán que nadie escarmienta en cabeza ajena, no es menos cierto que al músico viejo siempre le queda el compás.

Nota del maestro Vidriero: 
El pixelado de las dos entrevistadoras se debe a que ambas son aún menores de edad, y aquí hilamos muy fino.
Y este es el audio... si te atreves. Va despacio el inicio, tarda en arrancar... ten paciencia... tienes que clicar… 


24/2/25

el abuelo del árbitro

El pasado mes de diciembre, en el transcurso de un partido de balonmano cadete entre dos equipos femeninos, en la localidad de Sansenxo -VIVA EL REY-, un impresentable, un alborotador, un matón de taberna, de los que abundan en las gradas de cualquier recinto deportivo de nuestro país la tomó con el árbitro del encuentro que no era sino un chaval de 15 años. 

A tal punto llegó la actitud del fulano que el abuelo del árbitro, que también estaba en el pabellón, se fue hacia el mismo y le rogó que cesara en su actitud. Lejos de hacerlo, entró en discusión con el anciano y le pegó un empujón que le desequilibró y le tiró al suelo, donde se golpeó en la cabeza. Fue ingresado en la UCI del hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo, donde ha fallecido esta mañana, dos meses después.

 

De un plumazo, ese -me voy a ahorrar el calificativo- se cargó la vida del anciano y dejó huella de por vida en su propia hija -jugadora- y en el aprendiz de árbitro, quien muy probablemente aborrezca el balonmano de por vida.

 

Lo peor de todo es que no es un caso aislado. De energúmenos/as como el descrito se llenan los estadios y los pabellones cada fin de semana; en muchas ocasiones para vergüenza y oprobio de sus propios hijos que son los que compiten. Tan es así que la Junta de Andalucía se vio obligada a instalar en los recintos deportivos carteles como el de la fotografía. Nos olvidamos de una regla tan básica como necesaria: Sin árbitro, sin juez, no hay deporte de competición.



Hoy debería ser un día para pensar en qué nos estamos equivocando, a dónde vamos, qué hicimos de los valores que la sufrida gente que nos antecedió nos legaron. 

 

Desgraciadamente, a poco que mires a tu alrededor, verás que no solamente en los estadios malviven estos alborotadores, estos pendencieros chulos de barrio con una vida tan complicada que son capaces, a poco que los roces, de complicársela a los demás. 

 

Y no señalo a nadie.

26/11/24

la Senda de la Hidroeléctrica

Abordaremos en este cristalito otro tema relativo al senderismo; otra vez bastón y camino. Esta vez nos fuimos a recorrer la Senda de la Hidroeléctrica, en el municipio de Laujar de Andarax.

Y lo haremos, como no podía ser de otra forma, de una forma exclusivamente personal, así que no espere el lector un tratado ortodoxo de la ruta que vamos a caminar.


El punto de inicio de la misma se fija en el área recreativa del río Andarax, a menos de un kilómetro del casco urbano del pueblo. El lugar se encuentra estupendamente acondicionado para el descanso, la diversión y el buen comer. Si no te llevaste comida en plan camping, o no tienes combustible para las barbacoas, allí mismo tienes un par de restaurante pero por lo general -sobre todo fines de semana- tienes que reservar con antelación.

 

Por cierto, si llegáis a buena hora, es bueno que sepáis que en la plaza del pueblo han abierto una cafetería-churrería que hace las delicias de los senderistas. 

 

Ya que te suponemos en el área recreativa mi consejo es que con dos coches subáis del tirón la pista forestal del Cerecillo -casi 5 kilómetros- y dejéis uno de los coches al final de la ruta. Lo agradeceréis al terminar. Hecho esto volvéis a bajar con el otro coche al área recreativa y… zapato y manta… iniciáis el camino en el punto oportunamente señalizado.



La ruta la conforman un tramo inicial de subida triscando monte puro y duro, de casi tres kilómetros, otros tres kilómetros a recorrer por la acequia de la hidroeléctrica y ya al final de la ruta bajar la pista forestal en el coche que allí dejasteis. Te aseguro que estarás lo suficientemente cansado a esas alturas para no importarte bajar en el coche. Al fin y al cabo la pista forestal es lo menos glamouroso de esta ruta de senderismo. Una pista forestal como tantas otras.

 

El primer tramo de la senda, hasta alcanzar el nivel de la acequia, requiere salvar muchos rústicos escalones cuando no un abrupto camino en zig-zag que poco a poco va ganando altura. Te encontrarás con “la tubería”, que es por donde bajaba el agua desde la acequia hasta la central hidroeléctrica. Es la prueba de que estás en el buen camino. 



Una vez alcanzada la acequia viene lo más divertido de la ruta. Lógicamente la acequia ya no lleva agua y ha sido acondicionada para ser caminada. Atravesarás algunos túneles excavados en la roca en los que incluso será necesario que enciendas la linterna del móvil dada su longitud. El paisaje, desde las ventanas que te proporciona el recorrido de la acequia, es sencillamente espectacular.







Finalizado el tramo de la acequia llegareis al puente del Chillo, en el barranco del mismo nombre. Hay que pasarlo con cuidado y por el centro pues presenta cierta inestabilidad y las barandas no son muy seguras. 




Ojo¡ Cuando lleguéis al cruce del Sendero del Aguadero donde nosotros tomamos un tentempié, la ruta correcta es seguir hacia adelante y a nivel. No tomar el camino hacia arriba ni otro de bajada que sale a la izquierda. 




La senda termina en un pequeño puente de madera desde el que habría que subir, unos doscientos metros, hasta alcanzar la pista forestal donde dejasteis el coche. Pero no se os ocurra hacerlo sin antes subir el curso del riachuelo como unos doscientos metros. Allí encontrareis, a mi entender, lo más espectacular de la ruta; la Gran Cascada. 




Personalmente, y como nosotros no hicimos la maniobra de los dos coches que he recomendado, la bajada por la pista forestal se me hizo larga. Ya me dolían los dedos de los pies de ir “en frenada” casi todo el rato.

 

Menos mal que todo quedó compensado cuando llegamos al área recreativa, donde iniciamos la caminata, y nos sentamos a una de las mesas allí acondicionadas para dar cumplida cuenta de las viandas preparadas y la cervezas fresquitas que nos aguardaban en la nevera.

 

Por si no, también está el área dotada de un comercio que te las puede suministrar al tiempo que carbón para las barbacoas, agua, café y otras galguerías. 


Ea, a disfrutarlas. El tercer tiempo siempre fue el mejor del partido. 




2/11/24

las Canales de Padules

El cristalito de hoy lo voy a dedicar, como otras veces, a mi amigo el Sherpa. Siquiera sea por el recuerdo de otras tantas aventuras de las que ya nos están siendo tan caras. Para los demás tómese como una invitación a visitar un paraje tan desconocido como espectacular.

 

Les estoy hablando de Las Canales de Padules, en Almería. Y antes que después apuntar que a estos lugares nunca, nunca, se debe de ir en solitario. Y no es porque vaya a pasar nada… pero por si acaso. Además la belleza, compartida, es aún más espectacular. Esta vez lo hice en compañía de mi amigo Enrique, siempre dispuesto a estos menesteres. Gracias, amigo.

 

El primer paso para llegar a Las Canales es acceder al pueblo de Padules. Una vez allí conviene no dejar el coche aparcado en el pueblo, sino bajar al aparcamiento habilitado cerca del río. Hay otro aparcamiento aún más abajo, pero sólo admite una decena de coches y suele estar completo. Esto es así -lo de bajar con el coche, digo- porque la cuesta, de regreso hasta el pueblo, puede pesar en demasía.

 

Imprescindibles escarpines en los pies y pantalones cortos. Da por sentado que te vas a mojar.

 

Una vez llegas por el sendero al río Andarax puedes optar por seguirlo hacia arriba o hacia abajo. El trayecto total a recorrer es de unos dos kilómetros; en cualquiera de los dos sentidos es espectacular. Parece mentira que en un lugar donde llueve tan poco, y a tanta altura, corra tal cantidad de agua. Pozas, gargantas, pequeñas cascadas, saltos de agua, álamos, sauces, fresnos, juncos, conforman el escenario de Las Canales. 

 

En el propio lecho del río se ubica un merendero, el Molinillo de la Abuela, donde reponer fuerzas… cuando nosotros fuimos estaba cerrado. 

 

Una vez terminado el recorrido, la gazuza en el estómago, existen en Padules un par de restaurantes donde saciar el hambre. Conviene dejar reserva cuando bajéis hacia el río. Para evitar sorpresas de overbooking.