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DIOS TOLERA LO INTOLERABLE; ES IRRESPONSABLE E INCONSECUENTE. NO ES UN CABALLERO. (Don Jaime de Astarloa.- El Maestro de Esgrima)
ESCRIBIR ES METERSE EN CHARCOS. (Juan de Mairena.- Maestro Vidriero)

6/7/17

su verso me sabe a Gloria



Uno es mucho más de García Pavón, que de Borges; más de Lope que de Pratchett.  Se evidencia, creo, me mojan más las letras de los patrios que los de allende las fronteras.
Por eso recuerdo que el próximo día 28, de aquí a na, se cumplen 100 años del nacimiento de una poeta que llevo en el corazón; Gloria Fuertes. Y escribo poeta porque a ella le horripilaba que la llamaran poetisa.

La  he mencionado en este blog en más de una ocasión. Pero no quería dejar pasar este mes de calendario sin homenajearla. Sin incluir unos pocos de sus versos entre tanto cristalito de aventura y vida. En su memoria. En agradecimiento por los momentos de placer lector y sentimientos que me regaló.

Con ello pretendo lavar también un poco la imagen de poeta para niños que tiene la madrileña. Nada más lejos de la realidad. Quizás, en todo caso, llegaba especialmente a aquellos que, como el que les escribe, nunca dejaron de ser niños del todo.

¿Saben que Gloria era motera y que pilotaba frecuentemente una Vespa? En aquellos años –los 50- era algo muy llamativo, un puntazo.
¿Saben que una aerolínea noruega llevó su foto en la cola de sus aviones?
¿Saben que estuvo enamorada de la cantante Mari Trini y que esta no le correspondió?  Eso que ganó, que mira que es sosita la MariTrini.
Hay tantas cosas que no saben… que no sabemos… de Gloria Fuertes.

Decía de ella misma que la habían nombrado patrona de los amores prohibidos. E intentaba imaginármela, sin conseguirlo, participando en el World Pride que nuestros lumbreras postmodernos inventaron y celebraron estos días en Madrid.

Espontánea, divertida, irónica, disparatada, tierna, afectiva, surrealista, sencilla, solidaria, sincera… así la definen en la página web de la Fundación Gloria Fuertes. Yo añadiría algo más: Apasionada.
No es de extrañar pues que sea una referencia para este maestro vidriero.

La soledad es una hija de puta, le leí en alguna ocasión. Hoy, después de que te hubieras ido, ya te digo que no; que no estarás sola mientras aquí quede alguien que te lleve en la memoria.

Nací para nada o soldado,
y escogí lo difícil
-no ser apenas nada en el tablado-,
y sigo entre fusiles y pistolas
sin mancharme las manos.

Felicidades Gloria
; cien años no se cumplen todos los días.

Y aunque llorabas aquello de,
Todos los míos han muerto hace años, y estoy más sola que yo misma
Hoy en La Vidriera te dedicamos un cristalito para el recuerdo.


un lápiz
revoltoso


... mi lápiz se deshace si lo cojo y escribo,

mi armario se estremece si lo abro y me asomo...

4/7/17

Cuando subimos el Padrón

El domingo hicimos una cosa parecida al barranquismo… pero en suave.

Internados en el corazón de la Sierra Bermeja, paraje natural, allá por donde Cristo perdió las chanclas, bajamos hasta el cauce del río Padrón.
Luego se trataba, nada más y nada menos, que subir por el cauce del río hasta donde las fuerzas aguantaran… o el reloj indicase que había que volver. Fueron las dos cosas. Pero he de apuntar que mis dos acompañantes, cuando les dejan solos, van mucho más allá y aún les falta río.

Componíamos la expedición, además del que les cuenta, mis amigos Antonio (a) el Sherpa –que está en todas- y Aurelio (a) el Vete, que se apunta a un bombardeo y es muy inclinado a dejarse engañar –como yo mismo- por el sherpa de todos los sherpas.

Pecado de excomunión por mi parte no llevar el calzado adecuado; cualquier día nos matamos. Valga en mi descargo que no estaba en mi casa, que el aviso de la excursión fue precipitado y que desconocía el paño. Otra vez me pillarán más preparado.
En cualquier caso, experiencia única y divertida, mañana agradabilísima, y enormes deseos de volver pese a las caídas y los rasguños.

Dejo documento gráfico…

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el dilema

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20/6/17

... vestimos de blanco, somos del Madrid.

No sé si he llegado a decir aquí que, en mi casa, todos somos del Madrid.
El día 3 de junio me abstuve de ver el partido para no sobresaltar en demasía mi maltrecho y blanco corazón.
Pero al día siguiente, de Ciudad Real a Sevilla, paramos en Puertollano a comprar el Marca y celebrarlo mientras nos desayunábamos una de churros.
Eso sí, dixit doña Concha, cada uno lo celebra con los suyos… Dios los cría…

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15/6/17

Corta Atalaya

Buenos días, criaturitas.
Es lunes; bendito lunes. Y he vuelto a sentar el culo en el banco de mi galera.

Viene a cuento contarles que la mina a cielo abierto -oro y cobre- más grande del mundo –o casi-, es la de Chuquicamata, en el Antofagasta de Chile.
Aquí, en el Andévalo andaluz, tenemos la que durante mucho tiempo fue la más grande de Europa; y se la conoce por la Corta Atalaya. De esta sólo se extraía cobre y pirita. Cuando el precio del cobre y la pirita se desplomó, y aún aguantó, la mina fue cerrada.
A día de hoy permanece como un enorme cráter abierto al cielo, mudo grito de la tierra a cinco mil años de expolio.

El caso es que, cerrada la mina, tampoco se permite su visita. Sólo en casos especiales y grupos organizados que merezcan la atención de una visita guiada por parte de la Fundación de Minas de Riotinto. Así nos lo hicieron saber hace unos días, cuando mi amigo el Séneca y el que les habla se presentaron allí ávidos de conocer; así nos lo hubimos de tragar.
Pero por los inescrutables designios de los dioses, al día siguiente hube de volver a la zona y… ya de puestos, al regreso… volví a presentarme en los aposentos de la Fundación por si la insistencia servía de carta de acceso. Que nones.

Desandaba lo andado cuando encontré unos lugareños que caminaban junto al borde de la carretera. Me apee de Jack y les di carrete empleando en ello la mayor parte de mis naturales encantos. Les hice saber lo que me hubiera gustado asomarme a la Corta, lo de lejos que venía y lo bonito que era su pueblo.
Entonces uno de ellos, enternecido, me dijo:
-Ve su merced aquel camión que circula como a un kilómetro?
Pues por allí sale una carreterita pequeña. Sígala ochocientos metros y llegará a una valla cerrada que le cortará el paso. Estacione el coche y dispóngase a caminar.
Verá, pegado a la valla, un número de teléfono por si quiere visitar la mina: Ni se le ocurra llamar. En menos que canta un gallo tendrá allí un vigilante jurado que le quitará las ganas. Voltee la valla y siga camino adelante.
A unos doscientos metros encontrará otra valla cerrada. En esta verá carteles que le amenazan directamente con ponerle en manos de las fuerzas de seguridad del estado cuando no con la Royal Navy; que no quebranten su espíritu.
Si sigue la valla a un lado u otro, terminará encontrando alguna de las gateras por las que entramos los del pueblo.
Usted mismo.

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Llegados a este punto, se me ocurre decir que la Fundación Minera bien podría gastar menos dinero en carteles y más en arreglar los agujeros en la valla… pero ya se sabe lo lista que es la Administración. Y lo que piensa. Para más inri, esas gateras deben andar ahí desde los tiempos de Tiberio.

Si yo ahora, tan listo como la Administración, les pusiera aquí una foto con mi firma de la Corta Atalaya, sería como aquellos conductores que se graban circulando a 220 y luego lo suben a la red. No será el caso; ya saben todos ustedes lo respetuoso que soy con los cartelitos amenazantes y las normas dictadas por Papá Tutela.

Por cierto… me dicen que la locomotora abandonada en la hondonada… sigue allí.
Al Séneca le he mandado algunas… pero a cualquiera que me pregunte le diré que son obtenidas de la red.
Como esta… que les dejo aquí para que no se les salte la hiel –dixit doña Concha-.


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19/4/17

la Mina Conchita

El camino a todas las cosas grandes, pasa por el silencio.
Nietzsche.


Fué el día del Señor del 16 de abril de 2017; Domingo de Resurección, para los creyentes. 
Después de recoger por dos veces mi corazón de la cuneta, convine conmigo mismo que, de no matar al Sherpa, el Sherpa… un día de estos, me mataría a mí.

Pero esas cosas no se hacen con los amigos; a los amigos se les disfruta, o se les sufre, sin importar de qué lado sopla el viento. Incluso amigos, que como este, te digan convencidos que cada paso que les aleja de la civilización, del tráfico, del ruido, de la muchedumbre, le acerca más a Dios. Que es tanto como decir que les acerca a ellos mismos.
La banda sonora de estos guacabaud’s, es evidente, sólo puede ser el ruido del viento o el respirar de la naturaleza. Hay días, o ratos, en que comparto esa teoría.


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Sentados estos antecedentes, estas premisas aceptadas, la idea era volver al Nicio. El Nicio es una muerte a pellizcos que escribimos en el año 2012 y que pueden encontrar en este mismo blog (octubre 2012).

Pero alcanzadas las primeras cotas, el Sherpa se me vino arriba:
-Oye, Juanito, que digo yo que el Nicio ya lo conoces. Qué te parece si en vez de ir allí vamos a la mina Conchita.
-Qué coño es la mina Conchita?
-Una mina de wolframio abandonada; una pasada.
-Y eso qué esfuerzo supone?
-Bah… facilito… más o menos el mismo que subir al Nicio… pero vamos despacito y, ya sabes, donde no llegan los pedales llegan las zapatillas.

Pues vamos. 
Se ve que el no estar aún lo suficientemente cansado, no acordarme de anteriores sufrimientos, la llamada de la naturaleza, el cariño a la aventura o, definitivamente, que me va la marcha, me hizo aceptar la apuesta.

Dejamos la ruta del Nicio a la derecha y tras vadear el río Padrón comenzamos la subida al Puerto las Palmas, antesala del camino que nos llevaría a la mina. Aún éramos felices.

Parece oportuno hacer un paréntesis para contarle, siquiera sea brevemente, los antecedentes del lugar que luego íbamos a visitar. De cualquier manera, el lector viborilla podrá encontrar en la red numerosos trabajos que la estudian y de los que, al final, ofreceré bibliografía.

“La mina Conchita, bautizada así en honor a una de las hijas de Domingo de Orueta, su descubridor, se sitúa en la falda oriental del Cerro del Lentisco, en el corazón de la Sierra Bermeja, y a unos 800 metros de altura sobre el nivel del mar. De ella se extrajo la schelita, mineral de color caramelo claro del que se obtiene el wolframio o tungsteno, material de extraordinaria resistencia por lo que se empleaba en las aleaciones de acero para la construcción de tanques de guerra.
El descubridor, ingeniero malagueño, llegó a explotar la mina en los años veinte, pero de forma puramente artesanal. Fue más tarde, durante los años 1944 y 1945 –Segunda Guerra Mundial-, cuando se aceleró la producción, vendida íntegramente –con la oposición de los aliados- y a cambio de oro al gobierno de Hitler. El uso que se le dio al wolframio está constatado. No así el destino del oro que se recibió a cambio mientras en España se instalaba la más jodida de las hambrunas”.

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Hacía rato que habíamos dejado atrás y a la derecha las alturas en las que se asienta el castillo del Nicio cuando convinimos, vista mi falta de fuelle, que sería lo más sensato dejar amarradas las bicicletas y continuar la subida a golpe de zapato. Era eso o la mariconada de volver sin consumar. Esa fechoría aún no está escrita en nuestro vocabulario.

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jara pringosa

Comprendo a mi amigo cuando se entrega a estos paisajes. La naturaleza se presenta exuberante y donde no se cubre de pinadas lo hace con lujuriosas extensiones de cistus ladanifer o, lo que es lo mismo, jara pringosa; que en esta época del año lucen en todo su esplendor.

Al final haríamos unos tres kilómetros a pie. La antesala de la propia mina la constituye la Casa del Minero, muy bien conservada, junto a la cual se encuentra una piedra tallada que despertó mi curiosidad. La fotografié pensando que luego, en la red, encontraría los porqués de la misma. No ha sido así, pero dejo la foto por si alguien puede alumbrar en el pozo de mi ignorancia.

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La entrada principal de la mina, por razones obvias, se encuentra cegada. El único acceso a la misma se realiza a través de un respiradero. Dada la falta de entibación de las galerías, la antigüedad, las filtraciones y todos los impedimentos que a vuesa merced se le pudieran ocurrir, está absolutamente desaconsejada la entrada a su interior. Aviso a navegantes.

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Allá anduvimos, como Pedro por su casa, olisqueando en las escombreras de la mina, o entre la maleza, ignorante entonces –por omisión del Sherpa- de lo que más tarde conocería a través del testimonio de un visitante anterior:
“La mina está en muy malas condiciones ( mucha precaución ) y creo que la visita merece la pena, no penséis en hacer grandes hallazgos, porque es en las escombreras donde podéis encontrar englobadas en la dolomita y las calcitas espáticas : Bismuto, Scheelitas, Condroditas, y diferentes Teluros, etc . En los últimos años ha disminuido el tamaño de los ejemplares , encontrar cristales de más de 1cm es una grata sorpresa. Lo que si podéis encontrar en mayor o menor medida son los Alacranes que en esta zona abundan (he contado en una noche de verano más de 40 individuos de diversos tamaños en 50m2)”.

De haberlo conocido hubiera hurgado debajo de las piedras por ver de traerme un ejemplar para documentar este cristalito. Y, sobre todo, hubiera tenido mucho más cuidado respecto del lugar donde ponía los pies… o el culo.

Capítulo aparte merece, “ya que estamos aquí”, la visita a Juan el Eremita, amigo de mi amigo el Sherpa. Y aunque los amigos de mis amigos no son mis amigos, creo que la visita mereció la pena aunque fuese a cambio de las pocas fuerzas que ya me quedaban.
Este eremita, desprovisto de cualquier componente religioso, habita un poco por debajo del nivel de la mina y en perfecta comunión con la naturaleza. Vive de lo que la tierra le da. Mantiene algunos animales y cuida el huerto del que se alimenta. Nunca baja a la civilización. Tiene agua, obtenida de los acuíferos de la zona, pero no corriente eléctrica. Se cobija en un cortijillo en consonancia a su persona y modo de vida y su única familia son los cuatro perros que siempre le acompañan.
Me cuenta el Sherpa que, de cuando en cuando, un cuñado del eremita sube desde Estepona y le trae tabaco o algún otro lujo de escasa necesidad. De paso comprueba si está vivo.


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Me abstuve, por descontado, de hacer ningún tipo de consideración.
El lector, por su parte, puede hacer las que le venga en gana. Incluso puede, si le apetece, dejarla aquí para que la conozcamos.

Luego tocaba hacer el camino de regreso. Mucho más liviano.
Liviano por la satisfacción del objetivo conseguido y porque una vez alcanzado el lugar donde estaban amarradas las bicicletas, costaba poco más de media hora llegar al nivel del mar.

Y si la aventura termina de este modo,

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… es que merece la pena vivir la aventura.

Gracias, Antonio. Las posibles quejas que hayas podido leer no son sino un ejercicio de estilo; requisito imprescindible para mantener entretenido al personal; miserias de la profesión de cuentista.


DATOS OBTENIDOS DEL GPS -RUNTASTIC-:
Hora inicio; 8.42 a.m.
Distancia alcanzada; 22'79 kms.
Tiempo empleado: 4h 13m 16s
Altura ganada; 779 metros
Velocidad media; 5'40 kms/h
Velocidad máxima; 46'8 kms/h

BIBLIOGRAFÍA:
1. https://static1.squarespace.com/static/54be61f8e4b096702d5145f5/t/555527c9e4b0eca34182cd3f/1431644105266/T2-01-Juan_Carlos_Romero_pp_9-39.pdf
2. http://www.mtiblog.com/2013/10/mina-conchita-estepona-malaga.html

10/2/17

naufragios

-Sobre la tumba de un marino no florecen rosas (Joachim Lehnhoff)
-Todo español de bien debe mear siempre mirando hacia Inglaterra (Blas de Lezo).

Tal día como hoy, de 1895, desapareció en aguas del estrecho el buque de la Armada Española “Reina Regente”. Hace la friolera de 122 años. Con él desaparecieron sus 412 tripulantes.

El buque, la estrella de la corona, pero según los entendidos en la materia mal concebido y peor realizado, no tenía más de siete años. Se había desplazado el día anterior desde Cádiz a Tánger para trasladar a una delegación marroquí. Urgía su regreso a Cádiz para unirse a los festejos por la botadura de otro buque, el Carlos V. Así, a la diez de la mañana, se hizo al viaje pese a la mala mar y al aviso de una gran borrasca en la zona.
Oficiales de otros buques que buscaban abrigo y se cruzaron con el Reina Regente, relatarían que evidenciaba claras dificultades de maniobrabilidad. El mar lo debió engullir entre las 12 del mediodía y las tres de la tarde.

Durante días se alimentó la esperanza de que el buque se hubiera podido refugiar, finalmente, en algún puerto de abrigo. Desgraciadamente y en días sucesivos, un rosario de restos del naufragio sembrado entre las playas de Conil y la de Estepona, confirmaron la fatal noticia.

De sus 412 tripulantes, sólo se salvaron dos. Absolutamente borrachos, no llegaron a tiempo de embarcar en Tánger. Lo que en principio les pareció causa de empuramiento por lo militar, se convirtió en un pasaje al resto de sus vidas.

En la Tacita de Plata, por aquellos días enfrascados en sus populares carnavales, una chirigota cantaba:
¿Qué barquito será aquel
que viene dando tumbos?
será el Reina Regente
que viene del otro mundo.

La mayor parte de la marinería del Reina Regente era de Cartagena, ciudad que sufrió especialmente la perdida. Otro convecino notable, el pintor Manuel Wssell de Gimbarda, plasmó en un sobrecogedor óleo la tragedia de sus paisanos. El cuadro se conserva y expone en el Museo Naval de Cartagena.

naufragio

2/2/17

doña Concha -capítulo 2-

Les he dicho que don Bartolomé, el sobrestante, era el paradigma de la rectitud y legalidad; por tal, además, era tenido. Era el ying.
Las vicisitudes de la época, la miseria arraigada en las familias más pobres, la necesidad de sobrevivir, hizo que doña Concha fuera el yang.
Creo que fue eso que la empujó a contrabandear con las típicas “libras” de tabaco que desde el Peñón de Gibraltar se distribuían por toda Andalucía.

Un cronista de la época lo cuenta así:
En Bornos se decía “hacer un viaje”, el tomar el “coche de Ronda” hasta la estación de Montejaque y de ahí en “el corto” o tren hasta San Roque, donde en la posada de María Machuca se preparaban las cargas de aproximadamente 35 a 40 kilos por persona o espalda, además de comida para el regreso y la correspondiente manta, capote o cobertó.
El viaje de vuelta se hacía de noche y se iniciaba a partir de la señal del vigía, cambiando de itinerarios según los acontecimientos que se sabían desde las comarcas de Almoraima, Castellar, Jimena de la Frontera, Arcos, Alcalá de los Gazules, Paterna, San José del Valle, Ubrique… pueblos que pertenecían a la red de suministro y compra y a las que con no poco sacrificio se llegaba tras sortear los peligrosos Puerto de Galis, el charco de los Hurones, Los Frailes, La Mesa del Jardín, Las Anderas y hasta cruzar el Guadalete por su parte baja “la pasada de los cachones”.

U otro:
La gente de condición humilde se vio obligada a cruzar la línea roja que separa la legalidad de la ilegalidad, adentrándose en el mundo –muy concurrido en aquellos años- del estraperlo, el contrabando o el hurto.
En aquellos críticos días se intensificó también la práctica del contrabando desde Gibraltar a través de Cádiz y Málaga, principalmente de productos relacionados con la higiene -como las pastillas de jabón- y el vestido -fundamentalmente las telas y las medias de seda (solo lucidas en piernas pudientes)-, aunque también de medicamentos –penicilina y estreptomicina-, de tabaco y de alimentos de marcas extranjeras.

Con estos antecedentes, doña Concha decidió contrabandear, siquiera de cuando en cuando, con las libras de tabaco.
Y para ello tenía dispuesto un canasto, especie de maletín hecho de mimbre, que viajaba de un lado a otro de la comarca con la preciada carga en su interior.
Sucedió que el sobrestante, para portar la comida del día, utilizaba un canasto de idénticas características. Tan es así que a la provisión de comida para el día, la que se llevaban los operarios al tajo, se le llamaba sin más “el canasto”.

En los trenes de aquel tiempo, siempre viajaba, marcado por la ordenanza, una pareja de la Guardia Civil. Era común que, durante el trayecto, civiles y empleados ferroviarios –sobre todo los de cierta categoría- compartieran banco o compartimento.
Un mal día, el abuelo Bartolomé apañó el canasto de la cocina y se subió al tren. Como solía suceder, sus compañeros de viaje, sentados en la bancada de enfrente, era la pareja de la Guardia Civil.
Llegó la hora de comer y, en animada charla, el bueno del sobrestante abrió su canasto para acceder a la pitanza. Ni siquiera puso los ojos en el mismo, su vista estaba en los civiles que tenía enfrente y con los que charlaba.
Por dos veces sintió clavarse en su costado el codo del ordenanza, de Parra, al tiempo que le decía: Tate… tate…
Cuando el abuelo bajó la vista al canasto creyó morir. Expuestas como en un escaparate, vistosas y lleno hasta el borde, decenas de libras de tabaco se ofrecían como la manzana de Eva. Se había equivocado de canasto.

Don Bartolomé dejó caer la tapa del canasto, cambió de color y tomo el lívido de la cera. Alegó indisposición y aquel día no comió. Los picoletos tampoco dijeron nada. No vieron, o hicieron como que no habían visto. En aquel compartimento, aquel día, no comió nadie.

De lo sucedido entre don Bartolomé y doña Concha aquella noche, cuando el sobrestante regresó del tajo, no cuentan las crónicas, pero debió temblar el misterio. Y tanto tembló que el episodio se transmitió a puerta cerrada y en voz baja. Aquello acarreó un cambio de escenario en la vida del sobrestante.
Yo estaba allí y, ya entonces, me gustaba escribir las cosas.

Un canasto de la época,




Estación de Setenil de las Bodegas, Cádiz, en la actualidad.- La casa de los abuelos estaba situada, junto a otras, en el espacio que se extiende entre el edificio de la estación y el almacén de carga, justo en el lugar donde se ven apilados los montones de grava.