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DIOS TOLERA LO INTOLERABLE; ES IRRESPONSABLE E INCONSECUENTE. NO ES UN CABALLERO. (Don Jaime de Astarloa.- El Maestro de Esgrima)
ESCRIBIR ES METERSE EN CHARCOS. (Juan de Mairena.- Maestro Vidriero)

5/10/14

Otra vez, in memoriam

Se nos murió Federico.
Las pistas del Indalo se han quedado mudas, silenciosas, vacías.
Se nos murió FEDE y nos dolió más por inesperado, por inútil, porque no tocaba.

Ya nunca más oiremos sus voces mezcladas con las de los niños que entrenaba. Ni nos iluminará su sonrisa casi eterna. Ni le veremos arrastrar el carro de las bolas hacia la pista tres con su andar inquieto y nervioso. Ya no le pediremos el favor –concedido de antemano- que nos prestara uno de sus niños para echar unas bolas. Se ha ido Fede sin despedirse, sin hacer ruido, para que su adiós parezca un hasta luego.

Y aquí, sobre las pistas y jardines del Indalo, nos queda su recuerdo. La estela de los críos a los que hizo campeones, o a los que sin llegar a tan poco, hizo más hombres y mejores personas, que eso si que es un logro digno de palmarés. Nadie se malogró nunca sobre la arcilla o asfalto de una pista de tenis.

La tarde del sábado nos juntamos para honrar su memoria. Para de alguna manera, ofrecerle el adiós que él no quiso darnos. Para abrazarnos entre nosotros y con él, que así parece duele menos.

Las pistas, por una vez, quedaron de luto mientras asistíamos a la misa que compartimos en el porche del club. Hasta los gatos asistieron. Y la pista uno, desde ayer, ya no se llama así… que ahora es la pista Federico Sánchez, para que su memoria no caiga en el olvido cuando nosotros tampoco ya estemos aquí.

Federico Sánchez Andreu (a) Fede, granaino y del Barça, siempre del Barça. Campeón en el 90 del torneo Challenger de Pescara (Italia), número 138 del mundo, que tampoco es que importe mucho… si acaso servir de recordatorio que ninguno de nosotros ni se acercó. Y ahora número uno, por siempre, en las pistas a este lado del Andarax.

Este cristalito es en tu memoria.

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17/9/14

el Celebrity Constellation

Siquiera sea para mitigar los bostezos del autor, o contentar a Dorita… la única lectora de este blog –que ya tiene mérito-, les voy a contar que el pasado fin de semana visitó el puerto de Almería el Celebrity Constellation.

El Constellation es un crucero de la categoría “que te cagas”, de los que se ven pocos por nuestro puerto. Una inmensa mole azul y blanca cuya majestuosidad eclipsa casi cualquier cosa que tenga a su alrededor.



Si alguien con vocación de fotógrafo recibe la noticia de que el barco va a zarpar a las cuatro de la tarde, por mucha hora de la siesta que sea, por mucha Vuelta Ciclista a España que retransmitan en la tele, uno acaba cogiendo a Nikita y se va al muelle de levante para decir adiós agitando su pañuelo a los afortunados pasajeros de tan descomunal barco.

Ya de puestos me he informado. Y para los amigos de las estadísticas puedo decirles que el susodicho tiene 294 metros de eslora y 32 de manga. Que pesa 91000 toneladas, tiene 11 cubiertas y puede navegar a 24 nudos. Que fue botado en el año 2002 y que su capacidad de ocupación es de 2034 pasajeros y mil tripulantes; un tripulante por cada dos pasajeros, lo que da idea de la atención a bordo. Casino, piscinas, gimnasio, jacuzzi, cines, biblioteca, teatro, bares y restaurantes son algunos de los servicios que se encuentran intramuras.
Navega, eso si, con pabellón de Bahamas.



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12/8/14

Gloria a Dios en las alturas: Vela Blanca.

Música para acompañar


Uno, en su calidad de ciclista piltrafilla, no es muy dado a frecuentar las alturas. Siempre he preferido el llano.
Lo cual no significa que, en ocasiones, enfrentemos la excepción. Además, me pareció una buena ocasión para hacer mayor a Julieta.
No todos los días se sube a Vela Blanca. Atalaya mítica, muy celebrada, conocida y gloriosamente conquistada cuando el ardor guerrero –que ya no- inflamaba nuestras almas.
Eso, y contárselo a mis nietos, justifican –de sobrado- este cristalito.

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Vela Blanca es el vértice que divide los confines del Cabo de Gata con los de San José. Cima de la categoría del Puerto de la Mentira, llamado así porque nadie se cree que hayas subido allí. De hecho, si yo lo hice, fue porque andaba extraviado y más perdido que turco en la neblina.

Esta vez iniciamos la aventura desde la aldea de San Miguel, no fuera a ser que en el calentamiento se nos agotase la gasolina y no hubiera más que contar. Para cuando dejábamos atrás la iglesia de Las Salinas ya estábamos tonificados, subir la cuesta del faro nos puso en antecedentes de lo que nos esperaba y, a pie de Vela, el testigo de la temperatura corporal subía tres rayitas por encima de lo habitual.

Si bajar desde Vela Blanca duele y debes hacer virguerías para no salir despedido por delante del manillar, imagine su merced lo que será subir.
Guardo, para estas ocasiones, los consejos del peregrino Martínez en aquella cruzada que supuso el Camino de Santiago. Aconsejaba el guripa no mirar nunca hacia arriba, ni hacia abajo, clavar la vista en la rueda delantera y olvidarse del tiempo y del espacio, como canta el Battiato en su no time no space. Sólo así se consigue llegar a la cima.

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el faro del Cabo, punto intermedio

Confieso, sin rubor, que una parte de la subida la hice descabalgado y arrastrando a Julieta, lo que si bien es un desdoro para mi currículum deportivo, no es menos cierto que engrandece mi voluntad y sirve de cura de humildad al ego siempre desbocado.

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a media ladera... o a media vela; un respiro para respirar. Al fondo, el faro de Cabo de Gata

Una vez arriba, atrás los momentos en que pareció que la vida se escapaba por tu boca, la recompensa vale con creces lo sufrido.
Ante la silenciosa presencia de la torre, que data del año 1767, sumergido en la brisa o el viento –según toque- las rocas que coronan el acantilado dan paso al abismo siempre azul del mediterráneo.
A occidente el faro del Cabo de Gata, a oriente las calas del Barronal, Monsul, Genoveses y allá a lo lejos la torre gemela de La Polacra, ponen limites a algo parecido al nirvana.

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Ya solo queda bajar. Ahora serán protagonistas los frenos de Julieta, mientras tu clavas las palmas de las manos en el manillar y atrasas el culo cuanto puedes para llevar el centro de gravedad a puntos lo más razonables posibles.

Con todo, aconsejo al lector la aventura. No es sitio al que haya que subir todos los días, pero hacerlo una vez al año, como el ir a la Meca, es lance que mortifica el cuerpo, hace expiar los pecados y reconforta el espíritu.

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No es prurito personal, es fe notarial; por si alguien lo pone en tela de juicio.

6/8/14

la historia según Mairena: María de Padilla

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Grabado de Paul Gervais

Quiero hablarles hoy, a modo de pasatiempo, de María de Padilla.
María de Padilla, a poco que miren la Wikipedia, conocerán fue la amante amantísima de don Pedro I (a) el Cruel, para otros el Justiciero, lo cual no viene sino a confirmar el viejo dicho que la feria va por barrios.

Un buen amigo mío lo describe de otra manera: Seas quien seas, me dijo, siempre encontrarás una persona que te eleve a los altares y otra que diga de ti eres un perfecto hijo de puta; al final, sólo será lo que tú quieras que sea.

El caso es que don Pedro, rey de Castilla, se prendó de doña María en el descanso de una de sus escaramuzas guerreras y ya no tuvo ojos más que para ella. Y eso que don Pedro, según relatan las crónicas, se enamoraba de un palito con faldas. Doña Blanca de Borbón, Juana de Castro, Isabel de Sandoval o Aldonza Coronel no fueron sino otras tantas que quedaron eclipsadas a los ojos del monarca bajo el influjo hechizado de doña María. Pudieron ocupar, estas y otras, la titularidad del contrato, pero nunca ocuparon el corazón del Rey, siempre subyugado por el influjo de María.

Bien es verdad que la Padilla la diñó cuando apenas cumplía los veintiocho y su majestad no tuvo apenas tiempo de verla deteriorada. Ni siquiera vivió con ella de continuo lo que evitó el daño de la convivencia, que todo lo pervierte y emponzoña, pero quede constancia, de una manera u otra, que María de Padilla fue la verdadera reina consorte y ejerció como tal mientras sus piernas –bellísimas- la sostuvieron.

Cuentan las crónicas que María de Padilla, de familia bien, era “muy fermosa, e de buen entendimiento e pequeña de cuerpo”, algo así como nuestra… Shakira, versión año 1340.
Las buenas lenguas cuentan de ella intercedió muchas veces ante el Rey para salvar el cuello de alguno de los nobles de la corte que se habían pasado no ya tres pueblos, sino uno y medio.
Las de doble filo que intrigó cuanto pudo y, en su medrar, llegó a envenenar a doña Blanca de Borbón, a la sazón esposa legal del Rey.

De una forma u otra, entre polvo y polvo, a doña María le dio tiempo de construir… o construirse, el monasterio de Santa Clara de Astudillo pues ya preveía la buena mujer que aquello no podía terminar bien de ninguna manera y quería asegurar un reposado lugar a sus huesos para cuando la fortuna o el favor del rey la abandonaran.

Lejos de que eso ocurriera, a tal punto llegó la adoración de don Pedro por su amante que dado que esta gustaba bañarse desnuda bajo la cripta abovedada de Los Reales Alcázares, obligó a todos los nobles de su corte a bajar con él a los baños y admirar el venusino cuerpo de su amada.
Una mañana, en pleno éxtasis amatorio, encoñado y caliente como un becerro, don Pedro exigió a alguno de ellos que bebieran del agua en la que se sumergía la Padilla.
A ello se negó don Juan de Orduña, secretario real. Haciendo honor a su apelativo primero, y ya con el pescuezo sobre el tajo del verdugo, don Pedro pidió explicaciones al súbdito sobre el motivo de la negativa. En un momento de inspiración divina, don Juan alegó:
-Es que… majestad… tal es la belleza de doña María que temí que, en probando el caldo, se me antojase la perdiz.

Ello le salvó la vida. A don Pedro le hizo gracia la respuesta y se contentó sólo con desterrarle.

Pero no fue el único fanatismo del Rey en lo tocante a su loco amorío. Una vez fallecida doña María -"en este año morio en Seuilla de su dolençia doña María de Padilla. E fizo el rey fazer alli e en todos sus regnos grandes llantos por ella e grandes cumplimientos"- el Rey la lloró tanto que hizo que la corte besara la mano de la difunta –al parecer había muerto infestada de peste-, hizo fuerza papal para que se anulasen todos sus anteriores matrimonios y se la reconociese como única reina, legitimando así su descendencia con ella (cuatro hijos como cuatro soles) y trasladó finalmente sus restos desde el monasterio de Astudillo a la catedral de Sevilla, a fin de que descansasen junto a los suyos.

La fotografía que les traigo, de los baños que a día de hoy han sido bautizados como Maria de Padilla, no es mía sino interpuesta por un amigo que me la hizo llegar junto a la leyenda. Con la promesa, eso sí, que a fin de mejorarla visite en cuanto me sea posible los Reales Alcázares de Sevilla y honre, de este modo, la memoria de tan especial mujer.

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Baños de María de Padilla, Reales Alcázares de Sevilla

La mañana del 19 de enero de 2015, con un frío gélido, cinco grados al sol, doña María de Padilla quedó debidamente cumplimentada y mi promesa cumplida. El lugar, sótanos de los RR.AA. de Sevilla, carece del glamour que le suponía. Es más, dudo mucho que la Padilla mojara el culo en aquellas aguas, pero no seré yo el que ponga en solfa la leyenda. A lo mejor en verano…

Dejo una foto de la nave central,

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y otra de una de las galerías laterales y paralelas a la misma.

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13/7/14

la palmera estresada

Alguien tuvo un día la mala idea de plantar su tronco junto al de un ficus milenario. No debía ser el hombre un entendido, ni un jardinero primoroso, ni siquiera alguien con sensibilidad superior a la de una algarroba.
Eso sucedió cuando nuestra protagonista apenas era una mocita.
Y desde entonces vive en una lucha contrareloj por la supervivencia.

Esto es así porque, desde aquel aciago día el ficus milenario, mira tú que gracia, tiene como único objetivo engullirla. A la vista de todos y sin remedio posible.
La fuerza de la juventud obró el milagro que lograra atravesar con su cresta la frondosa maleza del ficus para recibir los rayos de sol que la mantienen viva, pero ya va siendo mayor… las fuerzas escasean… y el bocado vegetal y asesino se cierne cada vez más cerca sobre su tronco.

La humanidad, a todo esto, se pasea indiferente a la sombra de la tragedia. Ni siquiera mereció nunca –hasta ahora- la atención del fotógrafo o de la asociación benéfica de turno que la libre de un fatal desenlance. Los transeúntes derraman su prisa bajo sus hojas, ciegos, insensibles, sin el gramo de cordura que les haga levantar la vista del suelo y les enfrente con el drama.

Mientras tanto, la palmera estresada se estira en un postrer intento de tomar la última bocanada de aire, el último rayo de sol, que le permita vivir media hora más. Ha conseguido, eso si, ser la palmera más alta de la comarca.
Pero esas, desde luego, no son formas de vivir.


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Paseo de Almería, la palmera estresada

7/7/14

la primera vez con Julieta

Luis Miguel nos servirá de maestro de ceremonias,


El domingo fue mi primera vez con Julieta.
Y fue como todas las primeras veces; una mezcla de pasión, deseo, misterio, cautela, sorpresa y deseos de quedar bien. Aún es pronto para saber si esto prosperará, que sólo estamos conociéndonos.

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El caso es que para la cita contábamos con el viento, pero no con la niebla; la mañana amaneció cubierta de una bruma tan espesa que ríete tú de la londinense. A cambio el poniente, cuando dejó de ser una amenaza para convertirse en certeza, ya nos daba en la espalda.

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Elegimos para la cita una ruta sin demasiadas exigencias. Casi cuarenta kilómetros, pero con firme decente y perfil sin sobresaltos. Justo los que nos llevan desde el puerto de Aguadulce a la Laguna de Cerrillos, ya en el parque natural Entinas-Sabinar. Y luego volver, claro. Precaución mínima si de evitar el gatillazo en la primera cita se trata.

Así, oyó por vez primera el golpear de las drizas sobre el palo de los veleros en el puerto deportivo, sintió el olor a yodo y a mar, atravesamos la niebla que cubría la Puerta Verde de Roquetas como quien se adentra en un mudo misterioso y, una vez que levantó, nos alegramos la vista ante las bañistas que paseaban –mira que cosa tan linda- los márgenes de nuestro camino.

Ya en el parque natural Entinas-Sabinar no podía faltar que le presentara la famosa Torre del Cerrillo, ante cuya derruida figura posó. Y ya de puestos, nos llegamos a los confines del mundo, al Charcón de los Flamencos, como firme promesa de los lugares que visitaremos.

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Eso si, antes habrá que pasar por el taller. El plato delantero no desciende como debiera y a las bicicletas, como a las novias, no se les puede dejar de la mano.

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Para curiosos:
Lo que ven no es el mar, sino una laguna interior, de las que se empleaban para extraer la sal en tiempos no muy lejanos. Esta en concreto es la Laguna de Cerrillos.
1.- Duna móvil
2.- Faro de Punta Entinas
3.- Flamencos
4.- Restos de la industria de la sal
5.- Alacranera, o Sosa Jabonera, planta endogámica del lugar, frecuente en los habitat de terrenos salados, con abundante humedad, salinas costeras, y lechos limosos de río y torrentes del interior. Como su propio nombre indica servía y sirve para...
¡coño! que me estoy transformando en modo wikipedia.

4/7/14

Julieta

El Battiato vendrá bien,



Después de cinco benditos años, por los que sólo puedo mostrar agradecimiento, a Lagartija le llegó la hora de la jubilación. Fiel compañera, divertida amiga, amante discreta y silenciosa, merece mi más sentida gratitud y reconocimiento.

Vivimos juntos extraordinarias aventuras e inolvidables recorridos. Desde la Sierra Norte de Sevilla a las cumbres de Alcaraz, pasando por la Vía Verde del Aceite en la campiña cordobesa, alguna vez formamos juntos parte del paisaje. Y eso sin contar el sinfín de ocasiones en que hicimos nuestra esa maravilla que otros conocen por el Parque Natural del Cabo de Gata y que no es sino el patio de mi casa.
Con ella me planté a las puertas del Convento de los Jerónimos, en la antesala de Medina Azahara, obteniendo de paso una de mis más celebradas fotografías, nos adentramos en los vericuetos que nos llevarían a la Charca de las Nutrias, o treparíamos hasta las mismas puertas del castillo del Nicio, juntando cicatrices de las que dejan memoria.

Pero los tiempos cambian y hemos de renovarnos para morir un poquito más tarde; media hora más tarde.
Así que este verano, aprovechando que he sacado el curso entero y se ha notado poco –casi nada- lo malo que he sido, me ofrecí la oportunidad de cambiar de bicicleta.


La nueva, que les presento, se llama Julieta. Julieta Bhernarda Spike; de las Bhernardas de toda la vida.
Básicamente se diferencia de Lagartija en que su paso de rueda es mayor y que el sistema de frenado es hidráulico. Su línea, estilizada, está en consonancia con los nuevos tiempos y el aire de modernidad que nos invade. Un cañón de bicicleta.

Espero vivir con ella siquiera la mitad de las emociones que disfruté con su antecesora. Esa sería, a buen seguro, inagotable fuente de inspiración para seguir juntando cristalitos en esta Vidriera cada día más espectacular.

Aquí la tienen -a modo de presentación- posando junto al Gran Cañón de la Trinidad, lo que ya de por sí es augurio de aguerridos lances y cautivadoras historias.

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Lagartija ha muerto.
¡Viva Julieta.!