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DIOS TOLERA LO INTOLERABLE; ES IRRESPONSABLE E INCONSECUENTE. NO ES UN CABALLERO. (Don Jaime de Astarloa.- El Maestro de Esgrima)
ESCRIBIR ES METERSE EN CHARCOS. (Juan de Mairena.- Maestro Vidriero)

23/1/23

la muerte indigna

En uno de los museos de la ciudad se expone estos días un testimonio acerca de la creación de la provincia de Almería; año 1822.

En la misma sala coincidimos esta mañana el que les escribe y un grupo de alumnos de un instituto de la capital; chaval@s en torno a los 15/17 años.

El profesor que les guiaba, un enamorado de su profesión a juzgar por lo que vi, se detuvo a explicarles las peculiaridades del absolutismo; Fernando VII. Y dentro de ese discurso acertó a contarles que el sistema absolutista tenía dos modos de quitarse a sus enemigos de encima; la muerte digna y la muerte indigna.

El profesor quiso quedar ahí; la prudencia revoloteando por la sala, pero el alumnado –rara cosa en estos tiempos- quiso saber más. Puso entonces el profe como ejemplo de muerte digna la guillotina, o el fusilamiento de frente. Como ejemplos de muerte indigna el fusilamiento de espaldas o la horca.

Demasiado pastel para contener las ansias. Por qué… en qué se diferencian, quiso saber la chavalería.

Entonces el profesor, sin pelos en la lengua y sin lenguaje de medias tintas les contó que la guillotina era una forma digna porque la muerte sobrevenía limpiamente, un tajo y aquí paz y allá gloria. También lo era el fusilamiento cuando el condenado podía morir mirando a los ojos a su verdugo. Sólo los nobles morían en la guillotina. Que se lo cuenten a María Antonieta.

Sin embargo la horca era una muerte para villanos, para plebeyos. El ahogamiento por acción de la soga hace que se te aflojen los esfínteres, por lo que en la mayoría de las ocasiones te cagas y te meas, con la humillación añadida que esto supone. Además no mueres de inmediato, sino que pataleas un rato antes de que Caronte acepte subirte a su barca. Una muerte a todas luces indigna. Además, y esto lo añade el maestro vidriero, en la horca murió Judas Iscariote, el traidor, el de las treinta monedas; no creo que haya que añadir nada más.

Puedo asegurarles que no se oía en la sala ni el vuelo de una mosca; sólo la exposición cadenciosa del profesor ejerciendo su magisterio.

Y a mí se me vino al campanario aquella cita de Joselito el Gallo: Sólo te vas a morir una vez, trae cuenta hacerlo con decencia.


14/12/22

las Menas de Serón

El poblado minero de Las Menas se ubica en la cara norte de la Sierra de los Filabres, pasado el Calar Alto según vas desde Almería. Doce kilómetros más abajo queda el pueblo de Serón, a cuyo término municipal pertenece. Nada que ver con el desierto de Tabernas que hemos dejado atrás; más pareciera que estamos en los pinares de las altas tierras de Soria.

El poblado minero creció en torno a las minas de hierro que allí se explotaron a partir del año 1860. Fue un poco lo de siempre; empresas extranjeras vinieron a por la riqueza que escondía nuestra tierra, que les sacamos además con nuestros propios brazos, para dejarnos después en el más absoluto de los abandonos.

Tal importancia llegó a tener el poblado que aquí se contaban escuela, bar, cine, casino, hospital, economato, cuartel de la Guardia Civil y hasta una plaza de toros.

Lo sangrante es que Las Menas ha sido abandonado dos veces. Primero por las empresas europeas que lo gestionaron, después por la propia administración andaluza.

Porque este poblado fue rescatado del abandono en el año 1983 para ser puesto en valor como referente turístico. Y aquí se gastaron un montón de dinero, una riada de subvenciones, para convertir aquello en una especie de paraíso de alojamiento y diversión. Todo comenzó a funcionar en torno al año 2000 y fue nuevamente abandonado, sin más razones, en el año 2013. La razón? habría que preguntárselo a Iker Jiménez y que dedicara a ello un especial del Cuarto Milenio.

A día de hoy los hermosos edificios que componen el complejo permanecen cerrados, abandonados, en estado semiruinoso, cubiertos de maleza y en la más completa desolación. Sólo el Camping de las Menas y su restaurante, de propiedad particular, escapan de la agonía del entorno.

El apartahotel construido, los bungalows, la casa del médico, y el resto de edificios coloniales que componen el conjunto urbanístico mueren, cada día un poquito más, en este privilegiado enclave de la Sierra de los Filabres. Sólo el viento se mueve ya entre ellos.

En la misma situación se encuentra el Parque Forestal inaugurado con pompa y boato en el año 2008 para ser abandonado poco después.

Y en medio de tanta ruina, la ermita de Santa Bárbara, erigida por los mineros en el año 1911, se eleva airosa sobre un pequeño montículo en uno de los recovecos que forma la estrecha y sinuosa carretera que baja a Serón. Me quedo con su imagen, por hacerlo de algo positivo, en esta excursión de un domingo de invierno.

 

Bibliografía:

Conchi Ruiz Alonso, el Confidencial Andaluz.

Rincones de la red.


-paisajes increibles

-la casa del médico; aquí ya no se cura a nadie.

-lo que debía ser un apartahotel.

-monumento al olvido.

-airosos, a nuestro pesar.

5/12/22

el bibliocausto

Y uno a uno, fueron revisando todos los libros, tirando a una pila sobre el patio la gran mayoría, salvo excepciones a los que el señor cura ofrecía su indulgencia, como el gran Amadís de Gaula o La Galatea, de Miguel de Cervantes. El resto, ardieron todos. 

(El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha).


Desde el principio de los tiempos, todas las sociedades que el hombre ha ido formando han sido muy dadas a quemar libros en la hoguera.

China, Alejandría, Roma, la Francia de Luis IX, el Cardenal Cisneros en España, la Italia del monje Savonarola, los nazis sobre los autores judíos, Argentina y las dictaduras sudamericanas, el Estado Islámico… pocas, por no decir ninguna, son las sociedades que se libran de la lacra del bibliocausto.

Las razones para arrojar los libros al fuego han sido, siguen siendo, de lo más variopintas; políticas, religiosas, ideológicas, racistas, de moda. Todas ellas, desde luego, sostenidas en los pilares del fanatismo y la ignorancia.

Todo esto se me ha venido hoy al campanario cuando, muy de mañana, he visto a unas señoras revisando algunos de los textos que algún desahogado, imbuido del espíritu de los que antes he citado, había arrojado a los contenedores de basura –léase la pira- cajas y cajas de libros de texto.

Tal práctica, cada vez más común porque es más fácil abrir un contenedor que encender un fuego, debería ser delictiva. Como delictiva la siento, y me da absolutamente igual quienes sean los autores y de que traten los textos abandonados a su suerte. Ni siquiera se molestó el propietario en depositarlos en el contenedor de papel/cartón, circunstancia esta que no le eximiría de la pena, pero podría actuar como atenuante.

Y como dice mi nieto Sergio, no me cabrea... pero me da coraje.



29/10/22

el Tótem del 13... y su p* m*

Me quedan tres meses para brincar la frontera de los setenta. Ya no contaré los años con el seis, sino con el siete. Que no es lo mismo. Así que tenía que ser ahora o nunca.

Les estoy hablando de subir al Tótem del 13. Una figura escultórica que el Grupo Senderista Pies Negros vino a colocar allí donde Cristo perdió las alpargatas.

Valga en mi descargo que si llego a saber, con exactitud, dónde exactamente está ubicado el dichoso Tótem, se hubiera quedado esperándome por la eternidad.

Pero uno preguntaba y le decían… por las antenas. Se referían, claro está, a las antenas de Aguadulce. E ingenuamente daba por supuesto que el Tótem puñetero estaba al lado de las antenas o… poco más o menos. Eso... y las ganas de fotografiarlo.

Si ya subir a las antenas tiene delito y no es en absoluto recomendable para cualquiera que tenga en estima su salud y su integridad física, lo de llegar al muñeco, supone como subir las antenas otras dos veces más. Y llegas a verlas allá abajo… abajo… abajo…

Sin más dilación pido desde aquí perdón a mi amigo Enrique, al que metí en este embolao sin conciencia cierta de lo que estaba haciendo. Fue sin premeditación ni alevosía, amigo. Prometo, firmemente, no volver a darme/darnos ningún disgusto de estos más sin antes comprobar, acta notarial mediante, que la excursión será incolora, indolora e insípida.

En la página web del propio grupo senderista se puede leer:

"Orgulloso. Robusto. Con la penetrante mirada de un búho, que sirve para vigilar toda la sierra de Enix y la bahía de Aguadulce. Cuestas duras y escarpadas para visitarlo, amén de una pequeña pasarela de tierra natural no apta para gente con vértigo. Hay que tener unos cuádriceps potentes y unos ísquios ágiles para entrar en la morada del tótem indio de los 13 Runners Pies Negros.

Costó Dios y ayuda subirlo a su privilegiado lugar, en uno de los balcones de Enix, que divisan todo el poniente almeriense. Los 300 kilos de peso se unieron a las pendientes tan empinadas, con mucha piedra suelta y arenilla que resbala.

Así, una furgoneta lo transportó hasta el túnel por el que se atraviesa desde la parte norte de Aguadulce hasta el acceso a las antenas de dicha localidad. Desde ahí para arriba, tres kilómetros y medio en carretilla, tirando de cuerdas por delante y empujando desde atrás. Tan cansados o más que en un ultra trail por montaña, los Pies Negros afrontaron el sprint final en grupos de seis dándose relevos, para pasarlo por un estrecho cortado, que conducía a su privilegiado asentamiento".

Me ha recordado esta aventura aquella otra de abril de 2016 –que pueden leer en este mismo blog- y que promovido por mi amigo AA @ el Sherpa, al que estas emociones le privan, consistió en alcanzar la cumbre de Sierra Bermeja siguiendo el trazado de las torretas del tendido eléctrico que suben hasta la misma. Pa habernos matao.

Mi nieta Lucía, doce años, al ver alguna de las fotos que les acompaño y en un arranque de sinceridad adolescente, exclamó: A cualquier hora me voy a poner yo a subir cuestas para llegar al espantajo ese.

Es una opinión, claro. Mis fieles lectores, mis queridos amigos, advertidos quedan.

Estas cosas… prefiero que me las cuenten. Como yo a ti ahora.


1. La entrada al Purgatorio


2. Dos, mejor que uno.


3. Cuestas


4. ... más cuestas


5. ... y más cuestas



6/7.  Siguiendo el rastro


8. Y por fín...


9... el Tótem de los Pies Negros (es el de enmedio)


10. Lo mejor de estas peripecias es que siempre suelen acabar de la misma forma, en la mesa de un bar y con unas cervezas fresquitas... muy fresquitas... para comentar la jugada.


3/9/22

Marta Pérez

Deberán conocer los cuatro seguidores de este blog, y mis nietos cuando lleguen a edad de analizar, que el Maestro Vidriero fue un amante de la tauromaquia. Sin estridencias, dispuesto a cambiar algunas cosas tras consensuarlas, pero taurino al fin y al cabo. Y es de la Fiesta de lo que toca hablar en este cristalito.


Llamarse Manuel, y apellidarse Diosleguarde, son señas identitarias que apuntan al milagro si figuran en el DNI de un torero.

Cuando en la tarde del domingo 28 de agosto el ya citado quedó prendido por el muslo en un pitón del astifino de Cebada Gago, todos en la plaza de Cuellar (Segovia) advirtieron al momento la gravedad de la cornada pues la pierna de Diosleguarde, rotas la safena y femoral, era una fuente de sangre. 

El percance se produjo cuando el diestro ejercitaba la suerte suprema, mitad con el estoque mitad con el corazón.Las dos orejas del morlaco le fueron llevadas a la enfermería donde ya no estaba en posición de recibirlas.

Por suerte para él, en la enfermería de la plaza de toros de Cuellar ejercía su magisterio la cirujana Marta Pérez, a la que sin duda el torero le debe, literalmente, la vida.

Tenemos en España una pléyade gloriosa de cirujanos taurinos, los ángeles de la guarda –estos sí-, muchos de ellos tan famosos como los propios toreros, pero creo que la doctora Pérez es la primera mujer –corríjanme si me equivoco- que salta a la primera plana de los medios de comunicación especializados en tauromaquia.

Personalmente pienso –ténganme indulgencia si no piensan lo mismo- que un cirujano taurino no llegará a la excelencia si no es aficionado a los toros. La cirugía taurina es una cirugía de guerra y hay que tenerlos muy bien puestos para atender con la necesaria sangre fría y lucidez mental “los problemas” que les pongan sobre el quirófano de la enfermería. 

Me consta que la doctora Marta Pérez lo es; aficionada, digo. Y lo es porque ha descrito que la cornada que sufrió Diosleguarde era similar a la que mató a Manolete. Es evidente que tiene bien estudiada la materia. 

La vida se va en lo que se vacía una garrafa; ha dicho después la doctora.

La doctora Pérez si que tiene, más que merecido, las orejas, el rabo y los emolumentos de cualquier torero puntero del escalafón. De hecho, y como la fiesta sigue… al día siguiente y en la misma plaza, el equipo de la doctora Peréz recibió una sentida y merecida ovación que ellos –obligados- recogieron en el centro del ruedo.



-Real Maestranza de Ronda (Málaga).


2/9/22

Cincuenta años.

Tal día como hoy, 2 de septiembre de 1.972, cruzaba las puertas de esa Academia un chaval con 19 años, las ideas bastante claras y el único equipaje de una maleta con pocas prendas pero un sinfín de sueños por cumplir. Hoy hace cincuenta años. 

Vigor, firmeza y constancia, 
Valor en pos de la gloria… 

... aprendí allí. 

Hubo de todo, como en botica. Los malos ratos casi los he olvidado, los buenos me acompañaran siempre. 

Doy gracias a la vida por haber permitido completara la travesía; otros compañeros no tuvieron tanta suerte. También a los que estuvieron cerca de mí y la hicieron posible, empujando todos en la misma dirección. 

Cuarenta y cinco años, 4 meses y 29 días después, por imperativos de la edad, me vi obligado a dar un paso al lado… pero no por eso arrié mi bandera o me bajé del barco. Ella... la bandera, digo, y un uniforme color verde oliva me acompañarán hasta el fín de los días. Esto, como el sacerdocio, per sécula seculórum. 

Y sabes qué? Cincuenta años no es nada.










Vestido de bonito y preparado para salir. Seguro que era domingo o fiesta de guardar.

22/8/22

la radio... la vieja radio

 

Leía el otro día, a un compañero en esto de la escribanía, hablar sobre la radio... la vieja radio... 

Y se me vino al campanario que uno siempre ha sido más de radio que de tele… por variadas razones entre las que destaca que la puedes disfrutar sin que te invada por completo. La disfrutas, pero no te ahoga.

El caso es que se me fue la cabeza muchos años atrás, cuando la radio era la reina de la corona porque la tele aún no había aparecido en nuestras vidas. Ya sabemos que pasó cuando lo hizo.

Y los recuerdos me llevaron a la estación de Setenil, donde mi abuelo era el sobrestante y donde su hogar estaba presidido por un voluminoso aparato de radio que, dado que allí no había electricidad, se alimentaba con una batería y un curioso aparatito intermedio que todos conocíamos como el voltímetro.

Recuerdo como cada día, a las dos de la tarde, mi abuelo sintonizaba el aparato para escuchar –mientras comíamos- el parte, que entraba en nuestras vidas con su habitual sintonía. El parte no sólo se oía con atención sino con devoción. La audición del parte era tan sagrada, o más, que acudir a misa los domingos. Veo, como si fuera ayer, como recogidos los platos de la comida del mediodía, mi abuela y el personal del servicio se reunían en torno a la radio para escuchar la novela. Y por la noche, puntuales y sin faltar nunca a la cita, oíamos Matilde, Perico y Periquín.

Los nombres de Matilde Conesa, Pedro Pablo Ayuso, Matilde Vilariño o Guillermo Sautier Casaseca me eran tan familiar como los de mi propia familia.

Amaba de la radio hasta la publicidad. Se acuerdan de aquella canción del negrito del África Tropical…



Hoy, desgraciadamente, la radio se ha degradado hasta tal punto que es la saturación de publicidad la que nos hace apagar el receptor. La política también ha tenido que ver algo en eso. Todo se inició cuando aquellos enormes receptores empezaron a ser sustituidos por los transistores y estos por las radios digitales. Una vez más, para mal, la Modernidad.

Y qué contarles de los discos dedicados: Para Marcelita, en su cumpleaños, de su novio que hace la mili en Montejaque y se acuerda mucho de ella.

Tampoco se me cae de la memoria el nombre de Inmaculada Jabato, una andaluza que habla en andaluz y me recibía cada vez que, ya en mi madurez y borracho de morriña, cruzaba Despeñaperros abajo.

Aún guardo en mi trastero un vetusto receptor de aquellos tiempos, si bien –en mala hora- un día sufrió que le retirara las tripas. Iban con lámparas. Se acuerdan de que iban con lámparas?

Definitivamente… debo bajar a rescatarlo. Será como rescatarme a mí mismo.