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DIOS TOLERA LO INTOLERABLE; ES IRRESPONSABLE E INCONSECUENTE. NO ES UN CABALLERO. (Don Jaime de Astarloa.- El Maestro de Esgrima)
ESCRIBIR ES METERSE EN CHARCOS. (Juan de Mairena.- Maestro Vidriero)

22/8/22

la radio... la vieja radio

 

Leía el otro día, a un compañero en esto de la escribanía, hablar sobre la radio... la vieja radio... 

Y se me vino al campanario que uno siempre ha sido más de radio que de tele… por variadas razones entre las que destaca que la puedes disfrutar sin que te invada por completo. La disfrutas, pero no te ahoga.

El caso es que se me fue la cabeza muchos años atrás, cuando la radio era la reina de la corona porque la tele aún no había aparecido en nuestras vidas. Ya sabemos que pasó cuando lo hizo.

Y los recuerdos me llevaron a la estación de Setenil, donde mi abuelo era el sobrestante y donde su hogar estaba presidido por un voluminoso aparato de radio que, dado que allí no había electricidad, se alimentaba con una batería y un curioso aparatito intermedio que todos conocíamos como el voltímetro.

Recuerdo como cada día, a las dos de la tarde, mi abuelo sintonizaba el aparato para escuchar –mientras comíamos- el parte, que entraba en nuestras vidas con su habitual sintonía. El parte no sólo se oía con atención sino con devoción. La audición del parte era tan sagrada, o más, que acudir a misa los domingos. Veo, como si fuera ayer, como recogidos los platos de la comida del mediodía, mi abuela y el personal del servicio se reunían en torno a la radio para escuchar la novela. Y por la noche, puntuales y sin faltar nunca a la cita, oíamos Matilde, Perico y Periquín.

Los nombres de Matilde Conesa, Pedro Pablo Ayuso, Matilde Vilariño o Guillermo Sautier Casaseca me eran tan familiar como los de mi propia familia.

Amaba de la radio hasta la publicidad. Se acuerdan de aquella canción del negrito del África Tropical…



Hoy, desgraciadamente, la radio se ha degradado hasta tal punto que es la saturación de publicidad la que nos hace apagar el receptor. La política también ha tenido que ver algo en eso. Todo se inició cuando aquellos enormes receptores empezaron a ser sustituidos por los transistores y estos por las radios digitales. Una vez más, para mal, la Modernidad.

Y qué contarles de los discos dedicados: Para Marcelita, en su cumpleaños, de su novio que hace la mili en Montejaque y se acuerda mucho de ella.

Tampoco se me cae de la memoria el nombre de Inmaculada Jabato, una andaluza que habla en andaluz y me recibía cada vez que, ya en mi madurez y borracho de morriña, cruzaba Despeñaperros abajo.

Aún guardo en mi trastero un vetusto receptor de aquellos tiempos, si bien –en mala hora- un día sufrió que le retirara las tripas. Iban con lámparas. Se acuerdan de que iban con lámparas?

Definitivamente… debo bajar a rescatarlo. Será como rescatarme a mí mismo.




 

 


10/7/22

así que pasen otros veinticinco años.

 

El día 12 de este mes se cumplen 25 años del asesinato de Miguel Ángel Blanco. No es un aniversario cualquiera. Es el recordatorio del horror sobre el horror. El aniversario del día de la sevicia y el sadismo. De la ignominia.

Aún recuerdo el pellizco en el estómago, el dolor, la impotencia… y la rabia. Sobremanera, la rabia. Veinticinco años no han bastado para mitigar esas sensaciones. Veinticinco siglos tampoco bastarían.

Y aún nos duele más cuando vemos que este gobierno legítimo y sin embargo podrido hasta el hedor, va de la mano de aquellos que lo asesinaron. Disparan, otra vez, sobre la nuca del chaval de Ermua.

Ignacio Camacho, lo describe muy bien en un editorial del ABC. Así que pasen otros 25 años, lo titula. Como yo no podría hacerlo mejor, seré breve.

Pero no me sale de las tripas dejarlo pasar sin más, sin dar la cara, sin recordar que yo fui de los que se pintó las manos de blanco. Que siguen pintadas todavía.

Y puedo jurar sobre su memoria, tan histórica como la de esos malnacidos, que nunca le olvidaremos. Ni nosotros, ni nuestros hijos, ni los hijos de nuestros hijos.








6/7/22

el incidente

 Me llamó por teléfono mi amigo el Sherpa.

-Oye, Juanito, que resulta que tengo una cita tenística para el martes, pero me ha surgido un compromiso y tengo que acompañar a una consulta médica a mi padre. Te importaría a ti, ya que estás por aquí, sustituirme en la pista? Así no dejo tirado a mi contrincante y tú te quitas óxido.

-Eso está hecho, colega.

-Pues el martes a las diez, en el club de tenis de Estepona, tu rival se llama JM y es de tu nivel… más o menos.


Y el martes a las diez, vestido para la ocasión y con las armas en la mano, estaba el tío en el club de tenis. Llegó JM –Jota a partir de ahora-, nos dimos a conocer y nos presentamos. Jota era más o menos de mi edad y tipo, pero sin barriga. Pista 4; y sin más problemas pasamos al calentamiento.

En la segunda bola del calentamiento que golpeaba Jota resbaló en la arcilla recién regada y se pegó una costalada del copón. Lo peor es que no se levantaba.

Corrí al otro lado de la pista, donde Jota permanecía tendido.



-Creo que me he roto algo, dijo. No puedo mover la pierna izquierda.

-Tranquilo Jota, ahora mismo pido ayuda.

Corrí hacia la casa social del Club, conté brevemente lo sucedido y pedí que solicitaran una ambulancia, tras lo cual volví acelerado a la pista.

Jota permanecía caído sobre la arcilla de la pista, relativamente tranquilo, pero decía que no podía mover la pierna izquierda y que el pie lo tenía dormido. Una compañera de club acudió para contarnos que la ambulancia ya llegaba y hacernos compañía. Reparé, cómo no, en el color y la longitud de su falda de tenis. Vuelto al mundo, coloqué mi cuerpo junto a Jota, de forma que el sol… que ya empezaba a calentar… no le diera en la cabeza.

-el resbalón maldito; la zapatilla azul es mía, la blanca la de Jota, que permanece espanzurrao en la arcilla.

Y la ambulancia tardó en llegar más de media hora. Y sólo venía en ella un técnico sanitario. Nos llevamos las manos a la cabeza y él nos dijo, resignado, que así estaban las cosas. Hay sólo dos ambulancias medicalizadas para las poblaciones de Estepona, Casares y Manilva. Tela marinera. Traducido a román paladino; que si tienes algo de morirte te vas a morir y nadie lo va a remediar.

El mono-sanitario tras interesarse por el estado de Jota, y sin mucha idea de lo que allí estaba pasando, optó por lo común. Volvió a la ambulancia, se trajo la camilla y con nuestra ayuda colocó a Jota sobre ella; al moverlo puso el grito en el cielo.


Una vez la camilla sujeta a la ambulancia coloqué su bolsa de tenis junto a Jota, le di ánimos como pude, y la ambulancia partió hacia el hospital comarcal de la Costa del Sol.

Cuando la ambulancia abandonó el recinto el director del Club de Tenis pretendió buscarme otro rival. Ya eran más de las once de la mañana y el sol apretaba de cojones.

-Sabes que te digo, F?  Que hoy ya se me han pasado las ganas de tenis; me voy a casa.


En el camino de vuelta llamé al Sherpa para contarle lo sucedido. Al fin y al cabo es su amigo. Le dije que se interesara por el estado de Jota y que me informara.

Me volvió a llamar cuando ya el sol se ponía:

-Juanito, he podido contactar con los familiares de Jota. En principio tiene el fémur roto, pero además no le pueden operar por ahora porque tiene de antiguo una complicación cardiaca y tienen que esperar unos días.

Y en esas estamos… dejaremos pasar unos días… y ya volveré a contarles en que queda esta catastrófica historia que nos enseña que, también el tenis, es un deporte de riesgo.

Otrosí:

Han operado a Jota en el hospital comarcal de la Costa del Sol. Las noticias que me llegan es que se ha resuelto lo de la fractura y que ahora toca recuperarse y rehabilitación. Que la cosa se alargará. Los médicos, siempre "optimistas", le han dicho que se vaya olvidando del tenis. Yo prefiero pensar que, de aquí a un año, podremos jugar el partido que tenemos pendiente. 

Pero si eso no fuera posible, también estará bien compartir una cerveza en la terraza del Club de Tenis de Estepona. Cuando una puerta se cierra, otra se abre.

 

30/5/22

la piel del oso

Desde hace días venía con ganas de escribir sobre el tema. Pero he preferido dejarlo ir pasando hasta que el drama, fuera el que fuera, se consumara. Ya se ha consumado.

Tendría que empezar diciendo, para que sepan con qué cartas jugamos, que  futbolísticamente hablando, a mí Almería me la refanflinfa. A un apátrida como yo las raíces futboleras no le venían en el lote del empadronamiento. Cuando elegí Almería para pasar el resto de mis días, no venía incluida la pasión futbolera por el equipo de la ciudad. Ese lugar ya estaba ocupado por el blanco del Madrid, que es el equipo de corazón de la mayoría de los que no tienen raíces.

El caso es que la UD Almería lleva unos años persiguiendo el sueño de ascender, otra vez, a primera división. Mi amigo Enrique dice que eso es “engordar para morir” y estoy bastante de acuerdo con ello. Es un sueño, sí, pero un sueño sin futuro… ya lo conocemos de otras veces.

Faltaban dos semanas para terminar la Liga en segunda división. Dos partidos. Al Almería, para ascender, le bastaba con ganar el primero de ellos. En casa, contra el Alcorcón, último de la tabla y ya descendido, con un entrenador almeriense... para más señas; sin nada pues que jugarse.

Salvo el honor, claro. La honrilla… ya saben. El respeto... conocen del respeto?

Y Almería, desde las instituciones, pasando por el pueblo y finalmente el equipo, se vino arriba. Se declararon de primera antes de serlo. Vendieron la piel de oso antes de cazarlo. Y el resbalón fue de época. No me dolió lo más mínimo; les estuvo bien empleado… por osados y bocachanclas.

La ciudad entera se llenó del acta notarial que se autodeclaraba de primera. Lo documento, claro.

 



Esas demostraciones no hubieran estado mal… a toro pasado.

Pero el Almería no fue capaz de ganarle al Alcorcón. Olvidaron aquello del “alcorconazo”; nadie escarmienta en cabeza ajena. Y quedaron con el culo al aire y la sonrisa descompuesta.

Quedaba una última bala; ganarle en la última jornada al Leganés, otro equipo que tampoco se jugaba nada.

El Almería, un flan en las postrimerías de la competición, tampoco fue capaz. Los noventa minutos terminaron con un empate… in extremis.

Por qué el Almería ascendió entonces a Primera División? Pues ascendió porque el Alcorcón volvió a hacer de las suyas y recetó al Eibar, otro de los equipos en disputa, un nuevo alcorconazo. En el tiempo añadido, el mismo jugador que marcó al Almería, les clavó el gol que les echaba fuera de los dos primeros puestos que aseguraban el ascenso automático. Ver para creer.

Le valió a la UD los méritos que hicieron a lo largo de la competición y la aparición de la Virgen –esta vez vestida de amarillo- en la última jornada.

A mí modo de ver, es una opinión, sólo el Valladolid –el otro equipo que asciende- cumplió con lo que se esperaba de él en las dos últimas jornada de la competición. Que no era otra cosa que ganar… y sin echar el pico a pasear.

Esta anécdota, con moraleja, trasciende del ámbito del fútbol. La podemos aplicar a otros asuntos de la vida.

Quien quiera anotar, que anote.

 

13/3/22

moteros

Cuando estes triste recuerda que tienes una moto; es casi suficiente para ser feliz.

Hay dos tipos de motoristas; los que se han caido y los que se van a caer.

Banda sonora muy apropiada para este cristalito;


Ayer
 Katalina y yo nos fuimos de concentración motera. Era la primera vez y fue casi sin pensarlo, sobre la marcha, a golpe de acelerador.

La cosa fue en la muy laboriosa y noble ciudad de Benahadux, y organizaba el evento… muy bien por cierto… el motoclub Andarinex.


Nunca habíamos visto tanta moto junta. Ni tanta variedad. Aquello parecía una edición de la Pingüinos vallisoletana.

La organización tenía previsto todo lo que de un evento de esta categoría se espera; cómoda zona de estacionamiento para las máquinas, área para las virguerías moteras y quemar rueda, zona de stands comerciales donde adquirir un recuerdo del evento y una gran carpa cubierta donde disfrutar de la cerveza –con y sin alcohol-, las tapas propias de la tierra y un escenario donde algunos grupos locales y otros no tanto –Danza Invisible- ponían la banda sonora con el rock que requiere este tipo de encuentros.

Katalina dio la talla. Posee la suficiente elegancia, fuerza y abolengo como para no defraudar en cualquier tipo de acto social. Muy a pesar de que el malaje de mi amigo el Séneca la tilde de licuadora. Incluso recibió alguna mirada lasciva.


En este tipo de encuentros, siempre hay momento para volver a saludar a viejos amigos. Es uno de sus leit motiv…

Podría seguir con la prosa, pero es casi mejor que me acompañen y se asomen con nosotros a través del objetivo de Nikita… que también nos acompañó.

Porque, desde luego, no regresamos a casa sin una estupenda colección de fotografías. Siempre es tiempo de ejercitar los ojos.


En cuestión de motos es necesario que todo vaya muy ajustado.

 

En la diversidad está el gusto.

 

Ellos pusieron la nota simpática y de color.

 

… y gente de todas las edades.


Las motos ya no son lo que eran; los moteros tampoco. Uno, sin embargo, siempre será el mismo.

 

Hasta el año que viene, colegas.

 


5/3/22

a piola¡

 

En mi pueblo jugábamos a piola. No teníamos consolas, ni tablets, ni móvil, ni puñetera falta que nos hacía. Pero teníamos amigos y teníamos la calle, que supera cualquier pasatiempo que la modernidad estuviera por traernos. Así que jugábamos a piola, al churro va, al pañuelo o al fútbol total.

Lo del jersey de ganchillo ha sido idea de una vecina del pueblo y no era cosa de darle un disgusto a la mujer.




3/3/22

¡Que vienen los rusos!

 

Siempre me engaña. La verdad es que sólo la primera vez fue culpa suya; las demás puse tanto de mi parte como él, así que las anoto en mi haber.

Les estoy hablando de mi amigo el Sherpa. Esta mañana habíamos quedado para ciclear la Senda Litoral, un placer para los sentidos. Quince kilómetros a pie de playa entre Estepona y San Pedro de Alcántara. Con los quince de vuelta suman treinta, que si no te sales del guion vale para desentumecer las piernas, ajustar el culo y airear los pulmones.


A mi amigo, sin embargo, tan cómodo trazado le pareció poco. Y sugirió la vuelta “por el interior”, donde una cresta se encadena con otra –a veces de la categoría que te cagas- en constantes picos de sierra que terminan dejándote hecho trizas. Y como les cuento, volvió a suceder.

Otro día haré un capítulo aparte para hablarles de la urbanización Azata Velerín, practicamente terminada y seguidamente abandonada. El espectro de sus vacios apartamentos, con los huecos ventanales como calaveras al sol, constituye un tema para el Cuarto Milenio.

Pero hoy no quiero dejar pasar que en uno de los recovecos de la ruta, allá por donde se sube al Selwo, me encontré con esto. Los rusos están construyendo una iglesia ortodoxa con la magnificencia con que sólo pueden hacerlo ellos, y con los dineros que tienen metidos en esta parte de la Costa del Sol.

Está a punto de inaugurarse pero aún no lo ha hecho. Eso sí, ya han aparecido cosidas a su fachada varias banderas ucranianas con el slogan de No a la Guerra.

Y mientras una parte de los rusos reza para que los negocios les sigan yendo viento en popa, la otra mata ucranios con la excusa de que Dios así lo ha querido.






Nota al margen:

Mi respetos a todos los rusos, que los hay, que se han desmarcado de la locura esa de la guerra.