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DIOS TOLERA LO INTOLERABLE; ES IRRESPONSABLE E INCONSECUENTE. NO ES UN CABALLERO. (Don Jaime de Astarloa.- El Maestro de Esgrima)
ESCRIBIR ES METERSE EN CHARCOS. (Juan de Mairena.- Maestro Vidriero)

24/11/14

Crossing of the dessert

El problema del google maps es que todo es plano.
El mundo es plano. Como la palma de la mano.
Y así claro, visto desde el aire, las dificultades brillan por su ausencia.
Luego, vueltos a la realidad, pasa que entre el punto A y el punto B hay una barranquera del demonio y el demonio te espera allá abajo para comerte. Al demonio no le importa que estés pellejuo y correoso; te come igual.

También se recomienda no ir solo.
Y esta recomendación se basa en el más simple principio de supervivencia.
Si te pasa algo en esas gargantas, cárcavas o desfiladeros, no te encuentran ni los cuervos. Así que se hace imprescindible llevar alguien al lado que avise si te escalabras. Además ese alguien cumple la función de darte charla, hacer que no te sientas solo, en lugares donde la sensación de soledad abruma.

Crossing of the desert. Son apenas treinta kilómetros con salida y regreso en el pueblo de Tabernas. Sales del pueblo, te introduces en la rambla y comienzas a bajar como unos ochos kilómetros. Cuando divisas la muralla natural que supone el trazado de la autovía A-7 tomas otro desfiladero situado a la derecha y comienzas a ascender, la brújula apuntando el norte. Las altas paredes te impedirán ver otra cosa que no sean farallones y cielo, azul o nubloso según esté el día.
Si la predicción meteorológica anuncia tormenta tampoco es aconsejable hacer esta ruta. Lo que está más seco que el ojo Perico, en caso de avenida, puede alcanzar metros de altura en minutos y arrastrar con todo lo que se ponga por delante. Y, créame, según el sitio, no hay salida.
Dejas el desfiladero, rodeas el poblado indio de Fort Apache, saludas a Pluma Estropeá y tomas rumbo sur por un camino de ensueño para ciclear. Encontramos un tractor abandonado con el que jugamos un rato.
De pronto te encontraras el camino cercado. Si no quieres volver sobre tus pasos, cosa de todo punto imposible, toca saltar la cancela y hacer saltar las monturas. Cuando estas al otro lado, carteles sobre la valla te hacen ver que donde no tenías que estar era de donde vienes, y que el recinto está fuertemente alarmado. Te entra la risa floja y dices que te toca los…

Sigues hacia el sur, cruzas por el puente bajo la autovía y comienzas el camino de regreso. Cuando llegas al Mini-Holliwood, la cartografía vuelve a jugarte una pesada broma. Allí debía haber un camino que no encuentras. Así que toca dejarse caer por un terraplén con la bici a la espalda. Te pinchas con las aliagas, te resbalas, te caes, te estrozas y te despellejas un pelín, pero vuelves a pisar terreno ciclable. Y ahora toca subir; sin prisas… pero sin pausas. La bici y tú ya lleváis encima el suficiente barro y polvo para que no te conozcan en casa, así que poco importa un poco de polvo más.

El camino, la rambla desértica, te vuelve a dejar a las puertas de Tabernas, ahora en el lado sur. Pero te reserva una última sorpresita. Para ascender a la plataforma del pueblo hay que subir un cuestón corto, pero contundente. De la categoría pa cagarse. A estas alturas, ciclistas piltrafillas como nosotros solo pueden hacerlo con la bicicleta de la mano, el corazón saliéndote por la boca y el viento por el tubo escape.

La aventura ha durado tres horas y media. Te duelen el culo y los brazos; y los desollones de las piernas.
Lo sucio que estás es proporcional al hambre que tienes.
Pero una sonrisa se pinta en tu cara mientras añades otra muesca al currículum del Capitán Pedales.

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11/11/14

Anica la de Ronda

Pastora Imperio le regaló una bata de cola.
La reina Victoria Eugenia un mantón de Manila; agradecimiento por su actuación en una fiesta íntima familiar.
Y Federico García Lorca la citó como una de las grandes del cante.

Me invisto en modo conferenciante para hablarles de Ana Amaya Molina (a) Anica la de Ronda (1855-1933).

Una vez tuve una foto de ella. Mejor sea dicho, de la estatua que por suscripción popular se erigió en la calle Santa Cecilia, según se baja a la iglesia de Padre Jesús y a la fuente de Los Ocho Caños. Era una foto de la que me sentía –me siento- particularmente orgulloso. Pero poseía escasa documentación sobre la misma. Mis conocimientos en Ronda tampoco contribuyeron mucho a mitigar mi ignorancia sobre el personaje.

Ahora, la casualidad, ha hecho que esa documentación rebose sobre la mesa de mi escritorio. No desperdiciaré la oportunidad de aprovecharlo.

Anita, gitana, cantaora y guitarrista, compositora, vivió su vida entre el flamenco, el contrabando y el desamor.
Amante de El Lagartijo y del General Contreras, entre otros de menos ascendencia, fue preguntada un día sobre la paternidad de su hijo. Anita, contestó:
Rafael Molina fue mi amigo mío, verdad. Pero el hijo que tengo no e del, ni del general Contreras. Se lo pedí yo a la Virgen de los Dolores y me lo concedió. Créame, señorito de mi arma. Lo demás son crítica, chumba y esas cosas…

Desgranó su arte en los cafés Chinitas o el Sin Techo, de Málaga; y en El Burrero, de Sevilla, cuando Ronda se le había quedado chica, personificando en ellos el origen de su casta arisca y vagabunda, traducida en lo bohemio del gitano.

Ya anciana fue la figura más admirada de la Semana Andaluza en la Exposición de Barcelona, donde bailó y cantó arropada por la guitarra de Ramón Montoya.

De ella, un periodista catalán escribía por aquellos días:
“La casa donde vive Anita Amaya, en Ronda, es un lugar de peregrinación. El juez, el alcalde, el boticario, el registrador, damas de alta y baja alcurnia, todos desfilan por su vivienda, archivo de sabiduría popular. Diariamente, desde Barcelona, se telegrafía al secretario del Ayuntamiento de Ronda, diciendo que la anciana gitana come bien, duerme poco y bebe mucho. También se telegrafía a los gitanos, que, impacientes ya, piden que regrese. Pero ella no quiere marcharse”.

El escritor Nuñez de Prado, en su obra Cantaores Andaluces, dice de Anita:
“Siente el Arte como el corazón que más lo sienta, concibe la belleza como el cerebro constituido para concebirla mejor, siente las grandiosidades de ese arte, como el alma que con más intensidad pueda sentirlas, pero su corazón, su cerebro y su alma, absolutamente humanos, en toda la hermosa acepción de esta palabra, sólo ven en su arte un vehículo para enviar desde sus entrañas al infinito toda la expresión de su exquisita ternura, de sus ansias de goces, de sus sueños de amor, de su ambición de cariño. Ambición que guarda la primera y tal vez la sola finalidad de su vida, ambición que mueve todos sus actos, que impulsa los resortes de su organismo. Eso es lo que la ha hecho más simpática, aún más que sus mismas cualidades para el cante, y a eso se debe, en primer término, los triunfos artísticos que ha logrado y los aplausos que ha obtenido”.

Y dejo para el final un fragmento del poema El Cristo de los Gitanos, de José Carlos de Luna, recogido en la Historia del Flamenco, tomo 2, editorial Tartessos 1995, p.p. 328-329, en el que nuestra amiga Anita no sale tan bien parada. Y es que esto del artisteo siempre tuvo mucha envida entre bastidores.
“Esta gitana vieja, más vieja que el castillo que arrebola su cara con polvo de ladrillo y luce chamuscados los pelos del bigote, aun con la guitarrilla se gana su guisote, arrastrando orgullosa la bata de lunares por inmundos garitos y tristes lumpares.
Con el alba, borracha, camino de su choza, entre perros sarnosos que le ladran con furia, contonea su cuerpo como cuando era moza y a sus pies se rendían el oro y la lujuria.
Yo quise rodearte de pan y de respeto, porque eres relicario de exquisitos joyeles; pero adoras al vicio, porque él es tu amuleto, y al hambre y la miseria, porque son tus caireles.
Y como a ti te debo mucho de lo que escribo, porque fluyó vibrante por tu caucona boca, al bajar de mi jaca y soltar el estribo, saludo con respeto tus perjeños de loca”.

Ana Amaya, Anita la de Ronda, flamenca y gitana, se nos murió el 1 de noviembre de 1933, hace ahora 81 años, y para nuestra desgracia no dejó ningún documento sonoro.
Ni falta que hace.
Desde el respeto que me merecen todos los flamencos, sirvan estas líneas, doña Ana, de homenaje.

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9/11/14

pecas

- ¿Qué buscas de ella?
- Quiero contarle las pecas, Piloto.
La Carta Esférica, Arturo Pérez-Reverte.

Ando apurado estos días. San Silvestre se nos echa encima y he de encontrar textos para el Anuario lo suficientemente buenos como para sostener la mediocridad de mis fotos –dixit, el maestro-. Así que ando sumergido en lo taurino y lo flamenco –así se titulará el volumen-, empeñado en rescatar del pecio de mi ignorancia algo que merezca la pena.
Relevados este año mis incondicionales –si, alguno hay- del engorroso encargo de allanar el camino, me dejo las pestañas y unos cuantos ratos de ocio –tampoco tengo muchos- en conseguir unas peanas lo suficientemente firmes para que el trabajo, por inestable que resulte, no se venga abajo con estrépito.

Así que estaba el otro día, muy a primera hora, en la biblioteca que me sirve de refugio, 2ª planta, sección de Etnología y Etnografía. Como era el único usuario a esa hora, me acomodé en un lugar que me aovilla de forma particular, frente a un ventanal con el edificio de Ministerios haciendo sombra.

No había aun calentado la silla cuando accedió a la sala una chica de aspecto desenvuelto. Diecisiete o dieciocho años, melena pelirroja, sobrepeso evidente, gafas de pasta naranja y un millón de pecas en la piel. Podría haberse sentado en cualquier otro lado, el espacio entero estaba a su disposición, pero eligió sentarse frente a mí. Susurró un quedo buenos días y esparció sus libros y apuntes sobre la mesa.

A esas alturas estaba uno a vueltas con la intrigante y sorpresiva vida de Ana Amaya Molina (a) Anica la de Ronda, de quien ya les hablaré otro día que venga al caso; pero pronto hubo algo que llamó mi atención e hizo que todo lo demás quedara en no ya un segundo plano… sino un tercero o un cuarto.
La chica que se sentaba frente a mí, estudiante de química a juzgar por los apuntes que barajaba, había decidido a modo de festejo matinal, mostrarme sus exuberantes y bien formados pechos.
Y uno, claro está, quiso contarle las pecas.

Se volvió a producir aquella situación frecuente en la pista del tenis cuando la de al lado está ocupada por alguien con las piernas bastante más bonitas que las tuyas.
Y, lo sé por experiencia, no se puede estar en misa y repicando.
Así que, abandonado a la contabilidad, transcurrió la mayor parte de la mañana.
No crean que lo lamento, no. El caer en estos pecados, sin arrepentimiento posible, es la causa de que uno también –dixit, Fito- no le rece a la Virgen de la Locura.

Si yo no les trajera, como suelo, la prueba documental, alguna de sus mercedes –incrédulos irredentos- apostillaría que vuelvo a hacer un ejercicio de estilo. Dame tu dedo, Tomás, y clávalo en mi llaga.

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El original de la fotografía, como ustedes pueden suponer, tiene un campo más amplio. Pero ni puedo ni quiero identificar a la modelo.
Estas cosas quedarán, como casi siempre, entre usted y yo.

5/10/14

Otra vez, in memoriam

Se nos murió Federico.
Las pistas del Indalo se han quedado mudas, silenciosas, vacías.
Se nos murió FEDE y nos dolió más por inesperado, por inútil, porque no tocaba.

Ya nunca más oiremos sus voces mezcladas con las de los niños que entrenaba. Ni nos iluminará su sonrisa casi eterna. Ni le veremos arrastrar el carro de las bolas hacia la pista tres con su andar inquieto y nervioso. Ya no le pediremos el favor –concedido de antemano- que nos prestara uno de sus niños para echar unas bolas. Se ha ido Fede sin despedirse, sin hacer ruido, para que su adiós parezca un hasta luego.

Y aquí, sobre las pistas y jardines del Indalo, nos queda su recuerdo. La estela de los críos a los que hizo campeones, o a los que sin llegar a tan poco, hizo más hombres y mejores personas, que eso si que es un logro digno de palmarés. Nadie se malogró nunca sobre la arcilla o asfalto de una pista de tenis.

La tarde del sábado nos juntamos para honrar su memoria. Para de alguna manera, ofrecerle el adiós que él no quiso darnos. Para abrazarnos entre nosotros y con él, que así parece duele menos.

Las pistas, por una vez, quedaron de luto mientras asistíamos a la misa que compartimos en el porche del club. Hasta los gatos asistieron. Y la pista uno, desde ayer, ya no se llama así… que ahora es la pista Federico Sánchez, para que su memoria no caiga en el olvido cuando nosotros tampoco ya estemos aquí.

Federico Sánchez Andreu (a) Fede, granaino y del Barça, siempre del Barça. Campeón en el 90 del torneo Challenger de Pescara (Italia), número 138 del mundo, que tampoco es que importe mucho… si acaso servir de recordatorio que ninguno de nosotros ni se acercó. Y ahora número uno, por siempre, en las pistas a este lado del Andarax.

Este cristalito es en tu memoria.

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17/9/14

el Celebrity Constellation

Siquiera sea para mitigar los bostezos del autor, o contentar a Dorita… la única lectora de este blog –que ya tiene mérito-, les voy a contar que el pasado fin de semana visitó el puerto de Almería el Celebrity Constellation.

El Constellation es un crucero de la categoría “que te cagas”, de los que se ven pocos por nuestro puerto. Una inmensa mole azul y blanca cuya majestuosidad eclipsa casi cualquier cosa que tenga a su alrededor.



Si alguien con vocación de fotógrafo recibe la noticia de que el barco va a zarpar a las cuatro de la tarde, por mucha hora de la siesta que sea, por mucha Vuelta Ciclista a España que retransmitan en la tele, uno acaba cogiendo a Nikita y se va al muelle de levante para decir adiós agitando su pañuelo a los afortunados pasajeros de tan descomunal barco.

Ya de puestos me he informado. Y para los amigos de las estadísticas puedo decirles que el susodicho tiene 294 metros de eslora y 32 de manga. Que pesa 91000 toneladas, tiene 11 cubiertas y puede navegar a 24 nudos. Que fue botado en el año 2002 y que su capacidad de ocupación es de 2034 pasajeros y mil tripulantes; un tripulante por cada dos pasajeros, lo que da idea de la atención a bordo. Casino, piscinas, gimnasio, jacuzzi, cines, biblioteca, teatro, bares y restaurantes son algunos de los servicios que se encuentran intramuras.
Navega, eso si, con pabellón de Bahamas.



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12/8/14

Gloria a Dios en las alturas: Vela Blanca.

Música para acompañar


Uno, en su calidad de ciclista piltrafilla, no es muy dado a frecuentar las alturas. Siempre he preferido el llano.
Lo cual no significa que, en ocasiones, enfrentemos la excepción. Además, me pareció una buena ocasión para hacer mayor a Julieta.
No todos los días se sube a Vela Blanca. Atalaya mítica, muy celebrada, conocida y gloriosamente conquistada cuando el ardor guerrero –que ya no- inflamaba nuestras almas.
Eso, y contárselo a mis nietos, justifican –de sobrado- este cristalito.

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Vela Blanca es el vértice que divide los confines del Cabo de Gata con los de San José. Cima de la categoría del Puerto de la Mentira, llamado así porque nadie se cree que hayas subido allí. De hecho, si yo lo hice, fue porque andaba extraviado y más perdido que turco en la neblina.

Esta vez iniciamos la aventura desde la aldea de San Miguel, no fuera a ser que en el calentamiento se nos agotase la gasolina y no hubiera más que contar. Para cuando dejábamos atrás la iglesia de Las Salinas ya estábamos tonificados, subir la cuesta del faro nos puso en antecedentes de lo que nos esperaba y, a pie de Vela, el testigo de la temperatura corporal subía tres rayitas por encima de lo habitual.

Si bajar desde Vela Blanca duele y debes hacer virguerías para no salir despedido por delante del manillar, imagine su merced lo que será subir.
Guardo, para estas ocasiones, los consejos del peregrino Martínez en aquella cruzada que supuso el Camino de Santiago. Aconsejaba el guripa no mirar nunca hacia arriba, ni hacia abajo, clavar la vista en la rueda delantera y olvidarse del tiempo y del espacio, como canta el Battiato en su no time no space. Sólo así se consigue llegar a la cima.

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el faro del Cabo, punto intermedio

Confieso, sin rubor, que una parte de la subida la hice descabalgado y arrastrando a Julieta, lo que si bien es un desdoro para mi currículum deportivo, no es menos cierto que engrandece mi voluntad y sirve de cura de humildad al ego siempre desbocado.

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a media ladera... o a media vela; un respiro para respirar. Al fondo, el faro de Cabo de Gata

Una vez arriba, atrás los momentos en que pareció que la vida se escapaba por tu boca, la recompensa vale con creces lo sufrido.
Ante la silenciosa presencia de la torre, que data del año 1767, sumergido en la brisa o el viento –según toque- las rocas que coronan el acantilado dan paso al abismo siempre azul del mediterráneo.
A occidente el faro del Cabo de Gata, a oriente las calas del Barronal, Monsul, Genoveses y allá a lo lejos la torre gemela de La Polacra, ponen limites a algo parecido al nirvana.

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Ya solo queda bajar. Ahora serán protagonistas los frenos de Julieta, mientras tu clavas las palmas de las manos en el manillar y atrasas el culo cuanto puedes para llevar el centro de gravedad a puntos lo más razonables posibles.

Con todo, aconsejo al lector la aventura. No es sitio al que haya que subir todos los días, pero hacerlo una vez al año, como el ir a la Meca, es lance que mortifica el cuerpo, hace expiar los pecados y reconforta el espíritu.

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No es prurito personal, es fe notarial; por si alguien lo pone en tela de juicio.

6/8/14

la historia según Mairena: María de Padilla

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Grabado de Paul Gervais

Quiero hablarles hoy, a modo de pasatiempo, de María de Padilla.
María de Padilla, a poco que miren la Wikipedia, conocerán fue la amante amantísima de don Pedro I (a) el Cruel, para otros el Justiciero, lo cual no viene sino a confirmar el viejo dicho que la feria va por barrios.

Un buen amigo mío lo describe de otra manera: Seas quien seas, me dijo, siempre encontrarás una persona que te eleve a los altares y otra que diga de ti eres un perfecto hijo de puta; al final, sólo será lo que tú quieras que sea.

El caso es que don Pedro, rey de Castilla, se prendó de doña María en el descanso de una de sus escaramuzas guerreras y ya no tuvo ojos más que para ella. Y eso que don Pedro, según relatan las crónicas, se enamoraba de un palito con faldas. Doña Blanca de Borbón, Juana de Castro, Isabel de Sandoval o Aldonza Coronel no fueron sino otras tantas que quedaron eclipsadas a los ojos del monarca bajo el influjo hechizado de doña María. Pudieron ocupar, estas y otras, la titularidad del contrato, pero nunca ocuparon el corazón del Rey, siempre subyugado por el influjo de María.

Bien es verdad que la Padilla la diñó cuando apenas cumplía los veintiocho y su majestad no tuvo apenas tiempo de verla deteriorada. Ni siquiera vivió con ella de continuo lo que evitó el daño de la convivencia, que todo lo pervierte y emponzoña, pero quede constancia, de una manera u otra, que María de Padilla fue la verdadera reina consorte y ejerció como tal mientras sus piernas –bellísimas- la sostuvieron.

Cuentan las crónicas que María de Padilla, de familia bien, era “muy fermosa, e de buen entendimiento e pequeña de cuerpo”, algo así como nuestra… Shakira, versión año 1340.
Las buenas lenguas cuentan de ella intercedió muchas veces ante el Rey para salvar el cuello de alguno de los nobles de la corte que se habían pasado no ya tres pueblos, sino uno y medio.
Las de doble filo que intrigó cuanto pudo y, en su medrar, llegó a envenenar a doña Blanca de Borbón, a la sazón esposa legal del Rey.

De una forma u otra, entre polvo y polvo, a doña María le dio tiempo de construir… o construirse, el monasterio de Santa Clara de Astudillo pues ya preveía la buena mujer que aquello no podía terminar bien de ninguna manera y quería asegurar un reposado lugar a sus huesos para cuando la fortuna o el favor del rey la abandonaran.

Lejos de que eso ocurriera, a tal punto llegó la adoración de don Pedro por su amante que dado que esta gustaba bañarse desnuda bajo la cripta abovedada de Los Reales Alcázares, obligó a todos los nobles de su corte a bajar con él a los baños y admirar el venusino cuerpo de su amada.
Una mañana, en pleno éxtasis amatorio, encoñado y caliente como un becerro, don Pedro exigió a alguno de ellos que bebieran del agua en la que se sumergía la Padilla.
A ello se negó don Juan de Orduña, secretario real. Haciendo honor a su apelativo primero, y ya con el pescuezo sobre el tajo del verdugo, don Pedro pidió explicaciones al súbdito sobre el motivo de la negativa. En un momento de inspiración divina, don Juan alegó:
-Es que… majestad… tal es la belleza de doña María que temí que, en probando el caldo, se me antojase la perdiz.

Ello le salvó la vida. A don Pedro le hizo gracia la respuesta y se contentó sólo con desterrarle.

Pero no fue el único fanatismo del Rey en lo tocante a su loco amorío. Una vez fallecida doña María -"en este año morio en Seuilla de su dolençia doña María de Padilla. E fizo el rey fazer alli e en todos sus regnos grandes llantos por ella e grandes cumplimientos"- el Rey la lloró tanto que hizo que la corte besara la mano de la difunta –al parecer había muerto infestada de peste-, hizo fuerza papal para que se anulasen todos sus anteriores matrimonios y se la reconociese como única reina, legitimando así su descendencia con ella (cuatro hijos como cuatro soles) y trasladó finalmente sus restos desde el monasterio de Astudillo a la catedral de Sevilla, a fin de que descansasen junto a los suyos.

La fotografía que les traigo, de los baños que a día de hoy han sido bautizados como Maria de Padilla, no es mía sino interpuesta por un amigo que me la hizo llegar junto a la leyenda. Con la promesa, eso sí, que a fin de mejorarla visite en cuanto me sea posible los Reales Alcázares de Sevilla y honre, de este modo, la memoria de tan especial mujer.

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Baños de María de Padilla, Reales Alcázares de Sevilla

La mañana del 19 de enero de 2015, con un frío gélido, cinco grados al sol, doña María de Padilla quedó debidamente cumplimentada y mi promesa cumplida. El lugar, sótanos de los RR.AA. de Sevilla, carece del glamour que le suponía. Es más, dudo mucho que la Padilla mojara el culo en aquellas aguas, pero no seré yo el que ponga en solfa la leyenda. A lo mejor en verano…

Dejo una foto de la nave central,

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y otra de una de las galerías laterales y paralelas a la misma.

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