La Vidriera del Mairena


-Dios tolera lo intolerable; es irresponsable e inconsecuente.
No es un caballero.
(Don Jaime de Astarloa. El maestro de esgrima.)

-Escribir es meterse en charcos.
(Juan de Mairena.- Maestro Vidriero).


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11/11/14

Anica la de Ronda

Pastora Imperio le regaló una bata de cola.
La reina Victoria Eugenia un mantón de Manila; agradecimiento por su actuación en una fiesta íntima familiar.
Y Federico García Lorca la citó como una de las grandes del cante.

Me invisto en modo conferenciante para hablarles de Ana Amaya Molina (a) Anica la de Ronda (1855-1933).

Una vez tuve una foto de ella. Mejor sea dicho, de la estatua que por suscripción popular se erigió en la calle Santa Cecilia, según se baja a la iglesia de Padre Jesús y a la fuente de Los Ocho Caños. Era una foto de la que me sentía –me siento- particularmente orgulloso. Pero poseía escasa documentación sobre la misma. Mis conocimientos en Ronda tampoco contribuyeron mucho a mitigar mi ignorancia sobre el personaje.

Ahora, la casualidad, ha hecho que esa documentación rebose sobre la mesa de mi escritorio. No desperdiciaré la oportunidad de aprovecharlo.

Anita, gitana, cantaora y guitarrista, compositora, vivió su vida entre el flamenco, el contrabando y el desamor.
Amante de El Lagartijo y del General Contreras, entre otros de menos ascendencia, fue preguntada un día sobre la paternidad de su hijo. Anita, contestó:
Rafael Molina fue mi amigo mío, verdad. Pero el hijo que tengo no e del, ni del general Contreras. Se lo pedí yo a la Virgen de los Dolores y me lo concedió. Créame, señorito de mi arma. Lo demás son crítica, chumba y esas cosas…

Desgranó su arte en los cafés Chinitas o el Sin Techo, de Málaga; y en El Burrero, de Sevilla, cuando Ronda se le había quedado chica, personificando en ellos el origen de su casta arisca y vagabunda, traducida en lo bohemio del gitano.

Ya anciana fue la figura más admirada de la Semana Andaluza en la Exposición de Barcelona, donde bailó y cantó arropada por la guitarra de Ramón Montoya.

De ella, un periodista catalán escribía por aquellos días:
“La casa donde vive Anita Amaya, en Ronda, es un lugar de peregrinación. El juez, el alcalde, el boticario, el registrador, damas de alta y baja alcurnia, todos desfilan por su vivienda, archivo de sabiduría popular. Diariamente, desde Barcelona, se telegrafía al secretario del Ayuntamiento de Ronda, diciendo que la anciana gitana come bien, duerme poco y bebe mucho. También se telegrafía a los gitanos, que, impacientes ya, piden que regrese. Pero ella no quiere marcharse”.

El escritor Nuñez de Prado, en su obra Cantaores Andaluces, dice de Anita:
“Siente el Arte como el corazón que más lo sienta, concibe la belleza como el cerebro constituido para concebirla mejor, siente las grandiosidades de ese arte, como el alma que con más intensidad pueda sentirlas, pero su corazón, su cerebro y su alma, absolutamente humanos, en toda la hermosa acepción de esta palabra, sólo ven en su arte un vehículo para enviar desde sus entrañas al infinito toda la expresión de su exquisita ternura, de sus ansias de goces, de sus sueños de amor, de su ambición de cariño. Ambición que guarda la primera y tal vez la sola finalidad de su vida, ambición que mueve todos sus actos, que impulsa los resortes de su organismo. Eso es lo que la ha hecho más simpática, aún más que sus mismas cualidades para el cante, y a eso se debe, en primer término, los triunfos artísticos que ha logrado y los aplausos que ha obtenido”.

Y dejo para el final un fragmento del poema El Cristo de los Gitanos, de José Carlos de Luna, recogido en la Historia del Flamenco, tomo 2, editorial Tartessos 1995, p.p. 328-329, en el que nuestra amiga Anita no sale tan bien parada. Y es que esto del artisteo siempre tuvo mucha envida entre bastidores.
“Esta gitana vieja, más vieja que el castillo que arrebola su cara con polvo de ladrillo y luce chamuscados los pelos del bigote, aun con la guitarrilla se gana su guisote, arrastrando orgullosa la bata de lunares por inmundos garitos y tristes lumpares.
Con el alba, borracha, camino de su choza, entre perros sarnosos que le ladran con furia, contonea su cuerpo como cuando era moza y a sus pies se rendían el oro y la lujuria.
Yo quise rodearte de pan y de respeto, porque eres relicario de exquisitos joyeles; pero adoras al vicio, porque él es tu amuleto, y al hambre y la miseria, porque son tus caireles.
Y como a ti te debo mucho de lo que escribo, porque fluyó vibrante por tu caucona boca, al bajar de mi jaca y soltar el estribo, saludo con respeto tus perjeños de loca”.

Ana Amaya, Anita la de Ronda, flamenca y gitana, se nos murió el 1 de noviembre de 1933, hace ahora 81 años, y para nuestra desgracia no dejó ningún documento sonoro.
Ni falta que hace.
Desde el respeto que me merecen todos los flamencos, sirvan estas líneas, doña Ana, de homenaje.

ronda126-5

2 comentarios:

Manuel Silva Fernández dijo...

Juan me ha encantado leerte este artículo de anica la gitana como buen aficionado al flamenco. Muchas gracias por esta bella información que jamás la llegaría a conocer si no hubiese gente como tu mis felicitaciones ojalá hables de gente no conocía por el olvido de los años creo que es patrimonio de todos los que queremos saber. Mil gracias y que Dios lo bendiga. Un Abrazo amigo

Juan de Mairena dijo...

No hay de qué, Manuel.
Ratón de biblioteca, aficionado al cante y la fotografía, y a leer lo que cae en mis manos, estaba obligado a compartir la información que tenía.
Un abrazo y gracias a ti por tu comentario.