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DIOS TOLERA LO INTOLERABLE; ES IRRESPONSABLE E INCONSECUENTE. NO ES UN CABALLERO. (Don Jaime de Astarloa.- El Maestro de Esgrima)
ESCRIBIR ES METERSE EN CHARCOS. (Juan de Mairena.- Maestro Vidriero)

29/5/14

Casimiro, el sapo tenista

Buenos días, criaturitas de Dios.
Felicidades a los Restitutos y a las Teodosias.
Sé que les tengo abandonado, o casi. Es lo que sucede cuando tienes que ir escondiéndote de la vida para que no te coma.
Con todo, haciendo un esfuerzo para sacarles del análisis político a que les tienen sometidos estos días, quiero esta mañana contarles la historia de Casimiro, el sapo tenista.

Casimiro es un sapito que vive desde hace unos meses en la pista central de mi club de tenis, allá por donde la manguera de agua deja escapar su fuga constante de líquido.
Algunas veces –pocas- se aventura más allá de lo prudentemente aconsejable y ronda el poste de la red o la línea de saque, pero todo el mundo tiene mucho cuidado en no pisarlo. La razón principal es que pisar un sapo debe ser un bastante asqueroso.
Se llama Casimiro porque uno pone nombre a todo aquello que le es familiar, y con este no podía ser menos. Le podía haber puesto Evaristo, pero así ya se llama el tractorista y no es cosa de redundar… ni de confundirles.

No me pregunten cómo ha llegado un sapo a una pista de tenis, ni porqué permanece allí. Hay cosas bastantes más simples que ignoro… así que no podría darles respuesta.

El caso es que ayer tarde Casimiro estuvo especialmente revoltoso. Será porque, una vez más, amenazan con cerrar el Club que caería en manos de entidades financieras que pretenden –y lo conseguirán- hincarle el diente. Cuando esto ocurra todos nosotros nos iremos a tomar por culo y Casimiro también; él encontrará acomodo en cualquier lugar fresquito y húmedo y nosotros –pa cuatro días que nos quedan- nos pasaremos a jugar al padel, en el colmo del amariconamiento.

A que se crean todo lo que les digo contribuirá sin duda la foto documental que les traigo. Asumo que es una mierda, pero está hecha con el móvil y al filo de la muerte súbita. Por una vez, concédanme que la oportunidad prevalezca sobre la técnica.

La de cosas que tiene que hacer uno para entretenerles un rato.

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8/5/14

¡... que pobreticos éramos!

Ayer cayeron en mis manos un ciento de fotografías antiguas. De esas en blanco y negro que nos delatan… y nos definen.
He disfrutado como un enano, aún sigo haciéndolo, pero… ¡que pobreticos éramos!

La que les traigo, ejemplo mudo de lo que les digo, recoge el salón tipo de una casa del año 1960. Una casa sin pretensiones, hogar de clase media-baja, nada de tirar cohetes, pero donde tampoco se pasaba hambre. Había miles como este; piso piloto de la España del despegue industrial.
No, no es el de mi casa… pero podría serlo; y el de la tuya también.
Sin mucho esfuerzo he recogido diez detalles que, de tener rubor, subiría a mis mejillas:

1) Tapiz recogiendo escena de caza, bucólica o romántica. Cuanto más grande mejor, que el tamaño denota el status social del propietario. En algunas casas el tapiz era sustituido por un cuadro, pero del mismo tamaño e idéntica temática.
2) Pañito de ganchillo sobre todo lo que fuera susceptible de ser tapado por un pañito de ganchillo. Prueba inequívoca de lo primorosa que era esta mujer.
3) Nevera o frigorífico, situada en el salón de la casa. Un elemento de tanto valor no podía permanecer en la cocina.
4) Foto de la primera comunión de la niña. También se podían ver las de la boda, las de los abuelos muertos, y la de mi Pepe el día que juró bandera.
5) Consustancial con la seis y pa echarse a llorar directamente, toro de Osborne y olé. Algunos de ellos estaban banderilleados, lo cual añadía un punto de sadismo al folklore.
6) Consustancial con la cinco, la gitanilla. Uno, en la pubertad más insufrible, siempre procuraba levantar la figurita y mirar debajo de las faldas, pero nunca encontraba nada que me motivara especialmente.
7) Cenicero. Fumar es de hombres, y el hombre de esta casa es tan macho como el que más.
8) Revestimiento plástico a media pared, también llamado friso. Servía para tapar las humedades además de disimular los manotazos de los niños.
9) Sofá de skay, o plástico. Se te quedaban pegados los muslos, frío en invierno y caluroso en verano, un potro de tortura.
10) Muebles con paramento de Formica… un invento. Brillantes y brillosos. La Formica terminaba despegándose pero, para entonces, ya estábamos dejando atrás –algunos- tan esperanzadora etapa de nuestras vidas.
Y digo esperanzadoras porque, lo que había detrás, si que había sido… directamente… para cortarse las venas.

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1/5/14

Un paseo fotográfico

Hace unos días me invitaron a participar en un paseo fotográfico.
El invento consiste en reunirse un grupo de aficionados a la fotografía, o no, y hacer un recorrido a pie por un itinerario predeterminado mientras fusilas con la cámara todo lo que se pone por delante.
Esta vez la senda discurría por el llamado Camino Viejo de Almería, con punto de reunión y salida en El Ancla, hito de referencia situado en el barrio de Pescadería; y meta y punto de retorno sobre los riscos de la cantera de piedra que subyace a los pies de los túneles del Bayanna. De por medio, unos arrabales de La Chanca, un jardín del pecado, unas vistas excelentes sobre la Alcazaba y el puerto de Almería, restos arquitectónicos de lo que fue la minería del plomo y la descarnada crudeza del lugar de donde salieron la mayoría de los sillares que conformaron en su día los edificios públicos más emblemáticos de la capital.

La excursión estaba organizada por Pedro García, del grupo Almería, rincones y encantos; día soleado y gente agradable. Una buena idea para pasar una mañana de domingo.

Como no soy mucho –nada- del fasebuk ese, tuve que inventarme un perfil para poder entrar a la página del grupo que comanda el bueno de Pedro. Pero con lo del invento diabólico ese me ocurre como con lo del guasak; no están hechos para mí.

Así que he preferido sacar el resumen de ese día de tan pasteloso sitio y traérmelo a La Vidriera, donde a los feos nos pueden llamar feos, y a los torpes torpes, sin que nadie se rasgue las vestiduras por ello.

Ahí va, y que lo disfruten… sólo es un resumen,

Esta foto del grupo no es mía, es de Don Trípode, y nos la facilitó pedro a través de su fasebuk. Me pareció la adecuada para abrir este trabajo.

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Calentando motores…
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Típico y tópico…
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don Pedro dirigiendo el grupo…
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Testigos mudos de lo que fue la minería en la ciudad…
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Al final los objetivos de las cámaras –servidumbre de los paseos fotográficos- siempre terminan enfocando las mismas bellezas. Algo tendrán las aguas, cuando las bendicen…
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Me embosco, apunto, disparo y…
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Me faltó un pelín de tele…
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A esto se le llama ojo fotográfico…
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El autor, como suele, en el alambre…
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- Aquí iba la mejor fotografía de la serie, pero mis amigos han insistido en que la retire aduciendo que era mala... mala... pero mala. No sé, yo pienso lo contrario, pero tanta gente no debe estar equivocada. Alea jacta...

Y para terminar… un exquisito lugar donde echar la siesta después de tan agradable paseo…
dormir fresquito

Gracias a Pedro, y a todos los que nos acompañaron, por dejarnos formar parte de tan interesante excursión.

Nota del autor: 
Si alguno de los participantes desea que se retire su imagen de las anteriormente expuestas, sólo tiene que indicármelo mediante un comentario o a la dirección de correo electrónico boscania@gmail.com

24/4/14

¿Esto tiene huevo?

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28 de agosto de 1998. Esta foto recoge el momento de una de las últimas cosas que hicimos juntos.
Una pamplina mía nos llevó a recorrer, andando, el trayecto entre Ronda y la ermita de la Virgen de los Remedios, en Olvera. Treinta y pico kilómetros sobre el tapiz inclemente del verano andaluz.
Eran los tiempos en que aún había de detener su marcha para esperarnos. De cuando aún nos oía. De cuando su familia eran su razón y su cobijo. De cuando nuestro padre, nuestro abuelo, era una referencia.
Porque la vida luego siguió, con él dentro incluso, pero ya no estaba.

Hoy, cuando acabamos de recoger sus cenizas como testimonio último de lo que fue, y será mientras perdure en nuestro recuerdo o alguien detenga su paso para leer estas líneas, he creído el momento oportuno de traerlo a La Vidriera.
No ya para honrar su persona los que siempre le recordaremos, sino para que los pequeños, Sergio, Alicia, Lucía… los que casi no le conocieron, tengan memoria del abuelo Vélez.
Vélez a secas, que ese fue su nombre y apellido. Vélez en su casa y en la calle. Vélez en su trabajo y en su ocio. Que hasta su nombre de pila Andrés, si alguna vez lo tuvo, fue ninguneado en ocasiones para que le llamasen Emilio.

Si os dijera que nació en Zalamea la Real, que vivió su adolescencia en El Pozuelo, que trabajó en las minas de Riotinto y que hizo la mili en Huesca, esto se iba a parecer mucho a una biografía, y nada más lejos de mi intención.
Ajustado a derecho hasta la exageración, legal y legalista, buena gente y mejor persona, un tanto miedoso, católico convencido, formal y formalista hasta el aburrimiento, escrupuloso y metódico, educado, cortés, cariñoso con los suyos y con los extraños, no tuvo más horizonte… siempre, que estar ahí por si se le necesitaba.

Un día fue perdiendo el oído y… mira tú que tontería, a la par que el ruido fue dejando atrás todo lo demás, incluidas las personas a las que tanto quería. Invadido por el silencio, cada día que pasaba se sumergía un poco más en un mundo propio e interior del que fue imposible rescatarle. La informática, el contacto con el mundo exterior a través de internet o de otros medios visuales, que podían haberle salvado, llegaron tarde para él.

Nos quedarán para recordarle los divertidos comentarios que asentaba, de su puño y letra, en cualquiera de las cosas que leía o caían en sus manos y eran susceptibles de ser garabateadas, nos quedarán las fotos del álbum familiar, pero sobre todo nos quedará su imagen sentado a la cabecera de la mesa, con los suyos alrededor, repartiendo a manos llenas el cariño y el humor que le eran tan propios.

Ah… una cosa más y que no podía dejar de contaros por ser consustancial con el abuelo Vélez; su fobia tremenda y tremendista a todo lo que tuviera que ver con los huevos de gallina.
¿Esto tiene huevo? era la pregunta obligada siempre que de coger la cuchara se trataba. Desde un huevo frito, a repostería sazonada con huevo, todo estaba etiquetado con el “vade retro, Satanás”. La simple mención de la palabra huevo, era capaz de producirle urticaria.
Si, también por esto recordaremos al abuelo Vélez.

El 16 de abril de 2014, cuando todo el mundo se disponía a sentarse ante el televisor para ver la final de la Copa del Rey entre el Madrid y el Barcelona, el abuelo Vélez decidió que estaba de fútbol hasta la coronilla –expresión muy suya- y decidió marchar de una vez para rendir cuentas –o pedirlas- ante quien hubiera que hacerlo.
Descansa en paz, papá. Y disculpa si alguna vez no estuvimos a la altura como hijos o como personas. Ser padre es difícil, ya lo sabemos, pero ser hijo es más… porque respecto de los padres andamos contaminados con el vicio del egoísmo.

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Dejaremos un tanto de tus cenizas allá por la tierra que te vio nacer, en tus orígenes, donde eras Emilio; y otro poco en la cara sur de Sierra Bermeja, la que fue tu casa, que como cantaba Serrat estés soleado y con buena vista. Así, además, a la par que tomas unos vinos con tu compadre, tendrás en el horizonte a los que te seguiremos.
Muchas imágenes tuyas nos quedan en el álbum familiar. Y si para empezar escogí una de las recientes, de las que aún conservan fresco el color, para poner el fin a esta crónica, y de paso documentar a tus biznietos, aquellos que heredaron el Zaragata que nos arrulló las siestas, dejaré una de los tiempos en que echábamos a andar a tu sombra.


el abuelo Vélez*

la cosa esa del paraíso

Hay que reconocer que la muchacha está como un queso. Debemos mostrarnos de acuerdo en la certeza de ser motivo, más que suficiente, para resucitar al Resucitado.
Pero sí, quizás… y digo sólo quizás, equivocó el vestuario.

Que está buena de morirse ella lo sabe. Desde el pasado día 17 lo saben también todos los habitantes de Logroño, saeta de por medio, ante los aplausos enfervorizados de la mitad del clan, la inquina de otros tantos, y la envidia más insana del resto.

Volvemos, una vez más, al chiste burdo y soez de aquel conocido mío: Y a luego no queréis que sus follen.

En fin, Serafín, yo os dejo… encantado por supuesto, tema para polemizar.
¿Te parece adecuada o no la vestimenta de la saetera?

Y como uno es de vista generosa, tolerante hasta la exageración y para estas cosas siempre tuvo manga ancha… pues voto por la primera de las opciones; que si, que estaba muy guapa y apetecible. Y al que le pique, que mire hacia otro lado. Con ello -escribir es meterse en charcos- le busco la boca a más de uno.

Estoy seguro que, si le preguntásemos al Cristo, diría lo mismo. Tal como reza el sin pecado que se lee tras su esbelta figura, no tengo motivos para dudar que Lucía Rivera, que así se llama la criatura, sería capaz de llevarme al paraíso.
O muy cerca.


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2/4/14

la historia según Mairena: Juntos, por una vez

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Sudáfrica, verano del 2010. La selección española de fútbol, la Roja, ha conseguido lo que ningún rey, ni político, ni gobernante, ni cristo que los menee, consiguió desde los tiempos en que Napoleón paseaba por España como si fuese el patio de su casa; que todos se sintieran parte de un algo común.
Bueno… todos menos los cuatro de siempre, aunque parezcan cuatrocientos dado el ruido que hacen.
Por generación espontánea aparecen los balcones engalanados con banderas nacionales y… verlo para creerlo, se afirma ser español casi sin venir a cuento.
Hasta la pata del caballo de Francisco Pizarro, allá en su Trujillo natal, aparece engalanada con la roja y gualda. Todo a mayor gloria de un albaceteño que, al batir al meta holandés Maarten, prendió la tan ansiada estrella no sólo del pecho de sus compañeros de equipo, sino de 35 millones de españoles.

Foto: Monumento a Francisco Pizarro, Trujillo, Cáceres.

4/2/14

obituario

… y si vives, aún cuando su mano
me dé la Muerte, campanero hermano,
haz doblar por mí ánima tus bronces.
(Ramón López Valverde, el campanero)


El pasado 26 de enero, al filo del mediodía, nos dejó mi amigo Esteban. Esteban M Imbarato, que a mí me gustaba llamarle; que no hay muchos Imbaratos por estos mundos del demonio.
Pequeño y redondo, mitad venezolano y español, amable y socarrón, Esteban definía la cualidad de amigo.

Se fue al borde de la cincuentena, segado por la hoz clemente del infarto dulce, pero traicionero. Ese mismo que uno tiene apalabrado con la póliza del Ocaso. Se fue cuando hacía senderismo acompañado de su hermano y se lamentaba que había olvidado el tabaco en el bar donde habían estado desayunando. De tener el cigarrillo en la mano, ahora diríamos que fue él quien le había matado.

Esto, amigo Esteban, no son sino unas línea de obituario.
Unas líneas que, de todas todas, ni te harán justicia ni estarán a la altura de la calidad de tu persona, pero que es muestra de mi cariño y de mi respeto.
Que eras, ante todo, una buena persona sonará a estas alturas al consabido latiguillo que se dice de todo aquel que cruza el umbral. Pero de ninguna manera para nadie que tuviera la suerte de conocerte.

Mi amigo Esteban, tan agnóstico como yo, era una criatura de Dios. Y cuando cito a Dios, él y yo sabemos a qué nos estamos refiriendo. Nunca, en el tiempo que le conocí, lo vi preocupado por nada. Quiero decir preocupado más allá de lo estrictamente razonable. Lo que tenga que ser será y no hace falta darle más vueltas al molino, era su modus vivendi. ¡Y mira que le he conocido ocasiones de pasarlas putas!.
Esto, que es una filosofía de vida, no es aprendible; se lleva en las entrañas. Hoy es hoy, y mañana la providencia dirá. Y si no dice, como el pasado 26, pues hasta aquí hemos llegao; sin alterar el semblante y sin desdibujar la sonrisa.

Como decía tu mujer en la despedida, habrás sido muchas cosas, buenas o menos buenas, pero en una de ellas te salías; en la de amigo. AMIGO con mayúsculas y hasta la eternidad. Así que dicho esto, conocido el despego que le tenemos a la iglesia y a sus representantes, seguro que te alegraste que en vez de entrar al templo para asistir a tu funeral –montado para tranquilidad de tus familiares-, cruzara la plaza del pueblo y me entrara en el bar La Tertulia a tomar un café a la honra de tu memoria.

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Un bar, La Tertulia, hecho a nuestra medida, de tradición y solera, de apego y conversación, de buen vino y mejor comida, de tapa para el aperitivo y café de sobremesa, de punto de encuentro para abrazarnos.

No voy a llorar tu muerte porque sé que te ibas a cabrear. Además sólo te tocará esperarnos un rato. Así, mientras el reloj de la torre de la iglesia marcaba la hora de tu marcha, y los bronces del campanero ponían banda sonora a la vaina, procuré poner mi maltrecha espalda lo más derecha que pude –ya sabes que me pasó el lunes- para levantar la taza del café y decirte: Conocerte fue la leche, tío; a cualquier lado que vayas, espero volver a verte.

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