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DIOS TOLERA LO INTOLERABLE; ES IRRESPONSABLE E INCONSECUENTE. NO ES UN CABALLERO. (Don Jaime de Astarloa.- El Maestro de Esgrima)
ESCRIBIR ES METERSE EN CHARCOS. (Juan de Mairena.- Maestro Vidriero)

2/2/18

el último paseillo

Buenos días, mis cuates.
Hoy es San Juan Bosco y ayer hice mi último paseíllo.
El traje de luces, recién traído de la tintorería, esperaba colgado en una silla de enea, cumpliendo así el mandato litúrgico. Soledad y desamparo, a partes iguales. Ni siquiera el mozo de espadas, apretando con saña la taleguilla, para suavizar el ambiente.

Me vestí despacio y en silencio, con ceremonia, saboreando cada última vez. Fuera, el rumor del gentío. ¡¡Qué sabrán ellos!!.
Luego el clamor, los aplausos, los abrazos, las palmadas en el hombro, y un torbellino de vida que llega impetuoso y todo lo arrastra menos la incertidumbre. Y alguien a quien no conoces que aprovechando la confusión corta tu coleta y se la lleva sin que te des cuenta.

Atrás quedan las tardes de gloria –muchas-, las de bronca –tantas-, un rosario de plazas buenas, malas y peores, la sangre en la arena. Atrás queda lo que fuiste y ya no eres.
Por delante, un horizonte nada a claro a descubrir.
No va más. Cayó el telón.

el torero golfista

22/1/18

narcos

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37º 8’ 16” N y 1º 55’ 58” W, en el triángulo que conforman Turre, Los Gallardos y la Sierra Cabrera, se encuentra un pequeño aeródromo abandonado, pero listo para cualquier contingencia.

Tiene una pista de casi 700 metros de longitud y una anchura de quince, asfaltada, orientada sentido este-oeste, que si bien tiene algunas irregularidades, podríamos contar se encuentra en buen estado de uso… para emergencias.

De lo que he podido escarbar en la red –a ver si alguien me ayuda- se construyó a principio de los setenta cuando el levante almeriense empezaba a despertar al turismo. Los hermanos Polanski –nada que ver con el cineasta- y un tal Serafín Cervantes, que se hizo de dinero con las minas de plata de Cuevas del Almanzora, fueron los impulsores no sólo del aérodromo, sino de las primeras urbanizaciones en Sierra Cabrera.

Luego el abandono y el olvido; nunca ha llegado a tener uso comercial salvo contadas ocasiones, como aquella –julio de 1980- en que un bimotor trasladó desde Turre a Lyon a los familiares de unos montañeros almerienses que habían tenido un accidente en el Mont Blanc.

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Más recientemente, nuestro aeródromo fue protagonista de historias de narcos que trasladaban hachís desde Marruecos a la península. Activado el SIVE y bajo la atenta mirada de la Guardia Civil, en la actualidad no es más que un portaaviones en mitad de la nada, pues un barco parece su pista de aterrizaje, rodeada de taludes y barrancos por sus cuatro costados.

También hemos conocido que ahora lo utiliza el Ministerio de Defensa para maniobras militares. De hecho observamos ha sido llevada la electricidad hasta una moderna torre que se sitúa junto a los hangares… por lo que pueda pasar.

Víctor me habló de él y de la posibilidad de hacernos una excursión hasta sus pistas. Como para acceder al mismo hacen falta más ganas que medios, dimos cumplida cuenta el pasado día 20, una soleada mañana de enero. Perdices, conejos, zorros, jabalíes, aliagas y palmitos, pueblan esta parte del mundo por la que raramente aparece nadie.
Nosotros entramos dentro de esa rara especie, y aquí queda documentado.

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3/1/18

bautizo mtb

Tenía pendiente –pecado imperdonable-, montar en La Vidriera un cristalito que fuera crónica imperecedera del bautizo de Sergio como intrépido practicante de mountain bike y digno heredero de las aficiones cicleras del Capitán Pedales.

Como buen aficionado y tomando prestados términos del argot taurino, apuntaremos que fue la faena el 5 de noviembre del año del señor de 2017 y que tan inolvidable aventura se desarrolló entre el paraje de Torregarcía y la barriada almeriense de San Miguel del Cabo de Gata, tras visitar el charcón de Rambla Morales y disfrutar de los caminos que nos ofrece el Parque Natural del Cabo de Gata. Actuó de testigo su primo Rubén, que se ofreció encantado a acompañarnos en tan singular ceremonia.

Como no podía ser de otra manera, el tiempo y las circunstancias acompañaron para que la mañana resultara inolvidable.

Y para que quede constancia de todo ello, adjuntamos el correspondiente reportaje gráfico…

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el tren olvidado

Me veo hoy en la tesitura de abrir en este Blog una “causa separada” para darles cuenta que, tras un año de trabajo –sosegado, eso sí-, y con ayudas inestimables, he finalizado un trabajo foto-docu-ferroviario que pueden seguir en el enlace,

https://eltrenolvidado.blogspot.com.es/

Desde el convencimiento que más importante que la meta es el camino, deseo que lo disfruten tanto como este maestro vidriero lo hizo mientras lo modelaba.

6/11/17

el Infierno

No, no es de ese Infierno del que les voy a hablar; es de otro Infierno.

El pasado viernes, a la hora del vermut… como no podía ser de otra manera, entregó la manguera, el rodillo de alisar, las llaves de su amotillo y las herramientas del huerto, mi querido Juan Sánchez Gázquez (a) el Infierno.
Nunca más oiremos su vozarrón sobre las pistas de tenis del Indalo. Nunca más le oiré chancearse de mis adversarios –y de mí mismo- mientras nos gritaba a voces:
-Vergüenza os tenía que dar, no poder ganarle a un viejo.

Nunca más la lotería de navidad que nos guardaba el tiempo que hiciera falta.
Nunca más la copa de vino, las habas, la panceta de barbacoa, las bromas y las risas.
Ya no volverá a molestarnos pasando la cortadora de césped justo cuando el partido se ponía cuesta arriba; o cuando arrancaba la moto para andar 20 metros al tiempo que tú cometías una doble falta. Ahora, Infierno, sabes que daría no ese, sino todos los partidos por perdidos con tal de que nos volvieras a incordiar con tus cosas, tus bromas, tus comentarios y tus ruidos a destiempo.
Se fue el Infierno, y otra vez se visten de negro las pistas de nuestro Club.

¿Quién se ocupará ahora de arreglar con mimo la arcilla de las pistas?
¿Quién faenará en tu huerto? … probablemente el único huerto tenístico del país.
¿Quién cuidará tus perros y tus gatos? Canela y el Espeluznao ya te echan de menos.

Seguramente encontrarán a otro, Infierno; que dicen por ahí que nadie es imprescindible. Debe ser verdad, como también lo es que hay gente más prescindible que otra. Te has ido tú, y nos vamos un poco todos. Y más que todos, el viejo Indalo, que no está ya para aguantar muchas cornadas.

Donde quiera que estés, ve preparando la pista que ya nos iremos acercando. Pero hazlo sin prisa, con mimo, como lo hacías aquí. Tú, como he leído estos días, a tu aire. Así me da tiempo a recuperarme de la lesión del dedo.
Ya sabes, Infierno, que uno no es mucho de creer ni en Dios ni en sus embajadas; pero si es por ti… Padre Nuestro que estás en los cielos…

Y añado:
A nuestro amigo y compañero Infierno le llamaban así por el lugar donde nació y pasó buena parte de su niñez; la cortijada -que no el cortijo- Infierno, un lugar áspero y seco, donde sólo crece el esparto y la jara, hoy felizmente derruido y que se encuentra ubicado dentro de los confines de la zona de prácticas de la base militar de la legión en Viator.

Descansa en paz, amigo.

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20/10/17

Fígaro

No tengo memoria de haberles contado que estoy buscando peluquero.
Es así; el mío, el titular, se jubiló dejándome en el más absoluto desamparo capilar.

Debe ser un pelucas de los de toda la vida, tradicional… que uno es un antiguo, con local en los que se hable de fútbol, toros y mujeres –a ser posible malas-. Con una jaula con canario y un poster de la Duodécima.

No soy de estilismo complicado, más bien de Teniente O’Neil cuando se preparaba para ingresar en los Seal. Pero no dejas tu cabeza en manos de cualquiera; ni la de arriba, ni la de abajo. Es por eso que ando un poco confuso y desnortao.

Acudí primero a una de mi barrio, clásica, de las de manual. Pero el fígaro se pasó de listo y me cobró por encima del precio de mercado. Lo hubiera pasado si el precio llevara incluido masajito, mimos, o hubiera cantado algo; pero no hubo nada de ello. Tachado de la lista.

Ayer acudí a otro. A este tampoco lo conocía, pero en el escaparate de su barbería lucía una bicicleta. Pensé –equivocadamente- que por corporativismo nos íbamos a llevar bien.

Cuando entre al local ocupaba el sillón de cliente una especie de gentleman como el que protagoniza el anuncio de la fragancia Solo, de Loewe, que ya tenía arreglada la… digamos… cresta. Ahora se ocupaba el maestro peluquero de la barba. El maestro peluquero resultó ser un chaval de veintipocos años, vestido como un rapero del Bronx, protegido con un delantal de herrero y tocado con una gorra de beisbol. En la peluquería, para más detalle y ponerles en situación, sonaba música hip-hop a todo trapo. Tenía una foto en el móvil en la que se le veía en plena faena, pero... la he perdido.

Aquello fue pa verlo. El peluquero trataba la barba del fulano como si estuviera podando un bonsái. Peine, tijera, máquina… peine, tijera, máquina… de cuando en cuando, el barbero hacía una foto con su móvil de la barba del cliente y se la enseñaba, para ver si estaba quedando a su gusto. Hasta con un cepillo de dientes, le alisaba la zona del bigote para mejorar los resultados. Joder, ni que estuviera esculpiendo el Discóbolo.

A la media hora –yo era el único cliente en espera- me levanté y me fui sin dar explicaciones. Creo que ni notaron mi ausencia, los muy capullos. Otro tachado de la lista. Tu Barbería, resultó NO ser mi barbería.

Como me urgía cortarme la cabellera –la poca cabellera que queda y se empecina en formar ricitos-, aún tuve tiempo de entrar en otro local de la misma calle. Delage Peluqueros, reza el cartelito. Delage son dos chavales por debajo de los treinta y tatuados hasta el culo. Uno de ellos se adorna la nariz con un aro. Quiero creer que no soy de prejuicios –lo soy- pero preferí que por turno me cogiera el otro. Si en la pelu de la bici la banda sonora era el hip-hop, aquí priva el tecno-pop. Por supuesto a todo volumen.

Ocho minutos treinta y dos segundos, tardó el maestro en acondicionarme los cuatro pelos que me quedan. Y quedé tan guapo y aparente como la Teniente O’Neil.
Pero tampoco es mi lugar. Sigo buscando peluquero.

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16/10/17

la Senda de Matagallar

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Fueron esta vez de la partida el Sherpa, el Vete y el Capitán Pedales; tres patas para un buen banco.

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Jubrique, punto de partida

Cuando tras cuatro horas y cuarto de triscar montes, subir trochas y bajar barranqueras, llegamos a la sombra y fresco de la Venta de San Juan, sentado ante el plato que les muestro, mi cuerpo entero estaba en las mismas condiciones que las ruinas que le siguen. Estamos por el caucel del Genal, en un rincón conocido por Arroyo Hondo.

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Y puedo asegurarles, sin temor a equivocarme, que engullimos los platos sin el menor remordimiento de conciencia. Por una vez, y sin que sirva de precedente, el colesterol –bueno o malo- pasó a ser algo intrascendente.

Inhabilitado para jugar al tenis por mor de una lesión en el dedo indice de la mano derecha, lesión ridícula y puñetera que lo mismo me retira, esta vez el Sherpa acordó llevarnos de excursión por la Senda de Matagallar. Nos acompañó nuestro amigo el Vete, siempre dispuesto a apuntarse a estas correrías.

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En la referida excursión, de unas cuatro horas aproximadamente de duración, se recorren doce kilómetros. Ello puede darles una idea de la orografía del terreno a patear.

... del Runtastic

En términos generales se trata de dejar el coche en Jubrique, tierra de bandoleros, y descender ya caminando hasta el lecho del río Monardillo. Superado el trámite, y si no te has despeñado, hay que subir los 596 metros de nada de la Sierra Paloma, tras lo cual daremos vista a Genalguacil.

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Una vez en sus calles se impone un alto en el camino, tanto para reponer fuerzas con un breve refrigerio, como para admirar –siquiera sea de pasada- las obras de arte que se agolpan en sus calles.

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Recuperado el aliento, hubimos de descender por el cauce del Panerón hasta el río Armachal, que nos llevará al Genal en el paraje conocido por Arroyo Hondo. Este descenso hará ridículo el anterior de Jubrique, que uno pensaba –hasta ahora- que era lo más de lo más.

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Ya en la Laguna de Pradollano, que incita al baño como el canto de las sirenas de Ulises, el camino se hace más liviano y cómodo. La chopera te ampara del sol abrasador y la Junta de Andalucía habilitó seguras pasarelas para ir salvando sin mayores problemas el cauce del río, ya en el horizonte la Venta de San Juan, término de nuestro viaje.

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Una vez en la Venta, derrengaos y extenuados, la cerveza fresquita entra por el gaznate como si fuera el agua del Genal.
Tras el postre, el digestivo y el café, sólo queda un pequeño problema; alguien nos tiene que subir hasta Jubrique para recuperar nuestro vehículo.

Ello queda en manos de la buena gente del lugar. Para nosotros no supuso impedimento y para el que quiera copiar la aventura supongo que tampoco lo será.

Este habrá sido, desde luego, el menor de los impedimentos que encontrarán en el camino.

Quede pues aquí constancia de la aventura, a mayor gloria de los tiempos en que pudimos hacerlo.
Otras vivencias de la Senda de Matagallar:

17sende-2*

17sende-11*

17sende-48*

17sende-45*

17sende-69*
Bien está, lo que bien acaba.