Cuando estes triste recuerda que tienes una moto; es casi suficiente para ser feliz.
Hay dos tipos de motoristas; los que se han caido y los que se van a caer.
Banda sonora muy apropiada para este cristalito;
La cosa fue en la muy laboriosa y noble ciudad de Benahadux,
y organizaba el evento… muy bien por cierto… el motoclub Andarinex.
Nunca habíamos visto tanta moto junta. Ni tanta variedad. Aquello parecía una edición de la Pingüinos vallisoletana.
La organización tenía previsto todo lo que de un evento de
esta categoría se espera; cómoda zona de estacionamiento para las máquinas,
área para las virguerías moteras y quemar rueda, zona de stands comerciales
donde adquirir un recuerdo del evento y una gran carpa cubierta donde disfrutar
de la cerveza –con y sin alcohol-, las tapas propias de la tierra y un
escenario donde algunos grupos locales y otros no tanto –Danza Invisible- ponían
la banda sonora con el rock que requiere este tipo de encuentros.
Katalina dio la talla. Posee la suficiente elegancia, fuerza
y abolengo como para no defraudar en cualquier tipo de acto social. Muy a pesar
de que el malaje de mi amigo el Séneca la tilde de licuadora. Incluso recibió alguna mirada lasciva.
En este tipo de encuentros, siempre hay momento para volver a saludar a viejos amigos. Es uno de sus leit motiv…
Podría seguir con la prosa, pero es casi mejor que me acompañen y se asomen con nosotros a través del objetivo de Nikita… que también nos acompañó.
Porque, desde luego, no regresamos a casa sin una estupenda
colección de fotografías. Siempre es tiempo de ejercitar los ojos.
En la diversidad está el gusto.