La Vidriera del Mairena


-Dios tolera lo intolerable; es irresponsable e inconsecuente.
No es un caballero.
(Don Jaime de Astarloa. El maestro de esgrima.)

-Escribir es meterse en charcos.
(Juan de Mairena.- Maestro Vidriero).


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25/4/19

el derrumbe

De amanecida hubo un pequeño temblor sísmico. Nada importante; uno más de los muchos que sacuden este sur del sur. Nada que ocupara los comentarios de los parroquianos más allá del mediodía.

A media mañana vino a visitarnos otro de nuestros compañeros habituales, un fuerte viento de poniente que rizó la superficie del mar y puso música en las drizas de los veleros que se mecen en el puerto deportivo.

Y sobre las 16.30 horas, cuando la hora de la siesta… o del café… sucedió lo imprevisto: Se vino abajo con estrépito toda la fachada del Club Costa.

Tras el ruido ensordecedor, la calle Úbeda quedó envuelta en una espesa niebla de polvo y cascotes. Nadie, al mirar hacia el punto de la tragedia, sabía a ciencia cierta que era lo que había pasado.

Lo que había pasado es que una fachada de 50 metros de longitud, quizás empujada por el viento y seguro que en mal estado de conservación se había derrumbado sobre una calle de normal bastante transitada. Justo sobre la puerta del bar Hermoso, establecimiento de hostelería –buenas tapas y mejor cerveza- que visitamos muy a menudo y del que somos clientela fija.

Cuando el polvo se fue despejando la gente corrió hacia los coches sepultados entre los cascotes temiendo encontrar lo que era lógico, los cuerpos maltrechos de sus ocupantes o de los viandantes que por allí cruzaban en aquel momento. Pero ayer era San Melito, y ya que no pudo evitar el desprendimiento al menos esperó el momento –raro, rarísimo- en el que nadie pasaba por la calle.

Policía, Bomberos, Ambulancias, Protección Civil… allí se lió la de Dios es Cristo. Regresaba yo con la boscomoto de hacer gestiones propias de mi situación laboral y pretendía acceder a mi calle cuando la policía me lo impidió; la zona estaba cortada. Dejé a Katalina tirada por allí y desenfundé a Nikita. Mi vena de freelance y reportero de guerra se vino arriba. Aproveché que alguien abría el portal de un edificio colindante y por allí me colé –como en la fiesta de Mecano- para acercarme al punto Cero.

Lo demás lo pueden ver en el documento gráfico que sigue. Fue a las 16.20 horas del día 24 de abril de 2019; doy fe.

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