La Vidriera del Mairena


-Dios tolera lo intolerable; es irresponsable e inconsecuente.
No es un caballero.
(Don Jaime de Astarloa. El maestro de esgrima.)

-Escribir es meterse en charcos.
(Juan de Mairena.- Maestro Vidriero).


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6/12/11

Historias del ferro-bici; Agua Amarga.

Te voy a proponer un viaje al mar. Un viaje desde las altas tierras de Lucainena de las Torres a las blancas arenas de la playa de Agua Amarga, en la provincia de Almería.
Cuarenta kilómetros en los que, siguiendo el trazado del antiguo ferrocarril del mineral de hierro, nos sumergiremos en un episodio de la historia minera de Almería, pasando desde los 560 metros de altitud de Lucainena, parque natural de Cabo de Gata-Nijar de por medio, al nivel del mediterráneo.

El trayecto lo podemos dividir en tres partes absolutamente diferenciadas; la primera se extiende desde Lucainena a Polopos, la segunda desde aquí hasta el Argamasón y la tercera y última desde el Argamasón hasta el cargadero de Agua Amarga. La primera y tercera discurren sobre lo que fue la plataforma del ferrocarril minero y la segunda… por donde buenamente puede; que el progreso y la modernidad se encargaron de borrar las huellas de la historia a pinceladas de invernadero, naves industriales y despropósitos varios.

Agarra tu bici, agua y bocadillo, y vente conmigo; de verdad que lo vamos a disfrutar.

El recorrido, 39 kilómetros, es casi todo descendente; suavemente descendente. Con todo, existen repechos para encomendarse a la Virgen del Culillo Apretao; como la subida de Rambla Honda, o la llegada a Polopos, o el alto de Sierra Cabrera, que pondrán en apuros al ciclista piltrafilla como este que les cuenta.
De cualquier manera, y dado que los repechos no son de longitud considerable, siempre te queda el remedio de echar pie a tierra y, empuja que te empuja, terminar de subir aunque sea con el bofe fuera y de manera poco airosa.
Como yo no lo tuve que hacer, y terminé todas ellas sobre el sillín de Lagartija, no creo que nadie se vea en tal aprieto.
Y es que no conozco ciclistas menos cualificados que yo.

La literatura que a continuación sigue tiene como justificación suplir las carencias cicleras con el conocimiento del medio. Se nos podrá pues achacar que como ciclistas dejamos mucho que desear, pero al menos estaremos documentaos.
Empezamos; pon el cuentakilómetros de tu bici a cero y enfila el manillar a la torre de la iglesia de Lucainena.

Introducción
Corría el año 1893 cuando se descubrió que la sierra a cuya sombra se cobija Lucainena de las Torres escondía en sus entrañas una notable cantidad de mineral de hierro. Esto no fue casualidad; a finales del siglo XIX, en pleno despegue industrial de la vieja Europa, la industria del hierro vivía su época más esplendorosa y se buscaban yacimientos como ahora se buscan avances informáticos.
Descubierta la mina, hizo falta la unión de un inglés (Hermann Borner), un vizcaíno (Ramón de la Sota) y un alemán (Otto Kreizer) para que la constituida Compañía Minera de Sierra Alhamilla, fuera la encargada de la explotación de la mina y el traslado del mineral al embarcadero correspondiente, desde donde sería trasladado a los hornos de fundición ubicados en la lejana Inglaterra.
Se descartaron Almería, por la distancia, y Carboneras por lo dificultoso del trazado en su tramo final; siendo finalmente una zona aledaña a la barriada de Agua Amarga la elegida para construir el embarcadero.
El ferrocarril minero empezó a operar en el año 1896 y sus primeros tiempos coincidieron con los de gran prosperidad de la mina, para beneficio de sus propietarios y, en menos medida, para la comarca.
La decadencia llegó con el final de la Primera Guerra Mundial, y la subsiguiente crisis siderúrgica europea y española. Tras una ligera recuperación, la empresa continuó en decadencia hasta 1931, en que se suspendió temporalmente la circulación del ferrocarril. La actividad se reanudó esporádicamente, y durante la Guerra Civil quedó en manos de los obreros.
Ramón de la Sota fallece en 1936 y, después de la guerra, las autoridades franquistas incautaron sus propiedades por su militancia nacionalista. Tras efectuar un cuantioso desembolso a fin de reparar la línea, se comprueba que los criaderos estaban agotados y en 1942 cesó por completo la explotación.
El último barco en cargar mineral en Aguamarga fue el Bartolo, en los primeros meses del año. Y decimos en los primeros meses porque el 6 de marzo sería hundido frente a las costas de Marsella por el submarino alemán HMS Taurus.
No queda nada del gran muelle metálico, más de 70 metros de largo, bajo el cual ofrecían los cargueros la boca de sus bodegas a las vagonetas que se situaban sobre el mismo.

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Km. 0.- Hornos de calcinación.
Situados a la falda misma de la sierra han sido restaurados en el año 2010.
Ocho hornos que se utilizaban para aumentar el tenor metálico del mineral que posteriormente el tren trasladaría hasta el cargadero de Agua Amarga; mudos testigos del esplendor minero de esta comarca cuando tocaba saltar de un siglo a otro.
En sus inmediaciones se ha habilitado un amplio aparcamiento que nos servirá para dejar los vehículos en los que transportamos nuestras bicicletas.
Para llegar al mismo hay que tomar, a la entrada del pueblo, la carretera local que lleva a Turrillas y a un kilómetro aproximadamente encontraremos, a la izquierda, el desvío para llegar a los hornos.

Km. 0’790.- Casco urbano de Lucainena de las Torres.
O de las siete torres, como se llamó en la antigüedad; vigías que en el siglo XVI servían de alerta a los habitantes del pueblo, entonces alquería musulmana.
Llegamos al pueblo por el Camino de las Minas y entramos al mismo por la calle Unamuno, a espaldas de la iglesia de Santa María del Monte Sión (que ya hay que rebuscar). Una vez rebasado el mirador del Poyo de la Cruz, antesala de la iglesia, bajaremos hacia la entrada del pueblo buscando la Casa de la Compañía de Minas y el propio inicio de la Vía Verde (¡ojo!, que tendremos que recorrer unos doscientos metros por dirección prohibida; nada del otro mundo dada la escasa circulación del lugar).
Para antes de comenzar a biciclear recomendamos una visita a la plaza del ayuntamiento, donde se ubica un bar con una coqueta terraza, a los lavaderos públicos –en la parte alta del pueblo- y al restaurante Venta Museo, donde a la par de admirar lo que allí se expone al visitante, podremos degustar los platos típicos de la tierra.
Con todo, los primeros vestigios de población en el lugar se remontan a la era de la ocupación romana, villa entonces del patricio Lucainos, y por esto conocida por Locaynena.
En el año 1998, le fue concedido al pueblo el premio nacional de embellecimiento.

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Km. 1’340.- Entrada a la Vía Verde acondicionada.
Situada frente a la Casa de Dirección de la Compañía Minera; exquisitamente conservada y en la actualidad escuela pública Diego Ropero.
Justamente aquí es donde tenía yo que insertar una fotografía de la dichosa Casa de Dirección pero… se me ha perdido.
Tendrán que esperar pues sus mercedes a que pueda deshacer el entuerto. Y ello pasa, necesariamente, por volver a Lucainena; que todo lo que aquí se cuelga es producto original y cien por cien ecológico.

Km. 1’400.- Estación de Lucainena.
Coqueta estación que pretende retrotraernos a la entrada del siglo. Sirve como oficina de turismo y el ferroviario reloj colgado en su fachada nos despedirá en nuestra travesía.

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Km. 3’650.- Área de descanso.
La verdad es que para el ciclista que nos ocupa, aunque sea piltrafilla, aún no será el momento de descansar de nada pues nada nos habremos cansado, pero está terminada con buen gusto y lo bien hecho… bien parece.

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Km. 6’100.- Noria de sangre.
La vemos, rodeada de palmeras, a la izquierda del camino.
Ya en desuso, se llamaba de sangre a la noria que era tributaria del animal o del hombre para ser movida, al contrario de otras que se movían por la fuerza del agua o del viento.

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Km. 6’270.- Final de la Vía Verde acondicionada.
Hasta aquí llegó el Ayuntamiento de Lucainena en su proyecto de Vía Verde, proyecto en el que no se implicó quien de verdad debía implicarse. Aunque escaso el trayecto, debemos agradecer a este Ayuntamiento el esfuerzo realizado. Ojala lo continúe quien tiene medios para ello.
A partir de aquí, hasta Polopos, la vía discurre –en su mayor parte- por lo que fue la antigua plataforma del ferrocarril. Vía “ciclable” que quiere decir que en teoría, y siempre en teoría, tiene preferencia de paso el ciclista.
Nunca estará de más circular con precaución, si bien es cierto que por esta carretera no circulan ni los grajos, exceptuados los cuatro lugareños que tienen por allí sus fincas de labor y se desplazan a la misma para atenderlas.

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Km. 7’870.- Puente de la Rafaela.
Sólo quedan los sillares del mismo, que se situan a la izquierda del camino. En invierno el cauce suele llevar agua, pero nada desde luego que nos impida el paso.
Rebasado el puente toca subir una cuestecilla de las de bajar el plato y apretar el culo hasta alcanzar, nuevamente, la plataforma de la vía.

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Km. 10’520.- Túnel de Polopos.
No iluminado; ni falta que le hace, pues mide solo unos treinta metros. Ingeniería pura de pico y pala. Aquí, ni excavadoras ni nada que se le pareciese. Si acaso, los dientes.
Deberá tener cuidado rebasado el túnel; a la derecha se sitúan unos cortados, sin protección, por los que no es nada aconsejable despeñarse.

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Km. 11’700.- Puente de Rambla Honda.
De este puente, al igual que en el de la Rafaela, sólo quedan los sillares; pero impresiona la solidez y magnitud de la obra para un tiempo en el que todo se hacía a golpe de brazo.
Desde aquí, hasta el km. 12’130, desaparece el firme asfáltico de la carretera y circularemos por el camino terrizo que conforma la rambla.

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Km. 14’380.- Polopos
Tras superar la mayor subida que encontraremos en el recorrido, resoplando del esfuerzo y acordándonos de san Apapurcio bendito, llegamos a la pequeña barriada de Polopos. Conjunto de casitas achaparradas blanqueadas de cal y con aire mexicano que ha hecho fuera el marco elegido para rodar los exteriores de un buen número de producciones cinematográficas:
-Tu perdonas… yo no; con el Terence Hill y el Bud Spencer.
-100 rifles, otra del oeste.
-Cabalgando al infierno.
-En la boca del diablo (de la serie de tv Curro Jiménez).

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Km. 18.- Paso bajo la autovía A-7.

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Km. 19’860.- Alto de la Venta el Pobre.
Otro pequeño repecho que encantará a los más avispados del pelotón nos dejará junto a la torre de la Venta el Pobre.- Aquí tendremos que tomar un desvió a la izquierda, junto a la planta que fabrica elementos de hormigón para el trazado del AVE y enfilar dirección Carboneras.

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Km. 20’600.- Estación de Servicio GALP.
Nuestras cabalgaduras no necesitarán repostar en ella. Toma el camino que, paralelo a la N-341 y por la izquierda, enfila hacia el mar.

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Km. 22’600.- Cruce de los Alamillos.
No hay foto; se me acabó el carrete y, para cuando quise poner otro, la bici ya había dejado atrás el lugar.
Nosotros… to tiesos; seguimos por el trazado que, paralelo a la N-341, nos lleva como dirección Carboneras.

A la altura del km. 23’100 el camino presenta una nueva bifurcación. A la izquierda para Los Alamillos; nosotros seguimos de frente.

Km. 24’230.- Sierra Cabrera.
Hemos comenzado a subir una nueva rampa.- A la derecha nos saluda el cartel que nos indica estamos en el paraje de Sierra Cabrera.
Alcanzaremos el alto en el km. 25’800; quizás sea un buen momento para echar pie a tierra, beber un trago de agua y comer lo que quiera sea que llevemos en la mochila. Lo peor, ya ha pasado.

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Km. 29’280.- Salto de la N-341.
Es aquí donde habremos de saltar la N-341 al otro lado.
Precaución porque la circulación es intensa y el lugar no tiene muy buena visibilidad.
Ahora circularemos por el arcén de la N-341, dirección Carboneras, aproximadamente durante un kilómetro. Justo hasta el…

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Km. 30’160.- Cruce del Argamasón.
Que veremos a nuestra izquierda. En esta rotonda o desvío es donde tendremos que buscar (está disimulado), el pequeño sendero que nos llevará hasta la plataforma de la antigua vía del ferrocarril minero. Yo os la señalo con una flecha vertical. Si te pierdes aquí, es que te pierdes en el pasillo de tu casa.

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Toma como referencia la torre eléctrica para alcanzar la plataforma del ferrocarril

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Km. 30’350.- Plataforma del ferrocarril minero.
Ya estamos nuevamente sobre la plataforma del antiguo ferrocarril. Las verticales paredes de una trinchera majestuosa nos van a servir de entrada en la tercera y última etapa del recorrido.

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Km. 33’380.- Cruce de las Antenas.
Ojo con la navegación y no te pierdas. Llegados a este punto, a tus espaldas las antenas que ves en la foto, tienes que tomar el camino de la izquierda, el señalado por las flechas.

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… y esto es lo que tendrás a tus espaldas:

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Km. 34’690.- Desvío del puente roto.
Aquí no te ibas a perder, pero tendrías que volver sobre tus pasos. Si no tomas la bifurcación a la izquierda, la que indican las flechas, te encontraras a cien metros un puente derruido e insalvable. Así pues toca utilizar itinerario alternativo. Ten cuidado porque hasta volver a alcanzar la plataforma del ferrocarril la vereda es muy “técnica” (llámase técnico al camino hecho una mierda, con piedras y canchales sueltos, poco llano, muy dado a partirse la crisma).

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Km. 37’830.- Urbanización de Agua Amarga.
Hemos llegado casi al final del recorrido. Bordearemos esta pequeña urbanización por el camino que indican las flechas y accederemos a la carretera local que va desde Agua Amarga a Carboneras. Al acceder a su firme tomaremos a la derecha (km. 38’210) y doscientos metros más adelante (km.38’430), el desvío a la izquierda que nos llevará al cargadero del mineral, que ya vemos a lo lejos.

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Km. 38’950.- Cargadero de Agua Amarga.
Hemos llegado a la meta.
El tiempo que yo tardé, parando a tomar anotaciones, alguna foto, y un poco de charla con las perdices y los conejos del camino –que te saldrán a espuertas- fue de tres horas aproximadamente. Los que yo ví se pusieron muy contentos; todos se alegraban de que pasara alguien por allí que no iba a pegarles tiros.
Antes de entrar en el cargadero, propiamente dicho, podrás admirar a la izquierda un aljibe típico y en muy buen estado de conservación.
Desde el alto, a tus pies, la barriada de Agua Amarga y su paradisíaca playa. Busca la terraza de cualquier bar; toca comentar, en amable camaradería, las incidencias del camino.

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Hasta la próxima, ciclista piltrafilla. Gracias por compartir esta aventura con el Capitán Pedales…

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Este cristalito tiene su reedición el 26 de febrero de 2017, en el que acompañado de mi nieto Rubén abordamos nuevamente la travesía.
Aspectos a destacar:
1. Las administraciones de los ayuntamientos implicados en el desarrollo de esta Vía Verde no sólo no han cumplido lo prometido respecto de la finalización de la misma, sino que la parte ya realizada por el de Lucainena se está viniendo abajo sin que nadie le ponga remedio. Más de lo mismo y nada de que sorprenderse.
2. Rubén sube las cuestas como las lagartijas las paredes.

Estrenamos nuestro nuevo sistema de gps que nos asegura que la distancia recorrida es de 39’520 metros, la elevación ganada 234 metros y la perdida 778, así como que invertimos en el recorrido un tiempo de 2 horas y 47 minutos, sin parar ni a echar el bocadillo.

Unas imágenes para que el trago se les haga más llevadero:

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Bueno… a fuerza de ser justo habría que indicar que la administración ha colocado, en algún cruce conflictivo, unos indicadores para facilitar la orientación del caminante despistado. Les ha salido a dos euros el palo.

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… al Cesar lo que es del Cesar.

2 comentarios:

Jota dijo...

Excelente el relato, divertidos los comentarios anejos, buenísimas las fotos y magnífica la guía. ¿Y existen buses para regresar o...?

Un saludo, Capitán.

Juan de Mairena dijo...

No, no existen buses.
De hecho, el principal impedimento de esta ruta es que no es circular.
Haces los 40 kms. y luego... ¿cómo vuelves?
Pues vuelves engañando a algún incauto que te quiera hacer de transportista. Si le pagas el desayuno y la comida, suele colar.