La Vidriera del Mairena


-Dios tolera lo intolerable; es irresponsable e inconsecuente.
No es un caballero.
(Don Jaime de Astarloa. El maestro de esgrima.)

-Escribir es meterse en charcos.
(Juan de Mairena.- Maestro Vidriero).


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12/11/18

¿de Boca o de River?

Esta noche, a las 21 horas, en la Bombonera, juegan Boca Juniors y River Plate el partido de ida de la final de la Copa Libertadores, que viene a ser –para los no entendidos- como la Champions europea.
¿Con quién vas?

Los que nos criamos en la competición, los que la pasión se nos cae de los bolsillos de los pantalones, siempre tomamos partido. Da igual que no nos vaya nada en ello, es por ponerle un poco de emoción a la vaina. Tampoco es necesario un motivo definido, basta con que te guste más el nombre o el color de la camiseta, pero hay que decantarse por uno de los contricantes; la sal de la vida.

Antes de seguir debo aclararles que no les voy a hablar de fútbol –que también- sino de cultura. Boca Juniors y River Plate son dos equipos de fútbol que fueron creados por emigrantes italianos en la ciudad de Buenos Aires, por las mismas fechas y en el mismo barrio, Boca. Luego, a uno de ellos le tocó emigrar y este fue River, que se trasladó al barrio de Nuñez, un barrio acomodado que les deparó el mote de Millonarios, por el que se le conoce. También se les conoce por la Banda de la Gallina, y esto porque tras perder una final con Peñarol, alguien lanzó al campo una gallina blanca pintada con una raya roja –colores de River-. Desde entonces también les conocen por los gallinas.

Esta final de la Copa Libertadores, inédita porque es la primera que se da entre equipos del mismo país y la misma ciudad –antes la norma no lo permitía- pasará a la historia. En un país donde el fútbol es religión, esta noche a las 21 horas se parará el mundo. No habrá ojos más que para depositarlos en la cancha de la Bombonera. Ninguno de los dos equipos quería jugar este partido; y no por el miedo a ganar, no... es por el miedo a perderlo.

En Argentina, lo sé de buena tinta, lo que mola no es tener dinero, ser guapo, tener tres carreras o dar el braguetazo del siglo; lo que mola es saber jugar bien al fútbol. En Argentina –lo dice Relaño en el AS- uno de los peores insultos que te pueden dirigir es el de “patadura”, que define al negado en el arte del balompié. En mi pueblo les llamamos tuercebotas. He leído en el ABC –saben que uno es mucho del ABC-, que sólo llegar a Papa puede conseguir que te perdonen ser un patadura. Es el caso de Francisco.

Mientras en River siempre se apostó por un fútbol de juego técnico y exquisito, en Boca prevalecieron la garra, la fuerza y la navaja en la media. Es por esto que, esta noche, pase lo que pase, mi equipo será River.

En mi juventud, cuando el Plus Ultra cruzó por primera vez el Atlántico, el fútbol era mi pasión… una de mis pasiones. Llegue a destacar –y puedo documentarlo- como portero –el Gato del Rebalaje- y como fino interior –doctor Mairena-, aunque sólo llegué a jugar en Regional. Me faltaron dinero y padrinos… sobre todo de lo primero.
Bueno… pues eso… que vamos a jugar, pibe… decídanse por uno o por otro y luego nos tiramos dos semanas hablando del partido. Justo hasta el partido de vuelta.

18sep-320*

5/11/18

el violinista



el violinista del palacio de Carvajal

Me gusta caminar, perdiendo los pasos, en las calles de las ciudades que visito. Del brazo de Nikita, mi objetivo es ninguno; pasear y mirar. El mundo está lleno de cosas curiosas y uno, gracias a los dioses, aún –pese a los años- no ha perdido la capacidad de sorprenderse. Es un juego divertido. Sólo necesitas estar en paz contigo mismo.

Hace ocho años, en agosto de 2010, me encontré el artista ambulante que abre el cristalito de hoy en una calle de Cáceres. Me sorprendió, aún lo recuerdo, que alguien con su maestría estuviera tocando en la calle. También haber pensado que a saber que historia había detrás de un Zukerman como este. Cambié una foto por unas monedas, unas sonrisas y seguí mi camino.

Hace unas semanas me volví a encontrar al mismo violinista en la calle Sol, de Plasencia. El plan era el mismo, caminar y sorprenderme. Otra vez lo conseguí; allí estaba él, mi violinista preferido.
No puedo decir que los ocho años pasados le hayan tratado bien. La calle, me imagino, no termina de ser un buen escenario para los artistas. La calle, no es un buen escenario para nadie.

Naturalmente no me recordaba. Y esta vez no sonreía, sólo interpretaba; el Adagio d’ Albinoni. Que no es que yo sea un experto en música clásica, no; es que lo decía una señora huesuda y emperifollada que había junto a mí, con una cara de marisabidilla que tiraba p’atrás. Luego he comprobado que hablaba ex–catedra.

Volví a dejar unas monedas en su maletín, tome la foto y seguí perdiendo pasos en las calles de Plasencia; a mediodía tenía una cita en la Casa de las Muñecas, a unos kilómetros de allí. Esta vez se nos unió, a Nikita y a mí quiero decir, una sensación agridulce que nos acompañó todo el día.
La sensación de tristeza de su adagio.

el violinista

4/11/18

Camilo

Camilo ronda los 80 años y tiene un perro, Golfo, que no le va a la zaga en cuanto a cumpleaños dejados atrás. Son inseparables.

Se les puede ver, a menudo, paseando las aceras del barrio; calmos, pausados, serenos, atentos a la vida que se mueve a su alrededor. Camilo y Golfo son un elemento más del lugar, tan cercanos y entrañables como lo pueden ser el cura de la parroquia o el médico de cabecera al que todos vamos. Camilo y Golfo son una parte más del paisaje; son el paisaje mismo.

Golfo nunca va atado, ni falta que hace. Permanece junto a su amo y amigo y nada le altera. No le conozco un ladrido, una carrera, o un gesto brusco. Golfo, y Camilo, son la personificación de la mesura.
Tampoco Camilo lleva bolsas para recoger excrementos, que sustituye por un folleto comercial de los que dejan en su buzón publicitario. Cuando Golfo quiere hacer sus necesidades, se para y mira fijamente a su amo; este extiende en la acera el folleto publicitario y el perro, invariablemente, hace sus necesidades encima. Luego Camilo lo recoge y lo deposita en el contenedor de basuras más cercano.

Camilo está casado, pero raramente le veo acompañado de su mujer. A Camilo siempre le veo con su perro. Es por eso que supongo, sólo supongo, que la muerte de Golfo le dolerá tanto como la de su señora… como sea que se llame.

Camilo, que se jubiló hace ya cienes de años, también perteneció a mi empresa y llegamos a coincidir unos años, aunque desarrollando distintas funciones. Él se dejaba la vida en el cuidado de las motocicletas para que nosotros no tuviéramos que dejar las nuestras una vez las montábamos. Camilo era capaz de desmontar y volver a montar una Sanglas 400 con los ojos cerrados. Y ante la negativa de cualquiera de ellas a ponerse en funcionamiento, bastaba una imposición de manos de Camilo para que arrancase echando leches. Lo que te cuento.

Mantengo una relación cordial con Camilo, nos vemos casi a diario; nuestro barrio es un territorio familiar. No voy a decir que sea mi amigo porque Camilo no tiene las llaves de mi trastero, pero nos tenemos cariño… y respeto.

El caso es que un día le pedí que me dejara hacerle unas fotos, acompañado de Golfo… claro, y no puso ninguna pega conocedor de mi afición por la fotografía.

Fueron pasando los días, las semanas, los meses, y nunca encontraba el momento adecuado. Hace unos días, me dijo: Oye Mairena, si quieres hacer las fotos te vas a tener que dar prisa… Golfo no creo que nos aguante mucho.

Me la he dado. Camilo y Golfo, Golfo y Camilo, ya nunca dejaran de pasear las aceras de mi barrio.

Y yo me he quitado un peso de encima.

Camilo y Golfo

2/8/18

Celia Viñas

Érase que se era
mi abuela junto al fuego
el borde de su falda
frontera de mi sueño.



El 8 de marzo de 1943, puso los pies en Almería una profesora de Lengua y Literatura que respondía al nombre de Celia Viñas. Española de Lérida, educada en Mallorca, había elegido su destino de forma voluntaria tras superar unas oposiciones a cátedra. Comenzó a dar clases en la actual Escuela de Artes, que era el único instituto de Almería. No tenía, que sepamos, ningún ascendente en la ciudad.
El Diccionario Biográfico de Almería, editado por la Diputación Provincial, dice de ella:

Fue un regalo para nuestra tierra, un grano de trigo sembrado, demasiado prematuramente en el desnudo paisaje almeriense, que aún sigue dando sus frutos. Ella, como una catedrática de nuestros días, enseñó a aquella generación de posguerra a sentir a García Lorca, a penetrar con hondura en Miguel Hernández, a amar a los clásicos, abriendo los ojos de sus alumnos, haciéndoles sentir lo sensible, lo bello, lo sublime... avivando la pasión por la lectura y despertando aficiones literarias.


Casó con un almeriense, también docente, y rápidamente enraizó en la estigmatizada ciudad, sur del sur.
El Diario de Almería, muchos años después de su muerte, escribía:

Celia trajo bocanadas de aire fresco en cada minuto de su vida en una ciudad pobre, aplastada por la guerra civil y sometida al cansino y asfixiante ritmo marcial de quienes vigilan celosamente el cumplimiento de sus postulados ideológicos. Aires frescos procedentes de una mujer cuyos métodos pedagógicos, actitud ante sus alumnos y desenvoltura en el pequeño mundo cultural almeriense, analizado más de medio siglo después, seguiría llamando poderosamente la atención, definiéndola con los cánones de hoy como muy liberal.


Fue una profesora entregada a su trabajo, progresista, enfrentada al marcaje férreo del régimen, parte activa del Movimiento Indaliano y cualquier otra actividad cultural que se ofrecía en la ciudad, adelantada a su tiempo, como tantas otras mujeres de la época.
Celia escribe a Marta Mata, una de sus alumnas:

Yo trabajo en Almería como un misionero... encontré unas almitas niñas desiertas, secas como esta misma tierra trágica que me preocupa estéticamente, casi místicamente, tierra paria, tierra cruz... y procuro descubrir los rinconcitos donde el alma se esconde y canta su eterna canción verde... Hoy se lee y se escribe en Almería. Los muchachos jóvenes no se avergüenzan de su sensibilidad y las niñas leen menos novelas rosa. ¿Cómo lo consigo? Mi labor no se limita a la cátedra, soy amiga de tantos como puedo, confidente de muchos, bibliotecaria de todos... y yo ya no soy yo cuando llego a Almería...


Un falso embarazo, lleno de complicaciones, se la llevó de una tierra que ya era la suya el 21 de junio de 1954.- Una muerte prematura que la elevó a la categoría de leyenda.

El sepelio, seguido por miles de personas marchó desde su casa de General Luque, recorrió el Paseo y se acercó al actual IES que lleva su nombre, donde en las escaleras de entrada se instaló el féretro y la "señorita Celia", como le llamaban impartió su última clase y siguió su recorrido a pié no sólo hasta la Gloria (lugar donde tradicionalmente se despedía el duelo y se continuaba en carroza fúnebre) sino hasta el propio cementerio, donde hoy tiene un monolito que recuerda el cariño de todos los almerienses que le conocieron y de todos aquellos que admiran su apasionada actitud docente y su cariño por una tierra que le ganó el corazón.

Mi particular homenaje a la señora Viñas es dedicarle una fotografía. Corresponde a la portada del instituto en que dio clases, edificio que está en el adn de la sociedad almeriense y que lleva su nombre. Ya no luce en su puerta la gallina franquista, que los vientos democráticos le hicieron levantar el vuelo. Tampoco somos ya una, ni grande ni libre, ni el universo sabe nada de nuestro destino salvo que somos únicos aplicando la ley del péndulo.

adn almeriense

Me duelen los ojos,
me duele el cabello,
me duele la punta
tonta de los dedos.
Y aquí en la garganta
una hormiga corre
con cien patas largas.

16/7/18

el Tinao de la Mina

Cuaderno de Bitácora: 
14 de julio de 2018, 7.30 horas
Mina San Manuel, Cobatillas o Tinao
Sierra Bermeja, Estepona, Málaga

Esta vez el Sherpa me propuso subir a las minas de San Manuel, también conocidas por el Tinao de las Minas o las Cobatillas. Como ya son veces, nada de engaños; sé por experiencia que nada de lo que proponga mi amigo va a ser fácil, pero hay días en los que el cuerpo te pide comisaría. Y nos vemos tan de tarde en tarde que cuesta no darle caprichos. Aun así, sé que aventuras como esta son para él una especie de verano azul… que decimos.

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Para los amigos de documentarse, expondré sin más preámbulos que la mina que nos ocupa fue operada a mediados del siglo XIX, comenzando allá por el año 1860. Dice la Wiki que se explotaron masas de magnetita extraordinariamente puras de hasta un 72% de hierro (óxido ferroso-férrico, refractario), con ganga de serpentina amarilla y forsterita en un skarn magnesiano contenido en los mármoles dolomíticos que cabalgan al macizo de peridotitas de Sierra Bermeja, compuesto por lherzolitas con espinela. ¡Ahí es na!

En otros escondrijos de mi biblioteca he encontrado que fue explotada en 1929 por la Sociedad Anónima del Banco de Cartagena y en 1939 por el empresario Ernesto Lasso de la Vega.

Un pensamiento que me corroe es averiguar cómo coño se sacaba a la civilización el mineral de hierro extraído allí. Que sería con mulos, con caballerías; pero debían ser mulos con el graduado escolar hecho.

Nosotros dejamos el incombustible Opel Corsa –algún día habrá que dedicarle un cristalito- en el aparcamiento del cementerio nuevo de Estepona y comenzamos a subir una interminable cuesta que nos puso a las puertas del Campo de Tiro de La Madroña. De allí hay que tomar un desvío a la izquierda que nos llevara a la cabreriza del Tinao de las Minas (año 1989). Antes de llegar a él una verja nos impide el paso… que ya son ganas de ponerle puertas al campo. La valla no tiene más objeto que impedir el paso a cualquier vehículo no autorizado, pero un agujero oportunamente colocado indica al zapatista el lugar por donde tiene que colarse.

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En la cabreriza no había persona alguna, pero un perro del tamaño de un león, amarrado a pie de camino, nos hizo pronto saber que allí quien mandaba era él. No ponernos chulos con el perro, y optar por un prudente rodeo, nos permitió seguir el camino.

Tras pasar la cabreriza, viene lo verdaderamente interesante. Siguiendo el curso ascendente del río Guadalobón, prácticamente seco en esta época del año, hacemos la aproximación a la mina. En algunos rincones, el río vuelve a la vida y podemos disfrutar pozas en las que los lugareños –no sabemos si con la anuencia de la confederación hidrográfica- hacen captaciones de agua para sus intereses.

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Más tarde hay que dejar el cauce del río y comenzar a subir, sierra arriba, sin más guía que los consejos del que ya estuvo allí. La falta de camino y de limpieza de la masa forestal, los guijarros sueltos, la espesura, hacen imprescindible una aceptable condición física.

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Una media hora después de rebasar la cabreriza, encontramos las primeras escombreras y las ruinas de las casas de los mineros. Son tres, igualmente deterioradas. En ellas se conservaban las pertenencias de los mineros y les servían de refugio los días que trabajaban en la mina.

Tan aconsejable es no ir solo a estos intrincados lugares como llevar calzado adecuado, pantalones largos y camisa igualmente de manga larga. Te lo ahorras luego en cremas reparadoras de la piel.

Especial cuidado con el pozo que se sitúa en la parte más alta del Tinao de las Minas. Inexplicablemente no está protegido y si te caes a él tendrás serias dificultades para contarlo luego. Hay tres pilares semiderruidos que te hacen adivinar su posición; pero los pilares no se ven hasta que estás prácticamente encima.

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Desde las casas de los mineros toca buscar la entrada a la mina. Lo declaro misión imposible para alguien que no vaya acompañado de otro que ya conozca el lugar.

No nos atrevimos a adentrarnos más que unos metros en la galería de la boca principal. Si alguien lo va a hacer le recomendamos el equipo de iluminación adecuado, la compañía, la experiencia y los conocimientos necesarios del medio.

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Mira que está la mina de los cojones en lugar intrincado; pues bueno, aún tuvimos la desagradable sorpresa de ver como unos GUARROS habían dejado a las puertas de la boca unas latas de refresco vacías. Que ya tiene guasa llegar desde tan lejos, y con tanta dificultad, a un sitio en el que dejar basura y no traértela a tu casa.
Las algarrobas de la zona tienen más sensibilidad que estos impresentables.

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12/7/18

no el que empieza, sino el que persevera

Veintinueve años después, el Américo Vespucio volvió a entrar por la bocana del puerto de Almería.

En aquella ocasión no pudimos cumplimentarlo; esta vez no podíamos dejar pasar la ocasión.


Barcelona, Valencia, Santander, Cádiz, Las Palmas, casi todos los puertos españoles han sido visitados en alguna ocasión por el barco más bello del mundo. Esta vez, el Amérigo Vespucci, buque escuela de la marina militar italiana, nos rindió visita entre el 7 y el 10 de julio, en los que estuvo atracado al muelle de levante.


El barco, para los amantes de la estadística, fue botado en el año 1931, mide 101 metros de eslora, 16 de manga, posee tres mástiles y 26 velas tradicionales, su casco es de acero y la cubierta de teca.

Independientemente de la superficie vélica, está dotado de dos motores dieses y otro eléctrico.
En él viajan 16 oficiales, 70 suboficiales y doscientos marineros y alumnos de primer curso, entre los que se encuentran 26 mujeres.

Desde el 1º de noviembre de 2017, está al mando dil capitano di vascello Roberto Rechia, que conocimientos náuticos aparte, tiene una cara de mala hostia que te cagas. 

“Es un velero que mantiene vivas las antiguas tradiciones. Las 26 velas están todavía en tela Olona, las tapas todavía están hechas de material vegetal, y todas las maniobras se ejecutan rigurosamente a mano; cada orden a bordo es dada por el comandante, a través del Bosun, con el silbato; el embarque y desembarque de un funcionario se lleva a cabo con los honores a la pasarela.”

El Amérigo, además de una embajada italiana en el mar, pretende ser un testigo de la cultura e ingeniería de los italianos.
Su nombre se eligió en homenaje al comerciante y explorador del mismo nombre, nacido en Florencia y muerto en Sevilla, pues trabajaba para la Casa de Contratación en aquella aventura que supuso el descubrimiento del nuevo mundo; un nuevo mundo que tomó su nombre de nuestro personaje.

A pesar de nuestra investigación sobre el tema, aún no tenemos muy claro si el mascarón de proa del Amérigo -un señor con la mano en el pecho-, representa al propio explorador; porque otras fuentes señalan que se trata de un homenaje al histórico navegante Francesco Rotundi, Teniente Coronel del Genio Navale. Estaremos muy interesados en oír a quien tenga información definitiva sobre el asunto.


No el que empieza, sino el que persevera; es el lema de nuestro barco.

Suena el silbato del contramaestre, sólo queda desplegar las velas al viento como se despliegan las alas de una mariposa y soñar… siempre soñar…

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-Glamour italiano.

Amerigo-3
-Cae la tarde, es la hora del adiós.

Puedes ver más fotos del barco si visitas mi página de Flickr >



... y música para ambientar   


10/7/18

la Maestranza

Siempre que duermo a la sombra del Peñón de la Ignominia suelo cafetear –animal de costumbres- entre las paredes de La Maestranza. La Maestranza, como su propio nombre indica, es una cafetería con hondas reminiscencias taurinas. Sus paredes la llenan decenas de fotografías tomadas en la plaza de Ronda, la de los toreros machos, y los huecos que quedan con reproducciones de pinturas de Julio Romero de Torres.

Viene al caso decir ahora que siempre me pareció que las modelos del cordobés solían ser más feas que Picio, y con más vello que la Pantoja. Pero esta es una apreciación personal, recogida a vuela pluma, que no debería distraernos del tema principal… el sacro-santo lugar de La Maestranza.

Lugar donde el desayuno se eleva a la categoría de arte. Churros, manteca colorá con zurrapa, manteca blanca, chicharrones, tostadas con aceite andaluz, pastelería varia y exquisita; manjares todos muy indicados para el paladar y el espíritu animoso y nada convenientes para colesterosos melindres.

Pasado el mediodía, los cafeses y mantecas varias dejan su sitio a la cerveza helada, el vino manzanilla bien fresquito y un surtido de exquisitas tapas que van saliendo de los fogones que Carmen maneja con absoluta maestría… que aquí todo es arte y hondura.

Otra de las bondades de tan señalado lugar es que abre de amanecida. Tan de amanecida que allí encuentran cobijo tanto los desheredados que acuden a su trabajo como los que, con la resaca de la fiesta encima, aún no encuentran el momento oportuno de recogerse.

Esta última es una fauna pintoresca y digna de estudio en pieza separada… sobre manera en el género femenino. Que tiene tela… marinera.

Esta mañana, mientras disfrutaba de la retransmisión del tercer encierro de los sanfermines, ocuparon la mesa de al lado tres individuas que, por su aspecto, deberían venir del encierro… de ayer. Que me gusta la gente sin complejos.

Pero ese es otro tema que, como dije, trataremos en otra ocasión.

la Maestranza*