La Vidriera del Mairena


-Dios tolera lo intolerable; es irresponsable e inconsecuente.
No es un caballero.
(Don Jaime de Astarloa. El maestro de esgrima.)

-Escribir es meterse en charcos.
(Juan de Mairena.- Maestro Vidriero).


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14/10/20

Hernán Pérez del Pulgar


Estos días han sido muy propicios para volver a releer la historia de España. La historia de España genuina, la escrita por gente seria y sin intereses, no aquella manipulada por las izquierdas modernistas para moldearla a su conveniencia. Podría citarle aquí alguno de esos historiadores que considero imparciales, fuentes sin contaminar, pero luego he considerado que tampoco merece la pena. No hay peor ciego que el que no quiero ver.

El caso es que varias veces saltó entre las líneas el nombre de Hernán Pérez del Pulgar, a quien ya tenía muy olvidado. Lo último que recuerdo de él es que visité su casa natal en Ciudad Real, pero había olvidado casi todo lo demás. Así que para mí y para ustedes, he vuelto a resumir su biografía en modo Tarugo, que es la mejor forma de recordarlo. 

Así pues he vuelto a saber que fue un castellano de Ciudad Real nacido en el año 1451 en una casa que todavía se conserva y que en la actualidad acoge el museo López-Villaseñor. Pronto destacó el bueno de Hernán en el manejo de las armas –no había mucho dónde triunfar en aquellos años, sin fútbol ni tele- recibiendo el espaldarazo definitivo en la toma de Granada, lo que le valió el favor de Isabel la Católica.

Fue su lema, inscrito en su escudo, Quebrar y no Doblar, que puede dar idea de cómo se las gastaba el castellano. Algo así como el “no haremos prisioneros”.

17real-29* -----casa natal

De sus innumerables hazañas me quedo con la ocurrida en Salobreña en el año 1490. Cercado por las tropas de Boabdil y agotados los pozos de agua de la ciudad, el moro exigió su rendición. No sólo se negó a ello sino que en el colmo de la chulería arrojó desde las murallas el último cántaro de agua que les quedaba. Poco después rompió el asedio y con sólo quince hombres y su escudero se internó en la ciudad de Granada consiguiendo llegar a la mezquita principal. No pudo incendiarla como era su intención, pero dejó clavado en la puerta un pergamino escrito de su puño y letra que ninguneaba a los moros y les advertía que volvería a rescatar a la Virgen María, a quien dejaba entre los infieles.

Esta hazaña le valió otro castillo más en su escudo y el derecho a ser enterrado en la futura catedral de Granada, que sería construida sobre la antigua mezquita.

Tuvo una vida longeva –murió a los ochenta años- y hasta muy avanzada edad siguió prestando servicios de armas a la Corona de Castilla. Para entretenerse, en los ratos libres, hizo de historiador y escribió sobre las campañas de Gonzalo Fernando de Córdoba @ el Gran Capitán.

En la actualidad es Hijo Ilustre de Ciudad Real, un instituto de la capital lleva su nombre y una hermosa rotonda acoge una gigantesca escultura del “de las hazañas”.

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